» etiqueta:

teoría de la conspiración

en 16 entrada(s)

 

» leído en la biblioteca, leído en la web · 2 abril, 2016

Rebotando paranoicos dentro de la caótica megamáquina de pinball (Illuminati)


Leemos en boingboing.net acerca de un estudio que ha encontrado una «correlación entre la creencia en supersticiones y conspiraciones y el sentimiento de impotencia referente a la propia vida y la habilidad para reconducirla»:

una falta de control no sólo afecta a nuestras percepciones, sino a nuestras acciones. (…) La necesidad de sentirse en control es tan poderosa que las personas recurrirán a soluciones psicológicas que devuelvan al mundo a un estado predecible ─extrayendo patrones del ruido y causalidad del azar.

Este análisis sigue la línea comentada en anteriores entradas ─véase por ejemplo ésta o esta otra─, aunque por aquí no somos ajenos al uso muchas veces arbitrario de la expresión “teoría de la conspiración” o de la interpretación excesivamente lineal que se hace del concepto. El artículo apunta a este mecanismo ─disparado por «el colapso de la industria y el trabajo bien remunerado»─ como el responsable del auge de las subculturas paranoicas, como también comentábamos por aquí.

Pero añadamosle a la situación el entorno electrónico-audiovisual de los medios de comunicación de masas y de la internet: el viraje de la cultura basada en alfabeto a una de tipo más sensorial conlleva también el retorno de la dimensión mítica del pensamiento. Dentro de esta caótica mega-máquina de pinball, la fusión conspiranoica-pop se presenta, pues, como un nuevo mito iniciático, consecuencia inevitable que nosotros denominamos socarronamente el magufoapocalipsis, y que puede entenderse también desde el término ─acuñado por Timothy Morton─ “hiperobjeto”: «una entidad de dimensiones espaciotemporales tan vastas que derrotan, ya de entrada, las ideas tradicionales acerca de lo que es o no es una “cosa”».

Como dice Christoph Spehr: «la paranoia no es la peor opción cuando uno no es capaz de distinguir a primera vista al amigo del enemigo». O como se preguntaba a sí mismo uno de los protagonistas del film “Primer”: «¿qué es peor, pensar que eres un paranoico o pensar que deberías serlo?». Quizás, en palabras de Justin Boland «la paranoia [sea] una vía de comprensión; el hecho de que la mayoría de gente no pueda manejarla no la hace menos verdadera —es, simplemente, más peligrosa». Quizás también sea por esta faceta autopoyética, amiga de la autonomía, por lo que merezca la pena mantenerse paranoicos, pues E.L.L.O.S. ─como nos recuerda George P. Hansen en The trickster and the paranormal─ saben que la paranoia los debilita:

Las personas que tienen trabajos seguros en corporaciones o posiciones permanentes en la academia tienden a desestimar las teorías de la conspiración como excusas de grupos marginales e incapaces debidas a sus desafortunadas penurias. Los noticieros de la élite hablan frecuentemente en tono desdeñoso de las creencias conspirativas, y la medicina y la psicología del sistema juegan también su parte denigrando esos miedos como infantiles, narcisistas o delirantes. La paranoia y las teorías de la conspiración debilitan la confianza y desestabilizan las relaciones sociales; por lo tanto las autoridades tienen una buena razón para marginalizar a aquellos que profesen este tipo de ideas. El sistema también es vulnerable a la paranoia, especialmente cuando sus seguridad se ve amenazada. Puede volverse temeroso de aquellos que no forman claramente parte de él, especialmente de aquellos que viven en los márgenes y cuyo estatus es ambiguo. Durante la caza de brujas europea, muchas mujeres sabias y pobres fueron fueron ejecutadas porque se temía que pudieran usar la magia para causar daño. Sin embargo, estas mujeres estaban en un peligro mucho mayor en las manos de las autoridades —un claro ejemplo de proyección por parte de la gente que conforma el sistema. A pesar de la abrumadora superioridad física del sistema, éste seguía temiendo la magia.

 

 

» leído en la biblioteca, leído en la web · 22 marzo, 2016

Pharmakos Illuminati: teoría de la conspiración y primitivismo

Hablábamos hace algún tiempo de la visceralidad de la que surgen de las teorías de la conspiración y de su relación con el sustrato primitivo de la mente. «El estudio del fenómeno de la conspiración como una rama de la psicología de los primates es de gran interés en sí misma, como bien sabía Maquiavelo» nos recuerda Robert Anton Wilson en su introducción a The Illuminati Conspiracy: the Sapiens System. Seguimos en esta línea con Mathias Broeckers, quien establece en esta conferencia otro paralelismo entre estos dos atractores extraños ─primitivismo y teoría de la conspiración, entendiendo esta última en su versión más ingenua y paranoica:

Una de las razones por las que es fácil tragarse la propaganda o las teorías de la conspiración que culpan a un chivo expiatorio de todos los males es que ésto es algo que mantiene las cosas simples. Reduce la complejidad; reduce circunstancias delicadas a una causa simple y permite la acción en lugar de la perplejidad ─así que el público, las masas, y especialmente en situaciones muy confusas y aterradoras, se encuentran más que receptivos a una solución simple y a un chivo expiatorio apropiado. Sabemos por las investigaciones sobre primates disponibles que el mecanismo del chivo expiatorio está presente en los simios: en caso de situaciones confusas como rayos y truenos en el cielo, tienden a correr a la colina más cercana, agarrar un palo y amenazar al malvado que se encuentra en los cielos.

Antonio Escohotado hace referencia en numerosos artículos a este mecanismo. Por ejemplo, desde aquí:

Lo que cabe llamar “terapia del chivo expiatorio” puede muy bien ser la primera cura ritual inventada, cuyos vestigios perviven todavía con fuerza en el hombre moderno, sobre todo allí donde le arropa una masa (como sucede, por ejemplo, en los linchamientos).

O también desde esta entrevista:

La medicina más antigua y universal es el esquema proyectivo, que cristaliza en la institución del chivo expiatorio. Igual que el maniqueísmo, que coagula el movimiento reduciéndolo a dos posiciones, es huella de nuestra barbarie primordial. La tarea del pensamiento no delirante —el de vocación científica o ecuánime— es superar ambas cosas. Lo real es, sin duda, analógico o evolutivo, no dualista; y tampoco premia con éxito el “pague por mí este otro” del chivo expiatorio, pero es formidablemente difícil pensar y actuar sin esas muletas.

Formidablemente difícil, desde luego. O en palabras de Broeckers: «no nos comportemos más como primates, cuestionemos la autoridad y pensemos por nosotros mismos». Más fácil de decir que hacer, desde luego ─y recordaremos aquí que el trabajo psicocorporal puede ser la clave de este distanciamiento, como argumentábamos anteriormente.

Volvemos al texto de RAW con el que abríamos la entrada para rescatar este fragmento que ahonda un poco más en el asunto:

La psicología humana sigue siendo psicología de la jungla. Como el historiador Carl Oglesby escribió en The Yankee and Cowboy War: «una multitud de conspiraciones compiten en la noche. (…) Las conspiraciones son la continuación normal de las políticas normales llevadas a cabo por los medios normales (…) y cuando no hay límite de poder, no hay límite para las conspiraciones».

Tan pronto encontremos evidencia de seres humanos en este planeta, encontraremos también evidencia de sociedades secretas. Las pinturas paleolíticas muestran que se reunían típicamente en las cuevas más oscuras, más profundas, y que planeaban jugarretas y brujería contra las especies con las que estaban en conflicto.

En toda tribu conocida por la antropología aún encontramos sociedades secretas. La mayoría tienen sociedades secretas compuestas exclusivamente por machos, pero también hay varias compuestas de hembras. La mayoría de lectores probablemente recordará como ellos mismos tuvieron sus propias sociedades secretas de niños, con sus palabras secretas y sus saludos cuasi-masónicos intencionadamente ocultos ante los adultos.

Desde esta perspectiva evolucionista, todo paranoico está parcialmente en lo cierto. El mayor error del paranoico parece ser esta creencia característica en la Mega-Conspiración-tamaño-Jumbo que lo explica todo. Esto es imposible, pues viola las leyes básicas de la psicología de los primates. Tanto los primates domesticados como los salvajes son traviesos y tienen un agudo sentido del humor: la traición es su invención más característica. (…) las teorías de la conspiración no son tan inteligentes o longevas como los idealistas y los paranoicos imaginan: son, simplemente, mucho más sucias.

 

 

» leído en la web · 21 marzo, 2016

¿Por qué lo llaman “gestión de la percepción” cuando quieren decir propaganda?

Revisando algunas conferencias que Mathias Broeckers tiene colgadas en su sitio web, resaltaremos algo que resultará obvio al magufoapocalíptico medio, pero que conviene quizás repetir como técnica de contrapropaganda. Se refiere a los mecanismos sutiles de lo que se ha venido a llamar “gestión de la percepción“:

[Podríamos llamar a] este fenómeno típico de operaciones de lavado de cerebro “información elusiva” ─información que aparece brevemente, que da cuenta de algunos fragmentos de la realidad y que desaparece del foco de los medios para siempre. No se suprime ninguna noticia o reporte: no existe una censura a la antigua, con controladores de la Gestapo situados en los despachos de las editoriales suprimiendo noticias no deseadas: en realidad se informa de todo. En este sentido, seguimos teniendo “prensa libre”. Pero la simple apariencia de reportaje informativo no significa que la imagen que pintan los medios se convierta en “noticias”, porque convertirse en “noticias” ─esto es, volverse parte de la imagen que pintan los medios─ implica que sean repetidas una y otra vez. Es sólo la repetición sin fin de un reportaje o información lo que la convierte en “noticia”, y es sobre todo esta repetición lo que la hace llegar a la atención pública. Pero lo que llega finalmente a la atención pública por repetición constante ─en oposición a la simple aparición singular en un reportaje informativo─ es controlado estrictamente, y lo que es más importante: cuanto mayor sea el alcance del medio, el control se hará más estricto. (…)

¿Por qué son los puntos de vista alternativos inmediatamente etiquetados como “teorías de la conspiración“? ¿Es por la falta de evidencia? Ciertamente no, [porque muchas veces] hay evidencia lo suficientemente convincente como para al menos iniciar investigaciones ulteriores de carácter más profundo. Pero no se les quita valor a estos puntos de vista usando la lógica o la razón, sino (…) desterrándolas de un modo medieval, calificándolas como “grotescas”. (…) Este mecanismo de declaración de ciertos puntos de vista como un tabú en la opinión pública por parte de una nueva inquisición yace en el corazón de la manipulación de los medios ─así funciona el sistema, como ya lo hizo en la Edad Media. La diferencia es que ─gracias a los medios de comunicación de masas─ la Nueva Inquisición posee herramientas más poderosas para difundir el dogma y para marcarlo a fuego en los cerebros del público. Como dijo uno de los pioneros de la emisión de propaganda ─el experto en lavado de cerebro y secretario de propaganda de Hitler, Joseph Goebbels: «una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad»

Por supuesto: esto no es nada nuevo. Citemos como corolario al profesor William E. Daugherty desde A Psychological Warfare Casebook, publicado en 1950 bajo contrato con la armada estadounidense:

Si provees a un hombre de información correcta durante siete años, creerá en la información errónea el mismo primer día del octavo, cuando, desde tu punto de vista, sea necesario que lo haga. La primera tarea es cimentar la credibilidad y la autenticidad de tu propaganda y persuadir al enemigo para que confíe en tí aunque seas su enemigo.

Lo cual nos estaría llevando, claro está, a la situación descrita por Jesús García Blanca en El rapto de Higea (PDF):

(…) en los regímenes tecnodemocráticos se ha conseguido dar el paso de la interiorización del dominio: todo el mundo hace lo que debe creyendo que hace lo que quiere. En palabras de Jesús Ibáñez: «para que el orden social funcione tiene que ser inconsciente. Si la gente supiera para qué y para quién hace lo que hace, no lo haría».

 

 

» leído en la biblioteca, leído en la web · 23 febrero, 2016

¡Nos están MK-Ultrizando!: demistificando el simbolismo oculto del pop

La interpretación del simbolismo esotérico del que hacen gala muchas piezas de la cultura popular como un arma de control mental o una orquestación de mensajes ocultos es un lugar común en el Complejo del Conspientretenimiento. Peter Levenda ofrece en The Secret Temple una lectura más prosaica del orígen de este simbolismo:

[En el pasado] los artistas de la memoria se dieron cuenta de que era más fácil retener una imagen que una cadena de palabras; así que usaban [imágenes] como dispositivos mentales mnemotécnicos. (…) El uso de imagenes en vez de palabras es algo que también encontramos en sociedades secretas y órdenas ocultas. El propósito de su uso es dual: a la vez que útiles como dispositivos mnemotécnicos, el [simbolismo oculto] es oscuro e impenetrable para los foráneos. Servían como una especie de código que podía ser interpretado sólo por los iniciados a los que se les hubiesen impartido los secretos en el momento de la iniciación (…), sirviendo como medio de instrucción para los [que fuesen] iletrados.

La prevalencia del fenómeno, dentro del marco actual de fusión paranoica pop, la expone en términos sociopsicológicos Christopher Knowles en esta reciente entrada de su blog:

El degradado simbolismo oculto que hemos presenciado en la música pop durante las pasadas décadas parece no sólo provocación intencionada, sino también una especie de contrapunto al dominio de lo hiperracional en todos los ámbitos No estaríamos viendo tanto del mismo si no estuviesem, del algún modo, resonando con la cultura: hace que los productos se movilicen y obtiene preciados clicks, y esto incluye los de todas las personas que dicen aborrecerlo pero que no pueden dejar de contemplarlo.

Se reduce a esto: cuanto más intentemos empujar lo irracional o lo sobrenatural a los márgenes, cuanto más intentemos negar su lugar en la cultura, mayor influencia tendrá sobre la misma; (…) porque lo irracional se expresa mejor a través del arte, el cual mueve al alma humana más de lo que la ciencia o las matemáticas podrían atreverse a soñar.

 

 

» leído en la biblioteca, leído en la web · 3 noviembre, 2015

La teoría de la conspiración como viaje iniciático

Siguiendo nuestra exploración de la multifacética subcultura de la teoría de la conspiración, nos acercaremos esta vez a la misma desde la óptica del viaje iniciático. Como señala John Michael Greer en esta entrada de blog “The Archdruid Report”:

Las teorías de la conspiración comienzan con el reconocimiento de que las conexiones no siempre son visibles, de que lo que parece aleatorio y desconectado está, muchas veces a un nivel más profundo, atado por un nudo de propósito y significado. Esta comprensión es una herramienta crucial para encontrarle un sentido al aprieto global del mundo contemporáneo, por no hablar de un necesario primer paso hacia una consciencia ecológica, siendo dicha consciencia nuestra mayor esperanza para movernos hacia un mundo más sostenible. También se trata de un elemento espiritual fundamental: místicos y poetas han estado señalando durante miles de años que todo está conectado a todo lo demás —«no puedes deshojar una flor sin molestar a una estrella».

Para George P. Hansen, y citando desde su The Trickster and the Paranormal:

Existen similaridades entre las creencias religiosas y las conspiracionales (…) Sir Karl Popper comentó que las teorías conspirativas «vienen de abandonar a Dios y preguntarse: “¿Quién está en su lugar?”» (…) Tanto las teorías de la conspiración como las religiosas ponen [a las manifestaciones sobrenaturales] dentro de marcos, imponiéndoles por tanto cierta estructura y límites. (…) Alguien ajeno puede ver dichas creencias como paranoides o como chaladuras religiosas, pero es razonable adoptar dichas perspectivas cuando se confrontan fuertes manifestaciones de un poder inteligente y autónomo. (…) La paranoia y las teorías de la conspiración subvierten estructuras establecidas, y prosperan allí donde hay incertidumbre sobre la viabilidad del sistema establecido. (…) La paranoia y la teorización conspirativa no pueden ser reducidas simplemente a explicaciones psicológicas: las implicaciones van fundamentalmente más allá de éstas.

Existe, sin embargo, el extendido hábito de tomar literalmente estas narrativas. Para Dan Mitchell, autor del blog “Luminosity” ─y desde una entrada de una encarnación anterior del mismo:

En muchos casos los mitos conspirativos son la única mística que alguna gente puede llegar a comprender. Recuérdese que mística es simplemente la pregunta sin contestación, la que todos nos esforzamos por encontrar y sobre la que tan solo nos son dadas pistas graduales. Pienso que lo propio sería decir que la mística con un fin puramente material es degenerativa (conspiraciones, etcétera) mientras que la mística dirigida a una iniciación en el “arcanum” es el vehículo de toda regeneración y crecimiento válido. Cuando lo sagrado se destruye o se seculariza, como sucede hoy en día con la religión y la espiritualidad modernas, el crecimiento no es posible y la realidad no tiene otra opción sino la del colapso sobre sí misma. Solo la locura puede persistir.

Volvemos a John Michael Greer ─desde su otro blog, “Well of Galabes”, que dedica a temáticas esotéricas─ para atender a esta reflexión acerca de narrativas míticas e iniciación en el seno de las sociedades secretas:

[Muchas sociedades secretas trazan] la historia de sus orígenes a linajes que se remontan a casi cualquier fuente romántica que puedas nombrar: los templos del misterio de los egipcios, monasterios del Himalaya convenientemente indetectables,los sabios de la Atlántida perdida, los místicos rosacruces del siglo XVII, los Caballeros Templarios, los Pitagóricos, los Esenios. Aunque los novicios toman en ocasiones literalmente tales afirmaciones, y los encargados de la administración de estas órdenes y tradiciones defienden rotunda y categóricamente estos orígenes, los ocultistas serios saben que dichas afirmaciones se usan para revitalizar la imaginación y sacar a la mente de sus cauces habituales; (…) son herramientas para trabajar con la autoimagen, no declaraciones acerca de hechos históricos.

Desde este punto de vista, la teoría de la conspiración aparece como un artefacto de dimensiones mitológicas que en el peor de los casos, y tomado literalmente, no será más que otro sistema de creencias susceptible de ser usado para desinformar y manipular la información. En el mejor de los casos, puede convertirse en una “escuela de percepción” en el seno de una cultura en un estado de mutación acelerada.

Como veíamos anteriormente, lo previsible es que la teoría de la conspiración vaya teniendo cada vez un mayor impacto sobre la cultura de los años venideros. Inmersos irremediablemente en este nuevo ambiente simbólico, extraemos desde esta intervención en el foro de “Rigurous Intuition” una última reflexión de la mano de Jason Horsley ante la necesidad de desarrollar un sentido del escepticismo flexible mientras seguimos navegando las turbulencias de dicha subcultura:

El verdadero escepticismo consiste en aprender a discernir la verdad del engaño, empezando por nuestros héroes o maestros y terminando por nosotros mismos. El “creyente” se traga toda la historia al completo (los marcianos, los hechiceros, la democracia, lo que sea), y al embriagarse con ella empieza a sentirse mal, y es entonces cuando aparece el “escéptico” para rescatarlo. Y se pone a vomitarlo todo, y jura no volver al tema nunca más (aunque a menudo encuentra otro vicio). Esto no es tanto escepticismo como cinismo: una sobrecompensación por haberse sentido tan imbécil, dado que niega una parte suya que había respondido a la verdad, y se centra tan solo en la parte que ha convertido una pequeña verdad en un gran autoengaño. No son las mentiras las que nos engañan, sino las verdades aceptadas demasiado literalmente o demasiado rápidamente: las verdades por las que apostamos y sobre las que construimos castillos en el aire.

 

 

» leído en la web · 12 octubre, 2015

Conspientretenimiento y la segunda Matrix: el memeplex del ghetto conspiranoico

Extraemos de una reciente entrada del blog de Jason Horsley algunos subrayados en torno a las subculturas alternativas asociadas con la teoría de la conspiración ─más conocidas en la infoesfera hispana con el término “conspiranoia”. En primer lugar, tenemos la frecuente deriva hacia el ghetto que no será ajena a cualquiera que haya formado parte de ésta u otra subcultura:

Las “percepciones alternativas” no son alternativas si acaban siendo confinadas en la “comunidad de las percepciones alternativas”. Al contrario: son englobadas en una narrativa dominante ─aunque marginal─ y se vuelven cada vez más irrelevantes.

Más adelante habla de la posibilidad de que esta subcultura esté siendo de hecho diseñada ─o al menos dirigida o encauzada─ de forma consciente con fines desinformativos:

Siento bastantes recelos ante términos como el de “Illuminati”, los cuales han sido minuciosamente separados de cualquier significado histórico y encadenados a una industria del Conspientretenimiento dirigida a una audiencia sectaria de verdaderos creyentes paranoicos ─habiendo sido a la vez concebida y diseñada para crear dicha audiencia. Su misma existencia hace que el trabajo de los [debunkers] sea muchísimo más fácil.

[Una actitud mucho más rigurosa y neutra consistiría en contemplar con el mismo escepticismo tanto a los transmisores de esta jerga-conspiranoica-manoseada como a los encubridores que mantienen en marcha el Consenso. Llamé a esta industria del conspientretenimiento “la segunda Matrix” por razones de conveniencia, pero no es algo tan simple como una ideología; es más bien una energía que una vez que se agarra a lo que hacemos lo distorsiona todo y lo transforma en algo, bueno, Ickeano.]

Este factor hipersticioso está, claro, estrechamente relacionado con el lenguaje:

El contexto lo es todo, y una sola palabra puede arrastrar con ella un contexto lo suficientemente fuerte que contrarreste e incluso deshaga otro contexto que hayamos trabajado duramente para trae a la luz. (…) Palabras como “Illuminati” o “satánico” o incluso “pedófilo” tienden a crear este efecto: son palabras que están de moda que transportan y activan en las personas que ese exponen a ellas un complejo memético ─un memeplex─ de asociaciones y asunciones concretas,  y que por lo tanto desactivan posibles pesquisas ulteriores de carácter más profundo.

Para terminar, Horsley señala también la posibilidad de una deriva inconsciente propia de los integrantes de dichas subculturas, y de cómo ésta podría de hecho ser un mero reflejo de la de sus oponentes ─una de sus ideas que ya habíamos traído a colación con anterioridad:

También siento bastantes recelos a la hora de confundir investigación y exploración con activismo social y el deseo de traer cambio. Estoy bastante convencido de que esto último sólo puede ser efectivo como un efecto secundario de lo primero, y nunca como algo conscientemente dirigido o deseado. Nuestras razones conscientes para desear cambio son, creo, no meramente secundarias sino prácticamente irrelevantes cuando se comparan con las razones inconscientes ─razón por la cual las reformas sociales sólo funcionan a un nivel superficial. Después de todo, los mismos perpetradores identificados por estas investigaciones profundas, ¡son reformistas sociales! ¿Qué es la ingeniería social sino un tipo de activismo a gran escala? Iluminismo o Satanismo son, desde este punto de vista, máscaras, marionetas y memes armamentísticos como lo puedan ser Socialismo y Conservadurismo, Cristianismo o Democracia.

 

 

» leído en la biblioteca · 8 octubre, 2015

Golpes de estado y teoría de la conspiración

Aún no hemos acabado de leer The Illuminati Conspiracy: the Sapiens System de Donald Holmes. Sin embargo, la sola lectura de la extensa introducción de Robert Anton Wilson está haciendo que merezca la pena. Extraemos dos pares de párrafos que sumar al sostenido esfuerzo de este blog hacia la legitimación de la expresión “teoría de la conspiración”:

En la presente década, llevar a cabo una campaña para la presidencia de los EEUU supone un coste de 50.000.000$; 10.000.000$ para el senado y 5.000.000$ para la Cámara de los Representantes. (…) Esto no significa sólamente que los EEUU son propiedad (en concepto de deuda trillonaria) de los bancos, sino que además están gobernados por 1) millonarios o 2) personas fuertemente endeudadas con millonarios. En palabras del ex-senador Pettigrew, ahora tenemos un «gobierno de corporaciones, por las corporaciones y para las corporaciones».

Como documenta Edward Luttwak en su maquiavélico y jovial breve texto Coup d’État: A Practical Handbook, la mayor parte de gobiernos que han experimentado cambios desde la Segunda Guerra Mundial lo han hecho mayormente debido a golpes de estado; más gobiernos habrían cambiado debido a golpes de estado más que a otros métodos como revoluciones o elecciones democráticas.

Dado que cada golpe es por definición una conspiración, se sigue que las conspiraciones han tenido un mayor efecto en los pasados 40 años de historia mundial que la suma de todas las políticas electorales y todas las revoluciones populares. Esto resulta ciertamente ominoso en un periodo en el que la opinión “educada” considera el pensar siquiera en conspiraciones como algo infame, excéntrico, chiflado o directamente paranoico. Se nos prohibe, de hecho, el mero acto de pensar cómo es gobernado el planeta.

Si los gobiernos no pueden actuar sin el permiso de los bancos ─sin préstamos o “líneas de crédito” concedidas por los bancos─ y si el gobierno de los EEUU es “propiedad” de la élite banquera y corporativa multibillonaria , y si los otros gobiernos son cambiados más a menudo por golpes de estado que por golpes conspirativos, la mayor porción de la humanidad está controlada económica y políticamente por personas que son desconocidas en su mayoría por el público en general, nunca electas para ningún cargo. La teoría democrática es bella e inspiradora, pero no tiene nada que ver con la situación real del primate domesticado medio de este planeta en donde Cristo perdió la chancla.

La introducción data de 1987,  y se nos aparece como un argumento deductivo de bastante validez.

 

 

» leído en la web · 18 marzo, 2015

Orígen del término “teoría de la conspiración” (2)

Este blog se abría con una entrada acerca del orígen del término “teoría de la conspiración”, situándolo en la década de los 60. Leyendo la apreciación de Jeese Walker de una reciente conferencia multidisciplinar acerca de las teorías de la conspiración, parece ser que la cosa viene de bastante antes ─y que el uso de dicho término resulta bastante arbitrario:

Rolf Fredheim and Andrew McKenzie-McHarg, ambos radicados en Cambridge, hablaron de un estudio que emprendieron acerca de cómo la palabra “conspiración” ha sido usada en los debates parlamentarios durante los dos últimos siglos, centrándose específicamente en los episodios en los que las personas son denominadas como “teóricos de la conspiración” con el objetivo de ridiculizar sus puntos de vista. Esta práctica parece ser mucho más antigua de lo que se piensa, aunque de hecho hubo un período en los años 50 en los que se volvió común hablar seriamente de “las conspiraciones comunistas” o “las conspiraciones de los tories” sin miedo al ridículo.

 

 

» leído en la web · 15 marzo, 2015

La conspiración del lenguaje (2)

El blog La Manzana Dorada nos ofrece la traducción del prólogo de Everything is under control de Robert Anton Wilson, del que extraemos un pasaje a colación de la conspiración del lenguaje a la que nos referíamos hace algunos meses:

Los grupos temidos por los ardientes conspirólogos no pueden existir en la realidad, claro, ya que todos los grupos están formados por individuos, y cada uno de ellos difiere en algunos aspectos de todos los demás. (No hay dos cerebros totalmente iguales, como no hay dos huellas dactilares idénticas). Sin embargo, la mayoría de las teorías conspirativas tienden a moverse hacia la hipótesis de que los grupos demonizados son intercambiables entre sí, y esto parece el resultado tanto del estilo “paranoico” (o “el Señor Fiscal de Distrito”) de la mente del cazador de conspiraciones y de la estructura de nuestro lenguaje, que hace que sea fácil hablar de los judíos, los católicos, los profesionales del derecho, la profesión médica, los banqueros, los masones, los políticos, los machos de nuestra especie, etc., como un mal fungible y uniforme.

Como señaló Nietzsche, cuando la humanidad se cansó de decir “esta hoja”, “aquella hoja” y “esa otra hoja”, etc., inventamos la categoría gramatical/mística “la hoja”, en la cual participan todas las hojas individuales específicas. Sin embargo, “la hoja” no existe fuera de la gramática y la filosofía platónica ─y por ende nuestro lenguaje tiende a promover el neoplatonismo al poblar el mundo con abstracciones gramaticales. Cualquier teoría conspirativa que se mueve hacia la conmutabilidad evoluciona también hacia el idealismo platónico. Esta “hipnosis lingüística” parece tan generalizada que el conde Alfred Korzybski inventó la ciencia de la semántica general como un intento de cura para esto.

En otras palabras, ya que podemos decir “los judíos” o “el Nuevo Orden Mundial” o “el patriarcado”, podemos creer, o casi creer, que estas abstracciones gramaticales tienen el mismo tipo de realidad que las pelotas de baloncesto, los perros ladrando, y los frijoles horneados. El individuo, con su pelo, uñas, ideales, ilusiones y aromas distintivos, desaparece ─por así decirlo─ y el mundo se convierte en un lugar embrujado por los sustantivos colectivos.

Bily Lopez profundiza un poco más en este ensayo acerca de la dicotomía del universalismo de la filosofía de Platón y el relativismo de la de Nietzsche, destacando a la vez el papel determinante de la ficción a la hora de construir la realidad:

¿Qué es una palabra? «La reproducción en sonidos de un impulso nervioso»—responde Nietzsche. El lenguaje no reproduce la realidad, sino que nos la traduce, nos la transporta metafóricamente. La verdad y la mentira se nos presentan así como una serie de convenciones que no dicen nada del mundo, sino de nuestra manera de verlo y de nuestra manera de relacionarnos. El mentiroso es aquel que dice lo contrario de lo que comúnmente se acepta. La verdad es una imposición. La verdad es «una hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas y adornadas poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes; las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son».

Concebir a la verdad como ilusión y a los hechos como interpretaciones nos transporta de inmediato al reino de la ficción —ese ámbito desacreditado ya por Platón mismo, quien menospreciaba la labor de los artistas y de los poetas por presentarnos solamente copias de las copias de las ideas. Ficción: el ámbito de la fantasía, de la invención, de lo no-real; ámbito menospreciado por la ciencia, menoscabado por los hechos. Sin embargo, para Nietzsche la ficción es, y será, nuestra única realidad. Caer en cuenta de que hemos sido engañados es el primer paso para poder escapar de las garras del discurso racional de Occidente. Afirmar nuestro conocimiento como ficción y asumir nuestras interpretaciones como perspectivas nos permite valorar el mundo desde otro anclaje; nos abre la posibilidad de, en cualquier momento, cambiar nuestro punto de referencia y ver que las cosas son algo distinto de lo que creímos alguna vez; nos abre el mundo a nuevas experiencias; nos hace caer en el siniestro abismo de la tentativa; nos aleja de lo probable y nos acerca a lo posible y a lo imposible también.

 

 

» leído en la biblioteca · 28 enero, 2015

La teoría de la conspiración y el contubernio reptiliano

No, no ese contubernio reptiliano. Nos refererimos más bien al cerebro reptiliano ─modelo simplificado pero funcional de los estratos primitivos del cerebro. A este respecto, y mezclando la teoría de la conspiración con el modelo de los 8 circuitos de consciencia, se pronuncia Robert Anton Wilson en una entrevista incluída en The Illuminati Papers:

[La mayoría de conspiranoicos] piensan que cualquier idea salvaje que se les cruce por la mente debe ser verdad porque les hace sentir más aterrorizados de lo que estaban ayer. La mayoría de conspiranoicos son fanáticos de la adrenalina a los que les encanta cagarse encima de miedo (o asustar a los demás) en días soleados ─la misma huella psicológica que hace que la gente vaya a las películas sádicas de terror.

Pero, ¿puede ocurrir algo similar a la contra?:

─Mientras que puede ser cierto que la mayoría de conspiranoicos sean “fanáticos de la adrenalina”, ¿no es cierto también que almas cándidas mucho más respetables son personas que se autopacifican, asustadas de considerar teorías de la realidad que asustan, independientemente de cualquier evidencia?

─¡Claro! El primer circuito del sistema nervioso, la huella de bio-supervivencia infantil, tiende a producir un programa robótico de confianza-dependencia-optimismo o de sospecha-miedo-retirada, y esto normalmente se queda así de por vida. Ambos extremos de esta huella psicológica son bastante mecánicos.

 

foro twitter Image Map