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surrealismo

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» leído en la biblioteca, leído en la web · 23 marzo, 2015

Entretenimiento e hiperstición

Se lamentaba Rupert Sheldrake en Caos, creatividad y consciencia cósmica de que «cuando a los niños se les enseña literatura en el colegio (…) el profesor no les lee grandes poemas acompañados del redoble de un tambor y de la introducción de la magia y la esfera del mito» y de que por lo tanto nuestra cultura se vuelve incopórea y distanciada del cuerpo y la emoción. En magufoapocalipsis.com pensamos que es la cultura popular de corte audiovisual de los medios de masas y las tecnologías de la información la que está creando una nueva zeitgeist, aunque no sabemos exactamente de qué tipo. Para Terence McKenna esto se enmarca en lo que él llamó “revival arcaico” y no se trataría exactamente de una “nueva era”:

El fenómeno de la Nueva Era [que trivializa el significado de la próxima fase en la evolución humana] es esencialmente psicología humanista de los 80, con el añadido del neo-chamanismo, la canalización, y las terapias de cristales y hierbas. El resurgimiento de lo arcaico es mucho más amplio, un fenómeno bastante más global que asume que recuperaremos formas sociales del neolítico tardío, y que toma del siglo XX a Freud, el surrealismo, el expresionismo abstracto, e incluso un fenómeno como fue el Nazional Socialismo ─como forma negativa. Pero el énfasis en los rituales, la actividad organizada y la consciencia de nuestros ancestros son temas que han sido tratados durante el siglo XX, y el “revival arcaico” es una expresión de todo esto.

En The american replacement of nature, William Irvin Thompson vuelve sobre esta temática, haciendo énfasis en la faceta de control social del fenómeno:

Los ingenieros de la imaginación de hoy en día han llegado a un niveles de entendimiento muy sofisticados en la gestión de las muchedumbres por medio del uso subliminal del sonido. (…) Lo que realmente asusta de esta manipulación del cuerpo político mediante [estas técnicas] es que realmente funciona. (…) Como el filósofo de la evolución de la consciencia Jean Gebser reconoció mientras vagaba en Europa refugiándose del fascismo de la Alemania de Hitler y la España de Franco: el énfasis en lo visual y la perspectiva linear es característica de la Era Mental que surgió en el Renacimiento italiano; pero los niveles más antiguos de la consciencia, el Mítico y el Mágico, eran mundos auditivos en los cuales los sonidos entretejían a las personas en la fábrica de la vida.

La era moderna de del individuo es la era del individuo situado en la cúspide de un campo de vision piramidal creado por la perspectiva. El individuo moderno, el educado patriarca de clase media, es el lector, solo en su estudio con hileras de libros intentando comprender el mundo a través de los textos de la civilización. Es el mundo de la Galaxia de Gutemberg de Marshall McLuhan y de la Estructura Mental de Jean Gebser. [Ambos] reconocieron que la modernidad se estaba agotando y que entrábamos en una nueva estructura de la consciencia. La era del individuo alfabetizado con su mente trabajando en su librería y su representante en el parlamento ha acabado, y el sonido de este tránsito final es el ruido.

El ruido es el solvente de la individualidad del renacimiento; es el sonido que no asegura al individuo el espacio o la soledad para la sabia e informada reflexión. Ya sea para un adolescente en una discoteca, un yuppie en un restaurante ruidoso, o una matrona de mediana edad en el centro comercial, el silencio no es sentido como una estimulante ocasión para la reflexión; es una cosa negativa que asusta: una oscuridad auditiva.

En la misma línea de crítica ante la ingeniería social, encontramos en wikipedia una entrada acerca de un concepto de creciente y rabiosa actualidad ante la posibilidad de un colapso ─debido, entre otras cosas, a los efectos de la automatización en la coyuntura socioeconómica─ denominado como “entetanimiento”:

Los líderes reunidos en [el State Of The World Forum en 1995] llegaron a la conclusión de que es inevitable la llegada de la denominada Sociedad 20:80, aquella en la que el trabajo del 20% de la población mundial será suficiente para sostener la totalidad del aparato económico del planeta. El 80% de la población restante así, resultará superflua, no dispondrá de trabajo ni de oportunidades de ningún tipo e irá alimentando una frustración creciente. Es aquí donde entró en juego el concepto propuesto por Brzezinski. Brzezinski propuso el entetanimiento (“tittytainment”), una mezcla de alimento físico y psicológico que adormecería a las masas y controlaría su frustración y sus previsibles protestas. El mismo Brzezinski explica el origen del término entetanimiento, como una combinación de los vocablos ingleses “tits” (“pechos” en argot estadounidense) y “entertainment” que, en ningún caso, debe entenderse con connotaciones sexuales y sí, por el contrario, como alusivo al efecto adormecedor y letárgico que la lactancia materna produce en el bebé. (…) El modelo del mundo del futuro sigue la fórmula 20 a 80. Se perfila la sociedad de una quinta parte, en la que los excluidos tendrán que ser calmados con entetanimiento.

Nosotros intuímos que, a la vez, tras los efectos especiales de la Sociedad del Espectáculo yace algo más: algo que escapa al análisis racional y que tiene que ver con lo que describía el inquietante autor A.A.Attanasio en esta breve entrevista ─y que podría relacionarse con el concepto de “hiperstición”, refiriéndonos a cierta porosidad entre realidad y ficción. Una porosidad que, como hemos visto y seguiremos viendo más adelante, bien pudiera tener un substrato fisiológico:

El entretenimiento está lleno de alma. Es la acción simbólica llevada a su máximo. Cuando uno se encuentra más entretenido, más ensimismado en una obra de arte, uno ya no se encuentra simplemente con uno mismo. Uno ha entrado en un espacio psíquico compartido con el artista y con el alma colectiva. Desde las primeras historias contadas a la luz de la hoguera, el entretenimiento siempe ha sido la meta, el portal que se abre hacia lo que hay más allá de nosotros.

 

 

» leído en la biblioteca · 10 diciembre, 2014

Nombres bárbaros de evocación

Turn off your mind de Gary Lachman contiene una interesante discusión acerca de las conexiones entre la obra de Crowley y H.P. Lovecraft. La parte final de la misma solapa con algunas líneas de exploración de este blog, referidas a la subversión del lenguaje o a la faceta hipersticiosa de la cultura popular:

Existe sin embargo una conexión Lovecraft-Crowley que resulta muy sugerente, y cuyo significado se extiende más allá del trabajo del escritor y el mago. Un método para atraer a las entidades sobrenaturales emplea el uso de los “nombres bárbaros de evocación”. La potencia de estos nombres bárbaros radica en el hecho de que son ininteligibles para la mente consciente. El “sinsentido” es una potente herramienta para estimular la aparición de estados alterados de consciencia, como han sabido los magos a lo largo de la historia: desde los antiguos magos de Oriente Próximo, a André Bretón y los surrealistas o los maestros Zen que preguntan sobre el sonido de una sola mano. La no-palabra “abracadabra”, la cual asociamos con la predistigitación y con el “hocus-pocus” (otro ejemplo) son nombres bárbaros que han pasado al uso general. Es probable que la palabra inglesa para designar sinsentidos, “gibberish”, provenga de la obra de un alquimista del siglo VIII, Geber (…)

Pero la potencia de los nombres bárbaros no se limita a los antiguos alquimistas. John Lennon sabía mucho sobre ellos, y los utilizó en varias canciones como en “I am the Walrus” con “goo ga joob” y en “Come together” con “toe jam footbal” o “spinal cracker” (otros exponentes más tardíos fueron Los Ramones con “Gabba Gabba Hey”). Antes de Lennon, escritores beat como Allen Ginsberg y William Burroughs usaron variaciones sobre estos nombres bárbaros para conseguir sus propios y particulares efectos: los largos y jadeantes cánticos de Ginsberg arrullan a la mente crítica y consciente hasta dormirla, mientras que los “cut-ups” de Burroughs son un método exitoso para «exterminar todo pensamiento racional». La palabra medieval para los conjuros mágicos, goetia, significa “aullar” ─igual que el título poema más famoso de Ginsberg.

En [el ritual] “Liber Samekh” (…) Crowley provee de varios ejemplos de algunos de estos nombres bárbaros. “Phalartao”, “Athorebalo”, “Sotou” y “Arogogoruabrao” no están muy lejos de los acuñados por Lovecraft, como Nyarlathotep y Yog-Sothoth. Los nombres bárbaros de Crowley pueden ser efectivos; he conocido “magos” que han llevado a cabo este ritual y dan fe de su potencia, y si el lector tiene alguna duda, puede probar a cantar repetidamente “Arogogoruabrao” en una habitación iluminada por velas y llena de incienso.

Un último pensamiento para ponderar, y siguiendo esta misma línea: ¿podría haber contribuído al proceso de hipnosis global por parte de la cultura popular anglosajona el hecho de que la gran mayoría de los hipnotizados no entendiese el significado de un idioma extranjero, viéndose por tanto sumidas sus mentes en una especie de esfera mántrica de estribillos pegadizos?

 

 

» leído en la biblioteca · 2 noviembre, 2014

La conspiración del lenguaje y el dadaísmo

¿Hasta qué punto puede concebirse la dinámica del poder con una deriva lingüística? Paul Feyerabend reflexiona acerca de esta cuestión en Tratado contra el método, a la vez situando en este contexto al dadaísmo, el movimiento artístico que fue precursor inmediato del surrealismo:

Supongamos que destrozamos el lenguaje y vivimos durante horas, días y semanas en un mundo de ruidos cacofónicos, palabras mezcladas al azar, sucesos absurdos. Después de esta preparación uno se sienta y escribe: «El gato está sobre la alfombra». Esta frase sencilla, que normalmente nosotros decimos sin pensar, como máquinas parlantes, aparece de pronto como la creación del mundo ─y Dios dijo: «¡Hágase la luz!, y la luz se hizo».

Nadie ha entendido tan bien como los dadaístas el milagro del lenguaje y del pensamiento, pues nadie ha sido capaz de imaginar —ni de crear, claro está— un mundo en el que no desempeñaran ningún papel. Después de haber descubierto la naturaleza de un orden vivo, de una razón que no era sólo mecánica, los dadaístas fueron también los primeros en descubrir la decadencia de este orden hasta convertirse en rutina. Diagnosticaron de la manera más efectiva la degradación del lenguaje que precedió a la Primera Guerra Mundial y que creó la mentalidad que hizo posible aquel acontecimiento.

Después de este diagnóstico, los ejercicios dadaístas adoptaron un significado más sombrío: pusieron al descubierto la temible semejanza entre el lenguaje de los accionistas principales de lo «importante», el lenguaje de los filósofos, de los políticos y los teólogos y la pura inarticulación animal. El elogio del honor, del patriotismo, de la verdad, del racionalismo que llena nuestras escuelas, nuestras cátedras y nuestras asambleas políticas se convierte, inadvertidamente, en esta inarticulación, por mucho que aparezca envuelto en un lenguaje literario y por mucho que se hayan esforzado sus autores en imitar el estilo de los clásicos (o lo que ellos creen que sus lectores consideran como tal).

El dadaísmo se convierte en un test práctico, en una especie de piedra de toque para el descubrimiento de absurdos y simulacros. No los supera —al fin y al cabo, la gente tiene derecho a farolear—, pero sí los saca a la luz.

 

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