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» leído en la web · 15 marzo, 2015

La conspiración del lenguaje (2)

El blog La Manzana Dorada nos ofrece la traducción del prólogo de Everything is under control de Robert Anton Wilson, del que extraemos un pasaje a colación de la conspiración del lenguaje a la que nos referíamos hace algunos meses:

Los grupos temidos por los ardientes conspirólogos no pueden existir en la realidad, claro, ya que todos los grupos están formados por individuos, y cada uno de ellos difiere en algunos aspectos de todos los demás. (No hay dos cerebros totalmente iguales, como no hay dos huellas dactilares idénticas). Sin embargo, la mayoría de las teorías conspirativas tienden a moverse hacia la hipótesis de que los grupos demonizados son intercambiables entre sí, y esto parece el resultado tanto del estilo “paranoico” (o “el Señor Fiscal de Distrito”) de la mente del cazador de conspiraciones y de la estructura de nuestro lenguaje, que hace que sea fácil hablar de los judíos, los católicos, los profesionales del derecho, la profesión médica, los banqueros, los masones, los políticos, los machos de nuestra especie, etc., como un mal fungible y uniforme.

Como señaló Nietzsche, cuando la humanidad se cansó de decir “esta hoja”, “aquella hoja” y “esa otra hoja”, etc., inventamos la categoría gramatical/mística “la hoja”, en la cual participan todas las hojas individuales específicas. Sin embargo, “la hoja” no existe fuera de la gramática y la filosofía platónica ─y por ende nuestro lenguaje tiende a promover el neoplatonismo al poblar el mundo con abstracciones gramaticales. Cualquier teoría conspirativa que se mueve hacia la conmutabilidad evoluciona también hacia el idealismo platónico. Esta “hipnosis lingüística” parece tan generalizada que el conde Alfred Korzybski inventó la ciencia de la semántica general como un intento de cura para esto.

En otras palabras, ya que podemos decir “los judíos” o “el Nuevo Orden Mundial” o “el patriarcado”, podemos creer, o casi creer, que estas abstracciones gramaticales tienen el mismo tipo de realidad que las pelotas de baloncesto, los perros ladrando, y los frijoles horneados. El individuo, con su pelo, uñas, ideales, ilusiones y aromas distintivos, desaparece ─por así decirlo─ y el mundo se convierte en un lugar embrujado por los sustantivos colectivos.

Bily Lopez profundiza un poco más en este ensayo acerca de la dicotomía del universalismo de la filosofía de Platón y el relativismo de la de Nietzsche, destacando a la vez el papel determinante de la ficción a la hora de construir la realidad:

¿Qué es una palabra? «La reproducción en sonidos de un impulso nervioso»—responde Nietzsche. El lenguaje no reproduce la realidad, sino que nos la traduce, nos la transporta metafóricamente. La verdad y la mentira se nos presentan así como una serie de convenciones que no dicen nada del mundo, sino de nuestra manera de verlo y de nuestra manera de relacionarnos. El mentiroso es aquel que dice lo contrario de lo que comúnmente se acepta. La verdad es una imposición. La verdad es «una hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas y adornadas poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes; las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son».

Concebir a la verdad como ilusión y a los hechos como interpretaciones nos transporta de inmediato al reino de la ficción —ese ámbito desacreditado ya por Platón mismo, quien menospreciaba la labor de los artistas y de los poetas por presentarnos solamente copias de las copias de las ideas. Ficción: el ámbito de la fantasía, de la invención, de lo no-real; ámbito menospreciado por la ciencia, menoscabado por los hechos. Sin embargo, para Nietzsche la ficción es, y será, nuestra única realidad. Caer en cuenta de que hemos sido engañados es el primer paso para poder escapar de las garras del discurso racional de Occidente. Afirmar nuestro conocimiento como ficción y asumir nuestras interpretaciones como perspectivas nos permite valorar el mundo desde otro anclaje; nos abre la posibilidad de, en cualquier momento, cambiar nuestro punto de referencia y ver que las cosas son algo distinto de lo que creímos alguna vez; nos abre el mundo a nuevas experiencias; nos hace caer en el siniestro abismo de la tentativa; nos aleja de lo probable y nos acerca a lo posible y a lo imposible también.

 

 

» leído en la web, visto en la web · 9 diciembre, 2014

Hiperstición

Aprovechamos que Francisco Jota-Pérez cuelga en Youtube su charla en la MIRcon de 2014 sobre la hiperstición para recuperar un párrafo sobre este concepto que se tradujo para el fanzine Le Mutant Diplomatique (puede descargarse aquí), y que da cuenta de una serie de temas que por aquí nos fascinan: la porosidad entre la realidad y la ficción, el arte como conjuro, la guerrilla ontólogica o la vida más allá del posmodernismo. El pasaje en cuestión (descarga) se extrae del libro Retaking The Universe: William S. Burroughs in the Age of Globalization:

La ecuación entre realidad y ficción ha sido aceptada más en su aspecto negativo —una variedad de un escepticismo ontológico posmoderno— que en el positivo, como una investigación de los poderes mágicos del conjuro y la manifestación: la eficacia de lo virtual (…) La asimilación de la [hiperstición] por parte del posmodernismo textualista constituye un acto de “sabotaje interpretativo” dirigido a restar funcionalidad [a estos textos] convirtiéndolos en ejercicios estéticos de estilo. Lejos de constituir una subversión del realismo representativo, la celebración posmoderna del texto sin un referente meramente consuma un proceso que el realismo representativo había iniciado. El realismo representativo despoja a la escritura de cualquier función activa, sometiéndolo al rol de la reflexión —y no la intervención— sobre el mundo. Es un camino rápido hacia una dimensión de textualidad prístina, en la que se niega la existencia de un mundo independiente del discurso. (…)

Para los posmodernos, la distinción entre lo real y lo irreal o no es sustantiva o no se trae a colación, mientras que para los adeptos a la hiperstición la diferenciación entre “grados de comprensión” es crucial. La escritura opera no como una representación pasiva, sino como un agente de transformación a partir del cual ciertas entidades pueden emerger. (…) Pero estas operaciones no ocurren en territorio neutral (…) todas las condiciones de la existencia [son] resultado de conflictos cósmicos entre agencias de inteligencia enfrentadas entre sí.  En el proceso de hacerse reales, las entidades deben también manufacturar realidades para sí mismas: realidades cuya potencia a menudo depende de la estupefacción, subyugación y esclavización de las poblaciones y cuya existencia se halla en conflicto con otros “programas de realidad”. (…)

Mientras que el realismo meramente reproduce el programa de realidad dominante desde dentro, sin identificar nunca dicho programa, [las narrativas activas] buscan salirse de los códigos de control para desmantelarlos y cambiarlos de lugar. Cada acto de escritura es una operación de hechicería, una acción de la resistencia en una guerra en la que multitud de hechos objetivos son guiados por los poderes de la ilusión. Incluso el realismo representativo es partícipe —aunque sin ser conscientede ello— en esta guerra mágica, colaborando con el sistema de control dominante al apoyar implícitamente sus afirmaciones acerca de ser la única realidad posible».

En el blog de Jota-Pérez una lista con más referencias al respecto.

 

 

» escuchado en la web, visto en la web · 14 noviembre, 2014

Bolas de cristal / Ficciones profilácticas

En el episodio 435 del podcast “C-Realm” se cita a Karl Schraeder reflexionando acerca del hecho de quedarse estancando cuando se anticipan acontecimientos futuros, y del verdadero papel de la CiFi en dicha empresa:

No creo que debamos ─incluso si éste es el más plausible─ imaginar tan sólo un único futuro. (…) La ciencia ficción no va de predecir el futuro, sino de minimizar las sorpresas. Y si crees en un futuro en particular, lo que interpreto personalmente es que ése es el único futuro que no va a sorprenderte.

La postura de Schraeder está íntimamente relacionada con la noción de “túneles de realidad” acuñada por Timothy Leary y popularizada por Robert Anton Wilson, quien, desde el documental “Maybe Logic”, nos ilustra acerca del concepto:

Todos tenemos nuestro propio túnel de realidad, y desde nuestro túnel de realidad elegimos algunas cosas e ignoramos otras. Tenemos 10 mil millones de células en nuestro cerebro recibiendo cientos y cientos de millones de señales en todo momento. Y elegimos las que se adaptan a los moldes de nuestro cerebro, a los túneles de realidad que han sido grabados por la experiencia pasada: todos tenemos nuestro sistema de creencias, y las señales que encajan en nuestro sistema de creencias. Ignoramos las señales que no encajan en nuestro sistema de creencias, y en caso de que insistan en volver repetidamente, acudimos al psiquiatra para espantarlas.

En este sentido, Schraeder tiene la lección aprendida cuando por ejemplo afirma ─en este otro vídeo─ que su objetivo no es hacer predicciones exactas, sino «proveer a la gente de una serie de herramientas para pensar sobre el futuro».

 

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