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» leído en la biblioteca · 18 enero, 2015

Consciencia vertical / consciencia horizontal: descorporeización y adicción a los nuevos paradigmas

El núcleo de la “trilogía de la consciencia” de Morris Berman podría resumirse en la búsqueda e identificación de las formas de consciencia pre-agrícolas ─“consciencia horizontal”─ y  en la diferenciación de las mismas con respecto a las surgidas a partir de la agricultura. Éstas últimas ─denominadas por Berman “consciencia vertical”, y que se caracterizarían por un mayor grado de alienación con respecto a la experiencia corporal─ serían las que inconscientemente estarían dando forma a discursos contemporáneos “alternativos” tales como el de la Nueva Era, el pensamiento holístico, la psicología transpersonal e incluso la cultura psicodélica:

Años de trabajo corporal y meditación me llevaron a creer que el fervor del paradigma está enraizado en una negación de nuestra experiencia somática. Las emociones, a menudo dolorosas, viven en el cuerpo; la adicción al cambio de paradigma (como la adicción a las sustancias) nos permite escapar de estas emociones y valiosas percepciones. [Muchos de los filósofos transpersonales] estuvieron (y están) alienados de la experiencia corporal. Crearon una mente más amplia que el paradigma intelectual predominante, pero cuando todo estuvo dicho y hecho, seguía siendo sólo la mente. En mi opinión, su clamor por una espiritualidad renovada solo llegó hasta ahí; claramente [necesitamos] una renovada corporalidad si no queremos reprimir el cuerpo y caer en la trampa de una nueva mitología ─haciendo un fetiche de nuestra supuestamente nueva espiritualidad. (Una historia de la consciencia).

Otra explicación ampliada desde Cuerpo y espíritu sobre esta dicotomía ─denominada así a efectos prácticos, pues el propio Berman ya se encarga de dejar claro que hay una amplia gama de gradaciones de por medio─ entre consciencia vertical y horizontal:

El alejamiento del ascenso hacia la presencia corporal en el mundo implica (…) un desligamiento con el modo de contraste binario de conciencia y estructura de la personalidad. Como he argüido, [este tipo de consciencia] parece inherente, pero no lo es; constituye un artefacto neolítico, una [extensión de la dicotomía “Domado contra Salvaje”] a “Sí Mismo contra lo Otro” y “tierra contra ciclos [agrícolas]”. Por debajo del estrato dualístico de la [psique] humana hay otro (…) que sospecho poseían las culturas cazadoras-recolectoras, y que en gran parte consiste en encontrar el éxtasis en los detalles.

La vida “primitiva” se caracteriza por un compromiso directo con la naturaleza y las funciones corporales. (…) No hay ascenso en este “éxtasis”; todo lo vital es sagrado, no sólo el “cielo”. La estructura es horizontal más que vertical, y tiene en sí un elemento mucho más “femenino” que el que posee nuestra actual conciencia. Todas las estructuras verticales tienen tras de sí una búsqueda del Grial; todas son una forma de heroicidad masculina. Así, la mayor parte de nuestra historia ha sido una especie de artefacto innecesario.

La oposición Sí Mismo/Otro, la estructura binaria, los Objetos transicionales, lo que tendemos a considerar como creatividad, “la herejía contra la ortodoxia”, “la experiencia extática contra la vida ordinaria” ─todo esto, en el análisis final, puede ser [en realidad algo ajeno a nosotros] y (…) no parte de la “naturaleza humana”.

Las figuras arquetípicas del héroe o mitos como el del viaje del héroe serían según esta lectura, al final, un vuelo de alejamiento del cuerpo:

[Éste] significado que [experimentamos] sólo por vías de conflicto, o dialécticas, puede que sólo refleje una noción muy superficial del significado. Este “significado” depende de una división mente/cuerpo; sin ese juego dicotómico, gran parte de nuestra historia se desvanecería simplemente en el aire, dado que tanto de ella es acerca del viaje del héroe para cicatrizar esa brecha. Pero los viajes se hacen principalmente por desasosiego; lo típico es que exista alguna clase de carencia o necesidad. Las cosas “no están bien” aquí, hay algo mejor que encontrar en alguna otra parte.

Los viajes extáticos verticales que como vimos anteriormente caracterizan y dominan la noción occidental de lo que hemos etiquetado como “chamanismo”, podrían de hecho ocupar en las sociedades imbuidas en la consciencia horizontal un papel menos relevante:

Quizás las búsquedas de visiones y los viajes extáticos estaban ausentes en las sociedades cazadoras-recolectoras, o si presentes, probablemente recibían mucho menos énfasis hasta el advenimiento de la edad neolítica. En lugar de ello, la vida era su propio propósito. El éxtasis es necesario sólo en un mundo bifurcado; el héroe sólo tiene sentido en un contexto religioso (binario-mítico).

Volviendo pues al grueso de los discursos contraculturales argumenta Berman:

Esta es la razón por la cual el “cambio de paradigma” propio de la Nueva Era finalmente no funcionará; no importa cuán radicalmente distinto pueda ser el contenido (y de todos modos soy muy escéptico al respecto), la forma es realmente idéntica. El cambio de paradigma aún es parte de la mentalidad salvacionista, un modelo mental patriarcal que aconseja al héroe perseverar, encontrar una nueva forma de conciencia que lo redima. La percepción de que toda esta estructura es ilusoria, es (…) la verdadera herejía que necesitamos abrazar.

Tanto la conciencia horizontal como la reflexividad implican también una sociedad de herramientas más que de cosmovisiones. En el momento mismo en que algo ─ciencia, feminismo, budismo, holismo, lo que sea─ empiece a tomar características de cosmología, debería ser descartado. El cómo se retienen las cosas en la mente es infinitamente más importante que qué está en la mente (…)

Pues hay gran diferencia entre ideas e ideología. Una idea es algo que uno tiene; una ideología, algo que lo tiene a uno. Todas estas creencias, técnicas e ideologías son útiles, pero no “verdaderas”. Lo que sí es verdadero es nuestra necesidad de rellenar la brecha, nuestro anhelo, nuestro impulso de crear cosmovisiones a partir de herramientas, para poder estar “seguros”. [Pero existe una] verdad más honda: [la de que] no necesitamos realmente rellenar la brecha, etc., para poder estar “seguros”. (…) Observaríamos esta necesidad de “seguridad”, pero nos negaríamos a ceder a ella. La seguridad provendría del cuerpo, no de este o aquel sistema.

 

 

» leído en la biblioteca · 3 diciembre, 2014

Neochamanismo y descontextualización

The soul of shamanism de Daniel C. Noel es un fenomenal texto de 1997 que ayuda a poner en perspectiva mucho de lo que se oye estos días acerca del fenómeno del (neo)chamanismo. Con la intención de citar más adelante y de forma más amplia algunos de sus pasajes, extraeremos hoy de él algunos párrafos que hablan de la confluencia del movimiento de la Nueva Era con dicho fenómeno:

Aunque muchas de las personas atraídas al neochamanismo no piensen acerca de sí mismos como “new agers”, ciertamente el neochamanismo fue vendido como parte del movimiento de la Nueva Era que reemplazó a la contracultura en los años 70 y 80. Esta asociación del neochamanismo con la Nueva Era fue sugerida además por Marilyn Ferguson, cuyo libro de 1980 La conspiración de Acuario sobre «transformación social y personal» es el documento principal anunciando ─y por lo tanto vendiendo─ los principios de la subcultura de la Nueva Era.

Noel, influido por el pensamiento post-junguiano, se muestra crítico con la muy extendida idea “pensamiento holístico”:

Una visión holística del individuo generalmente incluye “cuerpo, mente y espíritu”, particularmente en contextos de la Nueva Era (…) pero (…) cuando se contempla desde un punto de vista post-junguiano no parece lo suficientemente completo, sino parcial: pues, ¿dónde se encuentra su alma?

Desde esta perspectiva, el alma es distinta del espíritu, el cual parece acercarse más al reino de la mente. El espíritu, como la mente, favorece las abstracciones desapegadas, la pureza y la unidad ─características que transcienden tanto la tierra como el cuerpo y su imaginería sensual. El alma, por otra parte, se desarrolla muy bien en los apegos y las imaginaciones, en lo concreto y lo sensual, en el significado inmanente más que en el trascendente, con un énfasis en la multiplicidad y las imperfecciones que se aferran al cuerpo y la tierra. (…)

Así, nos hemos movido a través de varias décadas de psicologías “humanistas” o “transpersonales” y terapias de la Nueva Era en lo que parece un holismo desalmado. (…) [que] carece de la imaginación poética para “dotar” de alma a nuestras vidas en el mundo.

El alma, sin embargo

elude una definición reduccionista; se expresa en el misterio de la vida humana; conecta religión y psicología, amor, muerte y destino [y] sugiere profundidad.

Noel argumenta ─mientras rememora su participación en un taller práctico impartido por Michael Harner─ que, a pesar de la insistencia desde el mismo seno del neochamanismo en la necesidad de dejar a un lado las abstracciones académicas para centrarse en los aspectos más experienciales, lo cierto es que sigue subyaciendo la idea central de que

diferentes culturas tienen diferentes versiones de las prácticas básicas. Pero de esto se sigue entonces que existen «práticas básicas», [de las que pueden sustraerse] «muchas cosas específicas de cada cultura». Las comparaciones son fenómenos indispensables e iluminadores que puede que no revelen todas sus facetas únicamente en sus contextos locales. Lo peligroso es que cuando se descontextualizan en exceso pasan a convertirse en el mínimo común denominador, en una abstracción que acaba guardando escaso parecido con cualquier realidad que pudieran tener en situaciones específicas.

En este mismo sentido se expresa también David Abram desde The Spell of the Sensuous (editado en castellano como La magia de los sentidos), donde advierte de que

hoy en día, en nuestro “mundo desarrollado”, muchas personas que buscan un autoconocimiento espiritual se inscriben en talleres y cursos sobre métodos “chamánicos” de descubrimiento personal y revelación. Mientras tanto, los psicoterapeutas y algunos médicos han empezado a especializarse en “técnicas de curación chamánicas”. El “chamanismo”, pues, ha pasado a denotar una forma alternativa de terapia; entre estos nuevos practicantes de chamanismo popular el énfasis se hace sobre la curación y la comprensión personal. Éstas son metas nobles, sin duda alguna, pero en mi opinión son secundarias y derivan del rol primario del chamán indígena, un rol que no puede realizarse sin una exposición prolongada y sostenida a la naturaleza salvaje, a sus patrones y sus vicisitudes. Imitar los métodos curativos del —o la— chamán sin conocimiento de su relación más amplia con la comunidad natural no podrá, si estoy en lo cierto, más que cambiar ciertos síntomas por otros o mover el foco de la enfermedad de un lugar a otro dentro de la comunidad humana.

 

 

» escuchado en la web, leído en la web · 26 noviembre, 2014

Críticas a Stanislav Grof / respiración holotrópica

Desde este episodio del podcast “Rewild Yourself”, Nora Gedgaugas pone en tela de juicio el uso de la técnica conocida como “respiración holotrópica”, introducida por el conocido psiquiatra ─y fundador de la psicología transpersonal─ Stanislav Grof:

La respiración holotrópica funciona induciendo un estado agudo de hipocapnia (…) y cuando tienes alguien que se encuentra en [este estado] (…) el cerebro se ve deprivado de oxígeno. Incluso una hipocapnia moderada puede derivar en un 40% de oxígeno menos en el cerebro. [Y éste es] un estado de emergencia, que te va a lanzar a una reacción de lucha o huída. Estás literalmente provocándote una pequeña asfixia. Entiendo que la gente tenga experiencias compensen la respiración holotrópica, pero desde el punto de vista de una entusiasta de la función cerebral no soy precisamente una partidaria de la misma. (…) Y aunque puedas usar cosas como el piracetam para proteger el cerebro en estados de hipoxemia, no creo que sea el camino más seguro a seguir.

Gedgaugas es consciente de estar «dando patadas a una vaca sagrada», y reconoce que el respeto y el reconocimiento hacia Grof son legítimos. Sin embargo, apunta, el uso de esta técnica surge de la necesidad de encontrar una alternativa a la LSD ─sustancia con la cual Grof inicia originalmente sus investigaciones─ tras la ilegalización de la misma.

Sin embargo, esta legitimidad se cuestiona en este amplio e interesante ensayo del filósofo Morten Tolbell, quien opina que las “emergencias espirituales” provocadas por estas técnicas se suelen considerar acríticamente como poseedoras de un potencial sanador y transformativo porque

las ideas de Grof se basan teorías erróneas de catarsis, que se basan a su vez en la noción de que la expresión de las emociones libera al sujeto de sus problemas personales. (…) [Se confunden] las experiencias místicas auténticas ─a las que sigue una comprensión─ con las experiencias no-ordinarias, en las que esta comprensión no tiene lugar. (…)  De este modo, la práctica espiritual incide en la forma de la consciencia (la comprensión) y no en sus contenidos (experiencia).

Tolbell continúa citando al filósofo independiente Kevin Shepard, para quien:

las prácticas de las que la respiración holotrópica dice inspirarse sólo pueden comprenderse correctamente en el contexto de sus culturas originales. [Son cuestionables también] los motivos de los facilitadores (…) en un contexto comercial.

También se hace referencia a Kate Thomas, quien critica a Grof por

alardear de poder ser capaz de convertir a un rabino judío en un monje Zen usando sus dosis de LSD, [sin tener en realidad] idea alguna de cómo un monje Zen vive o piensa, siendo incapaz de realizar el ideal tradicional.

¿Estamos ante críticas justificadas? ¿O quizás ante reacciones tradicionalistas?

 

 

» visto en la web · 4 noviembre, 2014

Meditación, psicología transpersonal

Un par de subrayados de este breve video en donde se entrevista a Manuel Almendro, advirtiéndonos del uso abusivo y equivocado del vocablo “meditación”. Comienza señalando en primer lugar que:

la meditación como relajación es un chiste. La meditación al principio produce una relajación pero después va abriendo ese mundo interior del cual cada persona debe saber qué hacer con él.

para luego matizar el de “psicología transpersonal”:

La psicología transpersonal hoy en día está en entredicho. Bien por el abuso que se está haciendo de la palabra, el abuso que se está haciendo en [el contexto del] mundo de la propia psicología, la filosofía, etcétera … también por la ingenuidad, y también por el infantilismo.

¿De nuevo amarrados a la deriva lingüística de la que hablaba Feyerabend?

 

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