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» leído en la web · 16 noviembre, 2014

Ceci n’est pas un OVNI


Hemos acompañado conscientemente el logotipo de nuestro proyecto web con la imagen de un platillo volante, con la intención de insertar un pequeño mindfuckeo al internauta que se exponga al mismo ─con la esperanza de que además cuente con la curiosidad suficiente como para hacerle clic encima y seguir leyendo esta entrada.

Jerry Mander, ex-publicista y veterano crítico del complejo mediático audiovisual, nos recuerda desde una reciente charla ─transcrita aquí, y a la que hemos llegado gracias al siempre informativo grupo de FB del podcast “C-Realm”─ que:

(…) la imaginería publicitaria, la cual todos tendemos a pensar que es tonta y estúpida (…) es un sistema muy poderoso de proyección a nuestro cerebro. La mayoría de la gente se mofa de la noción de que las imágenes tengan tal poder. Nos gusta pensar que nuestra inteligencia nos protege; pero la publicidad no tiene nada que ver con la inteligencia, es mucho más simple que eso. Consiste en la implantación de imágenes.

Sigue Mander:

Veamos: si ahora digo «el conejito de las pilas Duracell», o [«Tony, el tigre de Kellogg’s»], o [«el león de la Metro»], ¿se ha aparecido una imagen de los mismos en vuestra cabeza? Mi compañero en la industria publicitaria Howard Gossage dijo una vez que «la publicidad guarda un sucio secreto que nadie entiende: que una vez las imágenes están en tu cabeza, ya nunca se van». Son tuyas para siempre. La imagen vive en tu cerebro y realmente se vuelve parte de tí, especialmente si no haces un esfuerzo para estudiar activamente lo que se está diciendo y averiguar lo que realmente piensas de ello. Además, te llega a un ritmo de 200 millones de dólares al año, con el ciudadano medio viendo 4 cuatro horas y media de televisión al día y viéndose expuesto a 30.000 anuncios al año, lo cual explica muchas cosas. El desequilibrio informacional de nuestra sociedad es vasto y trágico. ¿Cómo podemos protegernos de ésto?

En magufoapocalipsis.com experimentamos la misma sensación con respecto los OVNIs ─los cuales, si hablamos con propiedad, son sencillamente Objetos Volantes No identificados. El escritor Robert Anton Wilson bromeaba acerca de esto mismo al señalar:

He visto más OVNIs que la mayoría de personas porque no tengo ningún dogma acerca de ellos, y siempre acabo viendo alguna cosa extraña que en realidad no sé qué es. He visto OVNIs, pero también he visto ONVNIs ─Objetos No Volantes No Identificados. El mundo está lleno de cosas que me confunden, y no estoy seguro ni de lo que son ni de cómo clasificarlas.

Hemos leído bastante literatura ufológica que va más allá de la idea cultivada por parte de la cultura popular de que los OVNIs son platillos volantes de procedencia extraterrestre. Hemos leído a Jacques Vallé, a John Keel, a Freixedo y a Trevor James Constable. Hemos repasado las ideas de Carl Jung y de otros autores como Keith Thompson ─que han contemplado el fenómeno desde el prisma arquetípico o mitológico. Nos hemos pasado por las teorías psicodélicas de Terence McKenna, por la ufología de vanguardia de los magazines The Excluded Middle o El Ojo Crítico. Hemos leído algunos de los exhaustivos libros de Nick Redfern, Mark Piklington y el paisano Manuel Carballal, que enfatizan el componente desinformativo y propagandístico del fenómeno.

Y sin embargo no podemos evitar, al escuchar a alguien pronunciar la palabra “OVNI”, el que se nos venga inmediatamente a la cabeza la imagen de un platillo volante ─sin estar, por otro lado, convencidos de que sea un fenómeno completamente manipulativo en esencia.

Sirva esta entrada pues, para reconocer “la traición de las imágenes” ─como señalaba Magritte─ en la que nosotros mismos participamos al embellecer con nuestras habilidades gráficas el contenido de esta página web.

Parafraseando al pintor francés: si hubiéramos escrito al lado del logotipo «esto es un OVNI», ¡habríamos estado mintiendo!

 

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