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» leído en la biblioteca, leído en la web, visto en la web · 27 marzo, 2015

La magia monetaria de la Nueva Era

La cultura magufoalternativa anglosajona lleva pergeñándose bastante tiempo, y con la llegada de  Internet todo el caudal de su discurso está inundando las mentes de la población online con situaciones que se nos aparecen estrafalarias, como esta discusión de los vericuetos de la “brujería capitalista” en un medio digital no precisamente marginal. Aprovecharemos las intervenciones de Mitch Horowitz en la misma para dar salida a algunos temas que nos inquietan.

Así pues, ante el fenómeno de la Nueva Era, Horowitz no se muestra reacio a la hora de admitir ambigüedades y paradojas en este popular movimiento:

Tenemos una vasta cultura de la Nueva Era en este país, de raíces muy profundas y que es para millones de personas un lugar de auténtica expresión religiosa. (…) Hay una larga tradición de gente en este país involucrada ─a veces comercialmente─ en la realización de conjuros y otras [técnicas ocultistas]. Y, para muchos americanos, se trata de un compromiso.

Las congregaciones religiosas de muchas personas se hallan exclusivamente en Internet. (…) La gente monta iglesias online, o se une a comunidades religiosas online. La red se ha convertido en un gran eje de [dinámicas de adoración], que probablemente rebase en número a las comunidades físicas de este tipo. (…) Estamos hablando de decenas de millones. [En cuanto al dinero que se mueve], nadie lo sabe a ciencia cierta; pero se están haciendo contribuciones enormes [a este tipo de organizaciones].

El que el impulso religioso se haya trasladado a la esfera virtual y el hecho de que se muevan grandes sumas de capital da para especulaciones ya no parapolíticas, sino metapolíticas. Pero esto nos lo vamos a ahorrar por el momento, añadiendo simplemente que al aplicar la revelación de Sturgeon habría entre estas especulaciones un 10% que no descartaríamos como chaladuras. Volviendo a Horowitz y el tema monetario:

El dinero y la religión nunca se han acabado de llevar bien, incluso desde la antigüedad, y siempre ha existido esta incomodidad al respecto, que puede por ejemplo encontrarse en los evangelios, con Cristo lanzando las monedas de los comerciantes en el templo. Pero el hecho es que la luz tiene que encenderse, tienen que pagarse las facturas, comprar la comida, y la gente que está involucrada en prácticas religiosas va a cobrar por sus servicios. Esto ha sido así durante siglos.

Existe un lugar bastante común en la Nueva Era que identifica el dinero como una “energía”, en nuestra opinión como un intento de explicar intuitivamente todo un conjunto de imperativos de carácter ctónico ─y por lo tanto, en último término, no racionalizables─ como supervivencia, reproducción, abundancia o escasez y la asociación de los mismos a la esfera cultural en forma de creencias y sistemas de valores.

La contradicción la encontramos en que la Nueva Era se identifica ─superficialmente─ con tradiciones preindustriales. Sin embargo, como ha señalado el historiador e orientalista Paul Unschuld en su ensayo “Traditional Chinese Medical Theory and Real Nosological Units: The Case of Hansen’s Disease” la energía «es un concepto central de las sociedades industriales» y que «como sucede a menudo en la historia, un concepto económico primordial se aplica [a otras esferas como] la riqueza nacional o la salud personal» haciéndonos pensar sobre las mismas «en términos de energía y recursos». Lo ctónico/primordial pasado por el proceso de industrialización, en definitiva. ¿Otro caso de primitivismo naif?

Si además añadimos pastiches con ideas de corte einsteniano ─«la materia y la energía son formas distintas de la misma cosa y la materia se puede transformar en energía y la energía en materia»─ que se asemejan conceptos de estas culturas preindustriales como el de Qi o Prana, se pasa a equipar el constructo “energía” con éstos y se acaban por usar de forma intercambiable, como si fueran equivalentes. Añadiendo además a esta inercia de proyección etnocéntrica toda la maquinaria de propaganda audiovisual de nuestra propia cultura ─recientemente publican en El Estado Mental un ácido y divertidísimo retrato de la misma de la mano de Antonio Ferrer─ lo lógico es que en estas zonas intermedias acabe reinando la confusión. Esto, precisamente, es lo que defiende Horowitz:

Internet es como un gran test de Rorsasch, y la gente va a ver en él lo que quiera ver. Hay gente que se indignará y dirá: «mira lo que hacen estos, dedicándose a tangar a todos estos locos que compran esos servicios». Otros, entre los que me incluyo, dicen: «Mira, este es el mercado de la fe; es grande, es caótico, lioso, creativo, y en algunos casos es maravilloso calificarse a uno mismo como uno desee y formar las asociaciones que quiera. Es la mejor parte de la Internet. Y francamente, en cuanto al sablazo ─te lo digo como un historiador dedicado a las religiones desde hace mucho tiempo y sabiendo que esto va a sorprender a mucha gente─ en la Nueva Era veo mucha sinceridad y mucha ingenuidad. Puedes decir que son ovejas perdidas que no saben lo que hacen. Creo ─y sé que mucha gente se opondrá a esto─ que la mayoría de las veces a la gente no se la estafa, si definimos estafa como ser engañado por una cantidad ruinosa de dinero. Un intercambio monetario menor como 25 dólares por un hechizo o algo así es en el fondo un sistema de creencias. No creo que necesariamente debamos estar controlando este tipo de cosas.

En otras palabras: lo que puede ser visto como un acto malintencionado podría ser simplemente el resultado de un carácter ingenuo ─sin olvidar que las exigencias de la superviencia no dejan espacio para el pensamiento reflexivo─ lo cual no quita que el necio sea más peligroso que el malo o que el camino al infierno esté empedrado de buenas intenciones. En magufoapocalipsis.com tendemos a entender los habituales discursos en los que un interiorizado y arquetipico Jesucristo expulsa a los mercaderes de la Nueva Era del Templo (de Jerusalén) más como una admonición de inercia catecúmena que otra cosa. Retrataba esta tesitura Kiko Amat en el número 5 del fanzine “La Escuela Moderna”:

Este juicio moral sobre como se ganan la vida los demás, este medir el compromiso del vecino, esta actitud de “holier-than-thou” (soy más puro que tú, más vegano, más lanza-adoquines, más amigo-del obrero, etc) es, en nuestra opinión, el talón de Aquiles de la izquierda (…) Cuando el hambre aprieta (metafóricamente; digamos la hipoteca o el alquiler) uno necesariamente se ve obligado a coger empleos remunerados (…) Sólo los pijos y la gente demencialmente acaudalada puede permitirse pasar por la vida sin hacer concesiones de ningún tipo; e incluso así, parten del dudoso derecho de herencia. El resto del mundo hacemos lo que podemos, cómo podemos, cuando nos dejan.

El filósofo Antonio Escohotado viene defendiendo desde hace años que este popular mito sirve en el fondo a los intereses de las sociedades cristianas militaristas ─y téngase en cuenta de que gran parte del entramado tecnocientífico proviene directamente de este sustrato, como detalló exhaustivamente David F. Noble en A world without women o La religión de la tecnología. El mito en sí estaría limitando la movilidad social que implica el comercio. No diremos que comprendemos con profundidad la obra de Escohotado, básicamente porque no hemos leído ninguno de los tomos de Los enemigos del comercio. Tampoco presumimos de tener unos conocimientos acerca de “ciencias” políticas o económicas como para tirar cohetes, pero vamos, que si uno desea ponerse en contacto con este discurso existe un blog que recopila muchas de las entrevistas que se le han hecho a Escohotado al respecto. Como contra-narrativa ante una secularización del cristianismo en forma de marxismo ya nos vale.

Cualquiera que haya comparado la experiencia de ofrecer sus servicios de forma gratuita con la de hacerlo cobrando aunque sea algo simbólico apreciará este tipo de pensamiento. Con esto no queremos decir que descartemos potlatchs inmediatistas à la Hakim Bey (PDF), pero a este respecto aceptamos que es un terreno que, dada su relación con la ambigüedad ctónica que comentábamos antes ─y recordemos que el constructo occidental que hemos venido a llamar chamanismo se basa en ideas que marginan esta dimensión─ se presta a la paradoja y a la contradicción. Sin ir más lejos, Hakim Bey ha podido mantenerse a sí mismo y generar su obra durante toda su vida gracias a una cuantiosa herencia familiar.

Y es que dejando de lado mantos románticos, pareciera que el aceptar esta dimensión de incertidumbre tiene realmente efectos “mágicos” ─en el sentido de que suceden cosas─ y que por lo tanto las lecturas naif de la Nueva Era del dinero como “energía” no pueden descartarse tan fácilmente. La pionera ayahuasquera Marlene Dobkin de Ríos The Psychedelic Journey of Marlene Dobkin de Rios relata algo similar:

[Cuando empecé a leer las cartas en Perú] no se me ocurría pedir remuneración alguna. Después de todo, esa gente era muy pobre. ¿Cómo iba yo a añadir mayor carga a sus espaldas? [Volví a Nueva York] y me recomendaron cobrar por cada lectura, incluso si era una pequeña cantidad, porque éstas eran las normas de los lectores de cartas. (…) Cuando volví a Iquitos me convertí en una “curiosa” capacitada, una especialista que podía adivinar el futuro. De repente mi práctica se incrementó diez veces y la gente prácticamente hacía cola para que les leyese la fortuna.

Nuestra intuición es que influyendo esta ambigüedad se encuentra la tensión entre formas socioeconómicas agrícolas y nómadas; en la idiosincrasia estadounidense se encuentra una expresión religiosa ─una vuelta a un primitivismo mediado por el protestantismo─ que se añade a un territorio de vasta extensión, de una abundancia material superlativa y que por tanto permite formas de organización sociales y territoriales más descentralizadas que subvierten la tendencia concéntrica y vertical de la sociedades del Viejo Mundo. Es desde este movimiento de cualidad excéntrica desde el que seguimos leyendo a Horowitz:

[La etiqueta de bruja] es algo que se adopta a título personal. No hay dogmas, ni seminarios en los que uno se gradúa. Pero en cierto sentido esto es lo que es maravilloso de nuestra cultura religiosa: este caos creativo que podemos ensamblar libremente, en el que libremente podemos adoptar las etiquetas que queramos. Si quieres llevar a cabo una ceremonia de matrimonio para tus amigos, te puedes investir pastor en unos cuantos clicks de ratón. Y mucha gente rueda los ojos hacia un lado ante esto ─y es verdad que se dan abusos en estas situaciones─ pero creo que tampoco queremos una situación con centinelas que deciden con qué etiquetas podemos y no podemos definirnos a nosotros mismos. Y esta es, en cierto modo, una característica, muy buena de la cultura religiosa americana.

Sin querer ejercer de videntes, está claro que el colapso energético al que parece que el cénit del petróleo nos aboca ─en ausencia por el momento de un milagro tecnológico deus ex machina─ acabaría con la cultura de autopistas y urbanizaciones aisladas del paraje urbanístico estadounidense que posibilita esta descentralización. Por otra parte, tampoco se nos escapa el que esta libertad para autodefinirse tenga un reverso quizás contraproducente relacionado con la deriva lingüística ─«definir ha llegado a significar casi lo mismo que comprender» que decía Alan Watts, o también: «intentar definirse uno mismo es como intentar morderse uno sus propios dientes».

Pero de momento la cosa sigue en marcha e influyendo a la mente colectiva, como veremos en una segunda parte de este escrito.

 

 

» leído en la biblioteca, leído en la web · 23 marzo, 2015

Entretenimiento e hiperstición

Se lamentaba Rupert Sheldrake en Caos, creatividad y consciencia cósmica de que «cuando a los niños se les enseña literatura en el colegio (…) el profesor no les lee grandes poemas acompañados del redoble de un tambor y de la introducción de la magia y la esfera del mito» y de que por lo tanto nuestra cultura se vuelve incopórea y distanciada del cuerpo y la emoción. En magufoapocalipsis.com pensamos que es la cultura popular de corte audiovisual de los medios de masas y las tecnologías de la información la que está creando una nueva zeitgeist, aunque no sabemos exactamente de qué tipo. Para Terence McKenna esto se enmarca en lo que él llamó “revival arcaico” y no se trataría exactamente de una “nueva era”:

El fenómeno de la Nueva Era [que trivializa el significado de la próxima fase en la evolución humana] es esencialmente psicología humanista de los 80, con el añadido del neo-chamanismo, la canalización, y las terapias de cristales y hierbas. El resurgimiento de lo arcaico es mucho más amplio, un fenómeno bastante más global que asume que recuperaremos formas sociales del neolítico tardío, y que toma del siglo XX a Freud, el surrealismo, el expresionismo abstracto, e incluso un fenómeno como fue el Nazional Socialismo ─como forma negativa. Pero el énfasis en los rituales, la actividad organizada y la consciencia de nuestros ancestros son temas que han sido tratados durante el siglo XX, y el “revival arcaico” es una expresión de todo esto.

En The american replacement of nature, William Irvin Thompson vuelve sobre esta temática, haciendo énfasis en la faceta de control social del fenómeno:

Los ingenieros de la imaginación de hoy en día han llegado a un niveles de entendimiento muy sofisticados en la gestión de las muchedumbres por medio del uso subliminal del sonido. (…) Lo que realmente asusta de esta manipulación del cuerpo político mediante [estas técnicas] es que realmente funciona. (…) Como el filósofo de la evolución de la consciencia Jean Gebser reconoció mientras vagaba en Europa refugiándose del fascismo de la Alemania de Hitler y la España de Franco: el énfasis en lo visual y la perspectiva linear es característica de la Era Mental que surgió en el Renacimiento italiano; pero los niveles más antiguos de la consciencia, el Mítico y el Mágico, eran mundos auditivos en los cuales los sonidos entretejían a las personas en la fábrica de la vida.

La era moderna de del individuo es la era del individuo situado en la cúspide de un campo de vision piramidal creado por la perspectiva. El individuo moderno, el educado patriarca de clase media, es el lector, solo en su estudio con hileras de libros intentando comprender el mundo a través de los textos de la civilización. Es el mundo de la Galaxia de Gutemberg de Marshall McLuhan y de la Estructura Mental de Jean Gebser. [Ambos] reconocieron que la modernidad se estaba agotando y que entrábamos en una nueva estructura de la consciencia. La era del individuo alfabetizado con su mente trabajando en su librería y su representante en el parlamento ha acabado, y el sonido de este tránsito final es el ruido.

El ruido es el solvente de la individualidad del renacimiento; es el sonido que no asegura al individuo el espacio o la soledad para la sabia e informada reflexión. Ya sea para un adolescente en una discoteca, un yuppie en un restaurante ruidoso, o una matrona de mediana edad en el centro comercial, el silencio no es sentido como una estimulante ocasión para la reflexión; es una cosa negativa que asusta: una oscuridad auditiva.

En la misma línea de crítica ante la ingeniería social, encontramos en wikipedia una entrada acerca de un concepto de creciente y rabiosa actualidad ante la posibilidad de un colapso ─debido, entre otras cosas, a los efectos de la automatización en la coyuntura socioeconómica─ denominado como “entetanimiento”:

Los líderes reunidos en [el State Of The World Forum en 1995] llegaron a la conclusión de que es inevitable la llegada de la denominada Sociedad 20:80, aquella en la que el trabajo del 20% de la población mundial será suficiente para sostener la totalidad del aparato económico del planeta. El 80% de la población restante así, resultará superflua, no dispondrá de trabajo ni de oportunidades de ningún tipo e irá alimentando una frustración creciente. Es aquí donde entró en juego el concepto propuesto por Brzezinski. Brzezinski propuso el entetanimiento (“tittytainment”), una mezcla de alimento físico y psicológico que adormecería a las masas y controlaría su frustración y sus previsibles protestas. El mismo Brzezinski explica el origen del término entetanimiento, como una combinación de los vocablos ingleses “tits” (“pechos” en argot estadounidense) y “entertainment” que, en ningún caso, debe entenderse con connotaciones sexuales y sí, por el contrario, como alusivo al efecto adormecedor y letárgico que la lactancia materna produce en el bebé. (…) El modelo del mundo del futuro sigue la fórmula 20 a 80. Se perfila la sociedad de una quinta parte, en la que los excluidos tendrán que ser calmados con entetanimiento.

Nosotros intuímos que, a la vez, tras los efectos especiales de la Sociedad del Espectáculo yace algo más: algo que escapa al análisis racional y que tiene que ver con lo que describía el inquietante autor A.A.Attanasio en esta breve entrevista ─y que podría relacionarse con el concepto de “hiperstición”, refiriéndonos a cierta porosidad entre realidad y ficción. Una porosidad que, como hemos visto y seguiremos viendo más adelante, bien pudiera tener un substrato fisiológico:

El entretenimiento está lleno de alma. Es la acción simbólica llevada a su máximo. Cuando uno se encuentra más entretenido, más ensimismado en una obra de arte, uno ya no se encuentra simplemente con uno mismo. Uno ha entrado en un espacio psíquico compartido con el artista y con el alma colectiva. Desde las primeras historias contadas a la luz de la hoguera, el entretenimiento siempe ha sido la meta, el portal que se abre hacia lo que hay más allá de nosotros.

 

 

» leído en la biblioteca · 4 febrero, 2015

El romanticismo como ocaso

Hablábamos el otro día sobre las dicotomías simples al referirnos a la naturaleza; citamos a William Irwin Thompson desde su The american replacement of nature para expandir un poco más el tema:

La oposición cultural entre el poeta y el ingeniero es profundamente más ambigua que la simple elección entre [“naturaleza buena” y “tecnología mala”] (…) La tecnología puede expresar una espiritualidad inconsciente, y la religión y la literatura pueden convertirse en sectas reaccionarias y movimientos fascistas autoritarios. En los años 70, por ejemplo, muchos grupos “espirituales” derivaron en sectas bastante desagradables, poseídas por los demonios tradicionales del sexo, el dinero y el poder; a su vez, algunos ingenieros electrónicos proveyeron a la gente de [ordenadores personales], módems y faxes que permitieron fortalecer su individualidad.

El verdadero campo de batalla es el cuerpo (…) y quizás revolución sexual del siglo XX haya sido más bien el ocaso de Eros que el amanecer de la liberación.

Cuando la revolución industrial estaba barriendo Europa en el siglo XVIII, poetas y pintores respondieron con un romanticismo que celebraba la naturaleza que se desvanecía. Ahora, con la ingeniería genética por un lado, la inteligencia artificial del otro y las nanotecnologías de por medio, la reproducción sexual lo va a tener difícil a la hora de comportarse de forma innata. Así que no es sorprendente que el romanticismo de la Nueva Era sea una celebración de la consciencia mística y del sexo místico, tántrico. Dado que tanto el ingeniero mecanicista como el místico de la Nueva Era han encendido la vela del materialismo desde extremos opuestos, parece que existe poca posibilidad de salir de este siglo con la misma naturaleza humana con la que entramos en él.

 

 

» leído en la biblioteca · 18 enero, 2015

Consciencia vertical / consciencia horizontal: descorporeización y adicción a los nuevos paradigmas

El núcleo de la “trilogía de la consciencia” de Morris Berman podría resumirse en la búsqueda e identificación de las formas de consciencia pre-agrícolas ─“consciencia horizontal”─ y  en la diferenciación de las mismas con respecto a las surgidas a partir de la agricultura. Éstas últimas ─denominadas por Berman “consciencia vertical”, y que se caracterizarían por un mayor grado de alienación con respecto a la experiencia corporal─ serían las que inconscientemente estarían dando forma a discursos contemporáneos “alternativos” tales como el de la Nueva Era, el pensamiento holístico, la psicología transpersonal e incluso la cultura psicodélica:

Años de trabajo corporal y meditación me llevaron a creer que el fervor del paradigma está enraizado en una negación de nuestra experiencia somática. Las emociones, a menudo dolorosas, viven en el cuerpo; la adicción al cambio de paradigma (como la adicción a las sustancias) nos permite escapar de estas emociones y valiosas percepciones. [Muchos de los filósofos transpersonales] estuvieron (y están) alienados de la experiencia corporal. Crearon una mente más amplia que el paradigma intelectual predominante, pero cuando todo estuvo dicho y hecho, seguía siendo sólo la mente. En mi opinión, su clamor por una espiritualidad renovada solo llegó hasta ahí; claramente [necesitamos] una renovada corporalidad si no queremos reprimir el cuerpo y caer en la trampa de una nueva mitología ─haciendo un fetiche de nuestra supuestamente nueva espiritualidad. (Una historia de la consciencia).

Otra explicación ampliada desde Cuerpo y espíritu sobre esta dicotomía ─denominada así a efectos prácticos, pues el propio Berman ya se encarga de dejar claro que hay una amplia gama de gradaciones de por medio─ entre consciencia vertical y horizontal:

El alejamiento del ascenso hacia la presencia corporal en el mundo implica (…) un desligamiento con el modo de contraste binario de conciencia y estructura de la personalidad. Como he argüido, [este tipo de consciencia] parece inherente, pero no lo es; constituye un artefacto neolítico, una [extensión de la dicotomía “Domado contra Salvaje”] a “Sí Mismo contra lo Otro” y “tierra contra ciclos [agrícolas]”. Por debajo del estrato dualístico de la [psique] humana hay otro (…) que sospecho poseían las culturas cazadoras-recolectoras, y que en gran parte consiste en encontrar el éxtasis en los detalles.

La vida “primitiva” se caracteriza por un compromiso directo con la naturaleza y las funciones corporales. (…) No hay ascenso en este “éxtasis”; todo lo vital es sagrado, no sólo el “cielo”. La estructura es horizontal más que vertical, y tiene en sí un elemento mucho más “femenino” que el que posee nuestra actual conciencia. Todas las estructuras verticales tienen tras de sí una búsqueda del Grial; todas son una forma de heroicidad masculina. Así, la mayor parte de nuestra historia ha sido una especie de artefacto innecesario.

La oposición Sí Mismo/Otro, la estructura binaria, los Objetos transicionales, lo que tendemos a considerar como creatividad, “la herejía contra la ortodoxia”, “la experiencia extática contra la vida ordinaria” ─todo esto, en el análisis final, puede ser [en realidad algo ajeno a nosotros] y (…) no parte de la “naturaleza humana”.

Las figuras arquetípicas del héroe o mitos como el del viaje del héroe serían según esta lectura, al final, un vuelo de alejamiento del cuerpo:

[Éste] significado que [experimentamos] sólo por vías de conflicto, o dialécticas, puede que sólo refleje una noción muy superficial del significado. Este “significado” depende de una división mente/cuerpo; sin ese juego dicotómico, gran parte de nuestra historia se desvanecería simplemente en el aire, dado que tanto de ella es acerca del viaje del héroe para cicatrizar esa brecha. Pero los viajes se hacen principalmente por desasosiego; lo típico es que exista alguna clase de carencia o necesidad. Las cosas “no están bien” aquí, hay algo mejor que encontrar en alguna otra parte.

Los viajes extáticos verticales que como vimos anteriormente caracterizan y dominan la noción occidental de lo que hemos etiquetado como “chamanismo”, podrían de hecho ocupar en las sociedades imbuidas en la consciencia horizontal un papel menos relevante:

Quizás las búsquedas de visiones y los viajes extáticos estaban ausentes en las sociedades cazadoras-recolectoras, o si presentes, probablemente recibían mucho menos énfasis hasta el advenimiento de la edad neolítica. En lugar de ello, la vida era su propio propósito. El éxtasis es necesario sólo en un mundo bifurcado; el héroe sólo tiene sentido en un contexto religioso (binario-mítico).

Volviendo pues al grueso de los discursos contraculturales argumenta Berman:

Esta es la razón por la cual el “cambio de paradigma” propio de la Nueva Era finalmente no funcionará; no importa cuán radicalmente distinto pueda ser el contenido (y de todos modos soy muy escéptico al respecto), la forma es realmente idéntica. El cambio de paradigma aún es parte de la mentalidad salvacionista, un modelo mental patriarcal que aconseja al héroe perseverar, encontrar una nueva forma de conciencia que lo redima. La percepción de que toda esta estructura es ilusoria, es (…) la verdadera herejía que necesitamos abrazar.

Tanto la conciencia horizontal como la reflexividad implican también una sociedad de herramientas más que de cosmovisiones. En el momento mismo en que algo ─ciencia, feminismo, budismo, holismo, lo que sea─ empiece a tomar características de cosmología, debería ser descartado. El cómo se retienen las cosas en la mente es infinitamente más importante que qué está en la mente (…)

Pues hay gran diferencia entre ideas e ideología. Una idea es algo que uno tiene; una ideología, algo que lo tiene a uno. Todas estas creencias, técnicas e ideologías son útiles, pero no “verdaderas”. Lo que sí es verdadero es nuestra necesidad de rellenar la brecha, nuestro anhelo, nuestro impulso de crear cosmovisiones a partir de herramientas, para poder estar “seguros”. [Pero existe una] verdad más honda: [la de que] no necesitamos realmente rellenar la brecha, etc., para poder estar “seguros”. (…) Observaríamos esta necesidad de “seguridad”, pero nos negaríamos a ceder a ella. La seguridad provendría del cuerpo, no de este o aquel sistema.

 

 

» leído en la biblioteca, leído en la web · 28 diciembre, 2014

La revolución gilipollas: anti-contra-ultra-manifiesto para mentes malpensantes

Los humanos viven a través de sus mitos mientras padecen sus realidades.
─Robert Anton Wilson

En este día de los Santos Inocentes escribimos reconociendo nuestra procedencia de familias de “clase media” ─asalariados estatales capital-provincianos actualmente precarizados y no-rentistas sería más exacto─ y abrazando las contradicciones de disponer en nuestras líneas familiares 1) variopintas posturas ideológicas que van desde el experimento comunista-feminista de la Guerra Civil Española al casposillo nacionalcatolicismo más tradicional y 2) también variados ejemplos de movilidad social: pastores venidos a médicos, ingenieros reconvertidos en habituales de la venta itinerante en mercadillos gitanostyle, etcétera (algún ex-adepto de la Igle$ia de la Cienciología también). Finalmente, una cosa más: también reconocemos ser malpensados por naturaleza. De todo esto se seguirá la nada despreciable empanada mental que constituye el cuerpo de esta entrada, la cual no debería ser tomada demasiado en serio y que sólo refleja nuestra ignorancia más abyecta ─y con esto último, posiblemente, una falsa humildad en busca del aplauso.

Empezamos. Nos llamó en su día la atención este fragmento del texto de Don Lindyhomer en El butano popular:

La izquierda tradicional, pensando que el pensamiento mítico es sólo una cosa que le pasa a los curas, sigue atrapada en el imaginario de la revolución heroica de la modernidad, ignorando que la sociedad, desencantada por las promesas incumplidas de la revolución, ha acogido un retorno al sentimiento trágico dionísiaco, y la esperanza del pillo que no puede cortar la cabeza del rey, pero tal vez sí su talón de Aquiles. Sobre estas nuevas estructuras simbólicas se está construyendo un nuevo decorado mítico, incomprensible para nuestros adictos al imaginario de la Ilustración. Otra revolución les pasa inadvertida porque directamente les resulta inconcebible. Son los que ora se lamentan por una anecdótica comisión de biodanza, ora se rasgan las vestiduras por no pasar a la acción violenta sistemática, ora creen haber desmontado una cúpula de Anonymous.

De forma irónica rememora también en su blog Manuel Delgado Ruiz otra anécdota similar que ilustraría esta dinámica:

no me quito de la cabeza lo que quienes nos autodenominamos Frente Culé en la acampada de Plaça de Catalunya tuvimos que soportar en nuestra defensa de que la lucha política era del todo compatible con ver y celebrar luego la victoria del Barça en la Eurocopa.

(Aclaramos que a nosotros, siendo como hemos sido niños de extremada torpeza motora, no nos gusta el fútbol). Bien. Extraeremos en lo sucesivo más fragmentos de la entrada de Delgado, pues los paralelismos que establece entre la contracultura importada desde los EEUU y el puritanismo religioso de acullá es ciertamente fascinante. Sobre esta importación puritana reflexionaba Hernán Migoya en esta entrevista que le hicieron en La paz mundial:

Es cierto que la izquierda está estos últimos años como atontada, porque ha adoptado todos los tics y estigmas estadounidenses de lo políticamente correcto, algo que no comprendo, siendo como son nuestros izquierdistas tan antiestadounidenses. En cambio, la derecha, como en España siempre ha sido campechana, rural y garrula, pues puedes decir más brutalidades y nadie se rasga las vestiduras, paradójicamente. Es como llegar al sitio correcto por el lugar equivocado (…) Cada vez estoy más convencido de que no hay diferencias reales entre la izquierda y la derecha españolas. Ambos extremos conciben al pueblo como entes diferentes, igualmente irreales pero manipulables, y dicen desear cosas diferentes: pero el atavismo en ambos bandos, su motor, me parece el mismo, una compulsión mamada en este país durante siglos, que es la de reprimir, perseguir, insultar, enjuiciar y torturar hasta la muerte. Nos encanta criticar, sentenciar y condenar al que intenta salirse de la mediocridad colectiva. En España el pueblo ─esa entelequia que a mí me provoca arcadas porque, si existe como tal, tenemos el pueblo más infame, sinvergüenza y corrupto de Europa─ siempre gana, como la Banca. Y las raíces de nuestra izquierda y derecha son totalitarias: ambos bandos provienen en su origen de la admiración hacia dictadores.

Este amor por los mesías nos recuerda a aquello otro que mencionaba Antonio Escohotado en esta entrevista en Jot down:

El mesianismo es algo que tiene un pie en la consciencia y otro en la inconsciencia, es un arquetipo universal. El Mesías es el chivo expiatorio racionalizado y el chivo expiatorio está tan conectado con nuestro sistema nervioso como la tendencia humana a desplazar el mal de un lado a otro, la transferencia del mal.

En esta otra entrada de The archdruid report John Michael Greer analiza el fenómeno mesiánico y su relación con las ideologías:

(…) las ideologías se han convertido en el modo dominante del pensamiento social occidental; la idea religiosa de la salvación obtenida a través de la creencia en el dogma correcto se secularizó transformándose en la asunción de que el hombre adecuado, valiéndose del plan adecuado, pondría fin a todos los males de la sociedad (…) una y otra vez, [sin embargo], confiar en una ideología para responder a la realidad [suele ser] la receta para los más lamentables fracasos (…) En la actualidad, por supuesto, los nuevos proveedores de ideologías insisten en que su ideología es diferente porque es la correcta, del mismo modo que los promotores de antiguas ideologías insistían en que la situación era diferente y que los errores del pasado no importaban (…) El hábito de apoyarse en una ideología (…) proviene del lenguaje de la tragedia, en la cual los grandes héroes arriesgan todo y a sí mismos en pos de un ideal. Esto, por supuesto, es campo fértil para el drama y las grandes obras literarias. Pero, dado que los héroes trágicos suelen morir, y con no poca frecuencia suelen arrastrar consigo todo lo que les importa, ¡quizás no sean el mejor modelo para el cambio constructivo!

En un tono más cáustico pero en la misma línea, reflexiona John Gray en Perros de Paja:

Aquellos para quienes la vida significa acción, perciben el mundo como un escenario sobre el que representar sus sueños. En los últimos cientos de años, la religión ha decaído, pero nosotros no hemos estado menos obsesionados con la idea de imprimir un sentido humano a las cosas. La actitud dominante ante la vida ha sido un idealismo secular de escasa enjudia, gracias al cual el mundo ha pasado a ser considerado algo que había que rehacer a nuestra propia imagen. La idea de que el objetivo de la vida no es la acción, sino la contemplación, ha desaparecido casi por completo. Quienes se esfuerzan en cambiar el mundo se ven a sí mismos como figuras nobles, incluso trágicas. Pero la mayoría de los que trabajan en la mejora del mundo no son rebeldes luchando contra el orden establecido. Buscan consuelo para una verdad que su debilidad no les permite soportar. En el fondo, su fe en que el mundo puede ser transformado a través de la voluntad humana es una negación de su propia mortalidad.

Trazando un arco más amplio e inclusivo, Morris Berman propone en Una historia de la consciencia el orígen de la figura del héroe trágico ─junto con los hábitos perceptivos de nuestro sistema nervioso que menciona Escohotado─ al inicio de la agricultura misma:

lo que la civilización (agrícola) consiguió fue desencantar el mundo en un sentido periférico y luego reencarnarlo en un sentido focalizado o centralizado. La [consciencia] vertical finalmente avasalló y reemplazó a la horizontal (…) en particular, en el trance unitivo, la [consciencia] (…) es erradicada del entorno y luego canalizada dentro de ciertas experiencias específicas miradas ahora como normas culturales: el amor romántico (que no existe entre los cazadores-recolectores), el heroísmo (las leyendas arturianas, la búsqueda del Grial) y la necesidad de ir a la guerra: (…) la guerra es crónicamente irresistible para la civilización porque provee situaciones de numinosa intensidad, de modo que uno se siente “vivo”, ligado al universo.

Aclaremos que Berman no aboga por un retorno al paleolítico ni por una instauración masiva de la “consciencia horizontal”, ni por otro lado desdeña por completo la vivencia del trance unitivo o de las “dimensiones transcendentes”. Más bien invita reflexionar sobre cómo en el fondo de toda la discusión ideológica contemporánea podría estar asentada desde hace milenios en hábitos de nuestra psique ─que conformarían un tipo específico de trance. Desde la subversión de estos hábitos psicológicos ─a los que podrían unirse los específicos de las culturas literarias─ donde podría entenderse el discurso en alza sobre la recuperación del chamanismo, aunque como hemos visto anteriormente con frecuencia éste sea un pastiche proveniente de la Nueva Era.

Acabamos volviendo al mismo texto de John Michael Greer mencionado más arriba, en donde propone que frente a la figura del héroe trágico una alternativa sería:

la inesperada posibilidad del héroe cómico. En la tradición literaria occidental, los héroes cómicos han sido a menudo personajes atolondrados, que irrumpen medio a ciegas en situaciones que no comprenden sin más intención que salir por el otro lado de una pieza (…) no son especialmente heróicos, y sus esfuerzos para ir tirando durante la crisis no inspiran la clase de atención reverencial que los defensores de los cambios sociales parecen echar en falta. Sin embargo, a diferencia de los héroes trágicos, frecuentemente llegan al otro lado de la historia, y no pocas veces acaban trayendo consigo al resto del reparto.

En esta línea pues, en magufoapocalipsis.com abrazamos sin fisuras la vía de la revolución gilipollas, aunque nuestro objetivo no es «traernos al resto del reparto» con nosotros. Rememorando pues aquello que decía Daniel Quinn de que «si el mundo va a ser salvado lo será no por mentes con nuevos programas, sino por nuevas mentes sin programa alguno» y en un ejercicio que no negamos sea en el fondo mero wishful thinkingla paradoja de la Nueva Era de nuevo─ desde nuestra posición relativamente privilegiada y acomodada, finalizamos este anti-contra-ultra-manifiesto con este pasaje de Alfredo M. Bonanno en El placer armado:

¿Alguna vez te has encontrado con un revolucionario que no tenga un proyecto revolucionario? ¿Un proyecto que está bien definido y presentado claramente a las masas? ¿Qué raza de revolucionario sería aquella que pretendiera destruir el esquema, la envoltura, el fundamento de la revolución? Golpeando los conceptos de cuantificación, clase, proyecto, modelo, misión histórica y otras antiguallas similares, uno podría correr el riesgo de no tener nada que hacer, de ser obligado a actuar en la realidad, modestamente como cualquier otro. Como millones de otros que están construyendo la revolución día a día sin esperar el signo de un fatal vencimiento de plazos. Y para hacer esto se necesita coraje. Con los esquemas y los juegos cuantitativos se está en lo ficticio, esto es, en el proyecto ilusorio de la revolución, una amplificación del espectáculo del capital; con la abolición de la ética productiva se entra directamente en la realidad revolucionaria.

Éstos son pues nuestros principios: si no les gustan tenemos otros.

 

 

» leído en la biblioteca · 3 diciembre, 2014

Neochamanismo y descontextualización

The soul of shamanism de Daniel C. Noel es un fenomenal texto de 1997 que ayuda a poner en perspectiva mucho de lo que se oye estos días acerca del fenómeno del (neo)chamanismo. Con la intención de citar más adelante y de forma más amplia algunos de sus pasajes, extraeremos hoy de él algunos párrafos que hablan de la confluencia del movimiento de la Nueva Era con dicho fenómeno:

Aunque muchas de las personas atraídas al neochamanismo no piensen acerca de sí mismos como “new agers”, ciertamente el neochamanismo fue vendido como parte del movimiento de la Nueva Era que reemplazó a la contracultura en los años 70 y 80. Esta asociación del neochamanismo con la Nueva Era fue sugerida además por Marilyn Ferguson, cuyo libro de 1980 La conspiración de Acuario sobre «transformación social y personal» es el documento principal anunciando ─y por lo tanto vendiendo─ los principios de la subcultura de la Nueva Era.

Noel, influido por el pensamiento post-junguiano, se muestra crítico con la muy extendida idea “pensamiento holístico”:

Una visión holística del individuo generalmente incluye “cuerpo, mente y espíritu”, particularmente en contextos de la Nueva Era (…) pero (…) cuando se contempla desde un punto de vista post-junguiano no parece lo suficientemente completo, sino parcial: pues, ¿dónde se encuentra su alma?

Desde esta perspectiva, el alma es distinta del espíritu, el cual parece acercarse más al reino de la mente. El espíritu, como la mente, favorece las abstracciones desapegadas, la pureza y la unidad ─características que transcienden tanto la tierra como el cuerpo y su imaginería sensual. El alma, por otra parte, se desarrolla muy bien en los apegos y las imaginaciones, en lo concreto y lo sensual, en el significado inmanente más que en el trascendente, con un énfasis en la multiplicidad y las imperfecciones que se aferran al cuerpo y la tierra. (…)

Así, nos hemos movido a través de varias décadas de psicologías “humanistas” o “transpersonales” y terapias de la Nueva Era en lo que parece un holismo desalmado. (…) [que] carece de la imaginación poética para “dotar” de alma a nuestras vidas en el mundo.

El alma, sin embargo

elude una definición reduccionista; se expresa en el misterio de la vida humana; conecta religión y psicología, amor, muerte y destino [y] sugiere profundidad.

Noel argumenta ─mientras rememora su participación en un taller práctico impartido por Michael Harner─ que, a pesar de la insistencia desde el mismo seno del neochamanismo en la necesidad de dejar a un lado las abstracciones académicas para centrarse en los aspectos más experienciales, lo cierto es que sigue subyaciendo la idea central de que

diferentes culturas tienen diferentes versiones de las prácticas básicas. Pero de esto se sigue entonces que existen «práticas básicas», [de las que pueden sustraerse] «muchas cosas específicas de cada cultura». Las comparaciones son fenómenos indispensables e iluminadores que puede que no revelen todas sus facetas únicamente en sus contextos locales. Lo peligroso es que cuando se descontextualizan en exceso pasan a convertirse en el mínimo común denominador, en una abstracción que acaba guardando escaso parecido con cualquier realidad que pudieran tener en situaciones específicas.

En este mismo sentido se expresa también David Abram desde The Spell of the Sensuous (editado en castellano como La magia de los sentidos), donde advierte de que

hoy en día, en nuestro “mundo desarrollado”, muchas personas que buscan un autoconocimiento espiritual se inscriben en talleres y cursos sobre métodos “chamánicos” de descubrimiento personal y revelación. Mientras tanto, los psicoterapeutas y algunos médicos han empezado a especializarse en “técnicas de curación chamánicas”. El “chamanismo”, pues, ha pasado a denotar una forma alternativa de terapia; entre estos nuevos practicantes de chamanismo popular el énfasis se hace sobre la curación y la comprensión personal. Éstas son metas nobles, sin duda alguna, pero en mi opinión son secundarias y derivan del rol primario del chamán indígena, un rol que no puede realizarse sin una exposición prolongada y sostenida a la naturaleza salvaje, a sus patrones y sus vicisitudes. Imitar los métodos curativos del —o la— chamán sin conocimiento de su relación más amplia con la comunidad natural no podrá, si estoy en lo cierto, más que cambiar ciertos síntomas por otros o mover el foco de la enfermedad de un lugar a otro dentro de la comunidad humana.

 

 

» leído en la web · 16 noviembre, 2014

La paradoja de la Nueva Era

¿Es en el círculo social del lector el vocablo “Nueva Era” un fetiche o, por el contrario, objeto de desdén? John Michael Greer, desde esta entrada en “The Archdruid Report”, da cuenta de la paradoja que envuelve a un movimiento que, leído desde una óptica más sútil, puede ser indicativo de las tendencias socioculturales que están por venir en los próximos años:

Es común que las personas que quieren ser tomadas en serio por una audiencia más amplia vuelvan sarcásticamente sus ojos a un lado cuando se discute la Nueva Era o alguno de los movimientos de pensamiento asociados a ella. Este desdén tan de moda, sin embargo, hace que se pierda la oportunidad de observar un barómetro crucial de las tendencias sociales. En cualquier civilización son las sectas, las manías y las pasiones de las áreas marginales las que señalan los caminos que el resto de la sociedad va a tomar en el presente. Si, digamos, algún académico romano con vocación profética del reino de Nerón o Claudio hubiese querido tener una ligera idea del mundo que iba a suplantar al suyo, habría estado desperdiciando su tiempo escuchando discursos en el foro o en las conferencias de las academias de la época. Habría tenido que que buscar fuera del vientre de su época, donde extrañas sectas venidas de tierras distantes pujaban por la lealtad de los alienados por la adoración a Jupiter Optimus Maximus. La Edad Media ya existía ahí en forma larval, mucho antes de que Roma hubiese oído hablar de los godos o de los hunos, o de que pensara que Jesús de Nazaret no era otra cosa sino una nota al pie de página en la historia de una provincia menor del este.

Pero ya se sabe: lo cortés no quita lo valiente, y rescatamos como contrapunto un extracto de esta entrevista a Morris Berman, en la que da cuenta de otra tendencia bastante pronunciada en dichos entornos:

(…) en cuanto al pensamiento lateral, bien, hace unos años escribí un libro llamado El reencantamiento de mundo en el cual argumentaba acerca de la importancia del pensamiento lateral, oponiéndolo al pensamiento crítico o lineal. Visto lo sucedido desde entonces, ahora me siento como un Loyola antes de la contrarreforma. Así, tenemos a alguien como Deepak Chopra diciéndole a sus admiradores: «¡debéis salir de la prisión del intelecto!». El problema es que se dirige a una audiencia de la Nueva Era que en primer lugar nunca estuvo en la prisión del intelecto. ¡Deben ser tan afortunados! Dejemos que pasen unos veinte años dentro de la “prisión” y ya hablaremos de la importancia del pensamiento lateral.

 

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