» etiqueta:

medios de masas

en 9 entrada(s)

 

» leído en la biblioteca, leído en la web · 4 abril, 2016

Políticas de la imaginación

Repasando la conferencia/ensayo de Philip K Dick “Cómo construir un universo que no se derrumbe dos días después” (enlace) nos encontramos con una matización interesante acerca del tema hipersticioso. Tras relatar episodios personales de escritura que contenía material precognitivo, Dick especula que

(…) los productores, los que escriben guiones, y los directores que crean estos mundos de audio/video, no saben cuánto de su contenido es verdad. En otras palabras, son víctimas de su propio producto, junto con nosotros. Hablando por mí, no sé cuanto de lo que escribo es verdad, o qué partes (si alguna) es cierta. Esta es una situación potencialmente letal. Tenemos ficción imitando a la verdad, y verdad imitando ficción. Tenemos un solapamiento peligroso, una peligrosa zona borrosa. Y probablemente no es deliberado. De hecho, eso es parte del problema. No puedes legislar para que un autor etiquete correctamente su producto, como una lata de pudding cuyos ingredientes vienen listados en la etiqueta… no puedes hacerle declarar qué parte es verdad y qué parte no cuando él mismo lo ignora. (…)

Es reconfortante que Dick, más allá de actitudes glamourizadoras, ─y convendrá aquí cuestionarse el constructo artista-mago-demiurgo─ entienda el fenómeno como algo básicamente problemático y sujeto a contradicciones y enantidromías. A este respecto, y concretamente en relación con la cultura pop de la mediesfera, se manifestaba Collin Bennet en Politics of the Imagination:

Cuando Shakespearre habla de la imaginación lo hace siempre con sobrecogimiento. Yeats, DeQuincey y Shelley casi fueron destruídos al volverse esta furiosa y descontrolada en su interior. Los dictadores intentan aniquilarla, las religiones intentan controlarla, los políticos la censuran, los militantes de la izquierda la odian, los psicólogos intentan cambiarla, la ciencia desconfía de ella casi por completo y en su acepción popular la imaginación se identifica con algo difícil de definir llamado “irrealidad”. Solo los medios de comunicación de masas de nuestro tiempo usan la imaginación de una forma creativa, pero son muy cuidadosos a la hora de confinar el “espíritu formativo” de Coleridge a los estrechos y anodinos confines de los medios electrónicos y sus diversiones efímeras.

Esto nos lleva a lo que Dick, en el mencionado ensayo, describe como «el bombardeo de pseudo-realidades [que] rápidamente comienza a producir hombres de mentira, hombres falsos (…): falsas realidades [que] crearán falsos humanos. O falsos humanos [que] crearán falsas realidades y se las venderán a otros humanos, volviéndolos a su vez falsificaciones de sí mismos». Mitch Fraas proponía en su blog una aproximación más cauta del uso de la imaginación:

Cuando Van Gogh acabó en el psiquiátrico, pintaba la vista que veía desde su ventana exceptuando los barrotes. (…) hay una diferencia entre usar la imaginación para hacerse una imagen de lo que realmente hay ahí y entre usarla para crear un reino de fantasía al cual escapar. (…) La ilusión más grande de todas se ha hecho muy popular estos días. Es la idea de que nosotros creamos nuestra propia realidad. Y parece que podemos hacerlo, pero creo que en verdad no se trata de la realidad. Y podría ser que no hubiese peor destino que acabar en una realidad que hubiésemos creado para nosotros mismos. La cama que has hecho es la cama en la que duermes, y la cama en la que morirás. Lo que quizás sí podemos hacer es descubrir la realidad a nuestro modo, y la imaginación puede ayudarnos a hacerlo, del mismo modo que Van Gogh se imaginaba la ventana sin barrotes para poder tener una mejor vista.

La imaginación fuera de control puede, pues, ser un problema. Así la entendía Jim De Korne en Psychedelic Shamanism:

La imaginación humana es la fuerza motora de la creatividad, y la conceptualización es la construcción de imágenes en el espacio mental. Una creencia —cualquier complejo de conceptos imaginados coherentemente— es una forma de conceptualización particularmente poderosa porque, una vez creada, se autoperpetúa. La intensidad de cada creencia determina la fuerza de su imagen —su existencia en el espacio mental— y por consiguiente la de los efectos que pueda llegar a tener en el mundo físico. Una creencia fuertemente arraigada tiene vida propia y puede extenderse de mente en mente como un virus, siendo capaz de defenderse —a través de sus huéspedes— cuando su supervivencia se ve amenazada.

Es posible imaginar implicaciones ulteriores a todo esto; pero quizás sea más eficiente cimentarlas con prácticas psicocorporales.

 

 

» leído en la web · 21 marzo, 2016

¿Por qué lo llaman “gestión de la percepción” cuando quieren decir propaganda?

Revisando algunas conferencias que Mathias Broeckers tiene colgadas en su sitio web, resaltaremos algo que resultará obvio al magufoapocalíptico medio, pero que conviene quizás repetir como técnica de contrapropaganda. Se refiere a los mecanismos sutiles de lo que se ha venido a llamar “gestión de la percepción“:

[Podríamos llamar a] este fenómeno típico de operaciones de lavado de cerebro “información elusiva” ─información que aparece brevemente, que da cuenta de algunos fragmentos de la realidad y que desaparece del foco de los medios para siempre. No se suprime ninguna noticia o reporte: no existe una censura a la antigua, con controladores de la Gestapo situados en los despachos de las editoriales suprimiendo noticias no deseadas: en realidad se informa de todo. En este sentido, seguimos teniendo “prensa libre”. Pero la simple apariencia de reportaje informativo no significa que la imagen que pintan los medios se convierta en “noticias”, porque convertirse en “noticias” ─esto es, volverse parte de la imagen que pintan los medios─ implica que sean repetidas una y otra vez. Es sólo la repetición sin fin de un reportaje o información lo que la convierte en “noticia”, y es sobre todo esta repetición lo que la hace llegar a la atención pública. Pero lo que llega finalmente a la atención pública por repetición constante ─en oposición a la simple aparición singular en un reportaje informativo─ es controlado estrictamente, y lo que es más importante: cuanto mayor sea el alcance del medio, el control se hará más estricto. (…)

¿Por qué son los puntos de vista alternativos inmediatamente etiquetados como “teorías de la conspiración“? ¿Es por la falta de evidencia? Ciertamente no, [porque muchas veces] hay evidencia lo suficientemente convincente como para al menos iniciar investigaciones ulteriores de carácter más profundo. Pero no se les quita valor a estos puntos de vista usando la lógica o la razón, sino (…) desterrándolas de un modo medieval, calificándolas como “grotescas”. (…) Este mecanismo de declaración de ciertos puntos de vista como un tabú en la opinión pública por parte de una nueva inquisición yace en el corazón de la manipulación de los medios ─así funciona el sistema, como ya lo hizo en la Edad Media. La diferencia es que ─gracias a los medios de comunicación de masas─ la Nueva Inquisición posee herramientas más poderosas para difundir el dogma y para marcarlo a fuego en los cerebros del público. Como dijo uno de los pioneros de la emisión de propaganda ─el experto en lavado de cerebro y secretario de propaganda de Hitler, Joseph Goebbels: «una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad»

Por supuesto: esto no es nada nuevo. Citemos como corolario al profesor William E. Daugherty desde A Psychological Warfare Casebook, publicado en 1950 bajo contrato con la armada estadounidense:

Si provees a un hombre de información correcta durante siete años, creerá en la información errónea el mismo primer día del octavo, cuando, desde tu punto de vista, sea necesario que lo haga. La primera tarea es cimentar la credibilidad y la autenticidad de tu propaganda y persuadir al enemigo para que confíe en tí aunque seas su enemigo.

Lo cual nos estaría llevando, claro está, a la situación descrita por Jesús García Blanca en El rapto de Higea (PDF):

(…) en los regímenes tecnodemocráticos se ha conseguido dar el paso de la interiorización del dominio: todo el mundo hace lo que debe creyendo que hace lo que quiere. En palabras de Jesús Ibáñez: «para que el orden social funcione tiene que ser inconsciente. Si la gente supiera para qué y para quién hace lo que hace, no lo haría».

 

 

» leído en la biblioteca, leído en la web · 23 febrero, 2016

¡Nos están MK-Ultrizando!: demistificando el simbolismo oculto del pop

La interpretación del simbolismo esotérico del que hacen gala muchas piezas de la cultura popular como un arma de control mental o una orquestación de mensajes ocultos es un lugar común en el Complejo del Conspientretenimiento. Peter Levenda ofrece en The Secret Temple una lectura más prosaica del orígen de este simbolismo:

[En el pasado] los artistas de la memoria se dieron cuenta de que era más fácil retener una imagen que una cadena de palabras; así que usaban [imágenes] como dispositivos mentales mnemotécnicos. (…) El uso de imagenes en vez de palabras es algo que también encontramos en sociedades secretas y órdenas ocultas. El propósito de su uso es dual: a la vez que útiles como dispositivos mnemotécnicos, el [simbolismo oculto] es oscuro e impenetrable para los foráneos. Servían como una especie de código que podía ser interpretado sólo por los iniciados a los que se les hubiesen impartido los secretos en el momento de la iniciación (…), sirviendo como medio de instrucción para los [que fuesen] iletrados.

La prevalencia del fenómeno, dentro del marco actual de fusión paranoica pop, la expone en términos sociopsicológicos Christopher Knowles en esta reciente entrada de su blog:

El degradado simbolismo oculto que hemos presenciado en la música pop durante las pasadas décadas parece no sólo provocación intencionada, sino también una especie de contrapunto al dominio de lo hiperracional en todos los ámbitos No estaríamos viendo tanto del mismo si no estuviesem, del algún modo, resonando con la cultura: hace que los productos se movilicen y obtiene preciados clicks, y esto incluye los de todas las personas que dicen aborrecerlo pero que no pueden dejar de contemplarlo.

Se reduce a esto: cuanto más intentemos empujar lo irracional o lo sobrenatural a los márgenes, cuanto más intentemos negar su lugar en la cultura, mayor influencia tendrá sobre la misma; (…) porque lo irracional se expresa mejor a través del arte, el cual mueve al alma humana más de lo que la ciencia o las matemáticas podrían atreverse a soñar.

 

 

» leído en la biblioteca, leído en la web · 23 marzo, 2015

Entretenimiento e hiperstición

Se lamentaba Rupert Sheldrake en Caos, creatividad y consciencia cósmica de que «cuando a los niños se les enseña literatura en el colegio (…) el profesor no les lee grandes poemas acompañados del redoble de un tambor y de la introducción de la magia y la esfera del mito» y de que por lo tanto nuestra cultura se vuelve incopórea y distanciada del cuerpo y la emoción. En magufoapocalipsis.com pensamos que es la cultura popular de corte audiovisual de los medios de masas y las tecnologías de la información la que está creando una nueva zeitgeist, aunque no sabemos exactamente de qué tipo. Para Terence McKenna esto se enmarca en lo que él llamó “revival arcaico” y no se trataría exactamente de una “nueva era”:

El fenómeno de la Nueva Era [que trivializa el significado de la próxima fase en la evolución humana] es esencialmente psicología humanista de los 80, con el añadido del neo-chamanismo, la canalización, y las terapias de cristales y hierbas. El resurgimiento de lo arcaico es mucho más amplio, un fenómeno bastante más global que asume que recuperaremos formas sociales del neolítico tardío, y que toma del siglo XX a Freud, el surrealismo, el expresionismo abstracto, e incluso un fenómeno como fue el Nazional Socialismo ─como forma negativa. Pero el énfasis en los rituales, la actividad organizada y la consciencia de nuestros ancestros son temas que han sido tratados durante el siglo XX, y el “revival arcaico” es una expresión de todo esto.

En The american replacement of nature, William Irvin Thompson vuelve sobre esta temática, haciendo énfasis en la faceta de control social del fenómeno:

Los ingenieros de la imaginación de hoy en día han llegado a un niveles de entendimiento muy sofisticados en la gestión de las muchedumbres por medio del uso subliminal del sonido. (…) Lo que realmente asusta de esta manipulación del cuerpo político mediante [estas técnicas] es que realmente funciona. (…) Como el filósofo de la evolución de la consciencia Jean Gebser reconoció mientras vagaba en Europa refugiándose del fascismo de la Alemania de Hitler y la España de Franco: el énfasis en lo visual y la perspectiva linear es característica de la Era Mental que surgió en el Renacimiento italiano; pero los niveles más antiguos de la consciencia, el Mítico y el Mágico, eran mundos auditivos en los cuales los sonidos entretejían a las personas en la fábrica de la vida.

La era moderna de del individuo es la era del individuo situado en la cúspide de un campo de vision piramidal creado por la perspectiva. El individuo moderno, el educado patriarca de clase media, es el lector, solo en su estudio con hileras de libros intentando comprender el mundo a través de los textos de la civilización. Es el mundo de la Galaxia de Gutemberg de Marshall McLuhan y de la Estructura Mental de Jean Gebser. [Ambos] reconocieron que la modernidad se estaba agotando y que entrábamos en una nueva estructura de la consciencia. La era del individuo alfabetizado con su mente trabajando en su librería y su representante en el parlamento ha acabado, y el sonido de este tránsito final es el ruido.

El ruido es el solvente de la individualidad del renacimiento; es el sonido que no asegura al individuo el espacio o la soledad para la sabia e informada reflexión. Ya sea para un adolescente en una discoteca, un yuppie en un restaurante ruidoso, o una matrona de mediana edad en el centro comercial, el silencio no es sentido como una estimulante ocasión para la reflexión; es una cosa negativa que asusta: una oscuridad auditiva.

En la misma línea de crítica ante la ingeniería social, encontramos en wikipedia una entrada acerca de un concepto de creciente y rabiosa actualidad ante la posibilidad de un colapso ─debido, entre otras cosas, a los efectos de la automatización en la coyuntura socioeconómica─ denominado como “entetanimiento”:

Los líderes reunidos en [el State Of The World Forum en 1995] llegaron a la conclusión de que es inevitable la llegada de la denominada Sociedad 20:80, aquella en la que el trabajo del 20% de la población mundial será suficiente para sostener la totalidad del aparato económico del planeta. El 80% de la población restante así, resultará superflua, no dispondrá de trabajo ni de oportunidades de ningún tipo e irá alimentando una frustración creciente. Es aquí donde entró en juego el concepto propuesto por Brzezinski. Brzezinski propuso el entetanimiento (“tittytainment”), una mezcla de alimento físico y psicológico que adormecería a las masas y controlaría su frustración y sus previsibles protestas. El mismo Brzezinski explica el origen del término entetanimiento, como una combinación de los vocablos ingleses “tits” (“pechos” en argot estadounidense) y “entertainment” que, en ningún caso, debe entenderse con connotaciones sexuales y sí, por el contrario, como alusivo al efecto adormecedor y letárgico que la lactancia materna produce en el bebé. (…) El modelo del mundo del futuro sigue la fórmula 20 a 80. Se perfila la sociedad de una quinta parte, en la que los excluidos tendrán que ser calmados con entetanimiento.

Nosotros intuímos que, a la vez, tras los efectos especiales de la Sociedad del Espectáculo yace algo más: algo que escapa al análisis racional y que tiene que ver con lo que describía el inquietante autor A.A.Attanasio en esta breve entrevista ─y que podría relacionarse con el concepto de “hiperstición”, refiriéndonos a cierta porosidad entre realidad y ficción. Una porosidad que, como hemos visto y seguiremos viendo más adelante, bien pudiera tener un substrato fisiológico:

El entretenimiento está lleno de alma. Es la acción simbólica llevada a su máximo. Cuando uno se encuentra más entretenido, más ensimismado en una obra de arte, uno ya no se encuentra simplemente con uno mismo. Uno ha entrado en un espacio psíquico compartido con el artista y con el alma colectiva. Desde las primeras historias contadas a la luz de la hoguera, el entretenimiento siempe ha sido la meta, el portal que se abre hacia lo que hay más allá de nosotros.

 

 

» leído en la biblioteca · 17 marzo, 2015

Robert Crumb vs. artistas del trance heróico

En el recopilatorio Entrevistas y cómics Robert Crumb reflexiona acerca de los procesos de mitopóyesis que generan los medios de masas:

Bueno, es como dijo Marshall McLuhan, los medios de con reflejan las tensiones o ansiedades de una cultura de manera indirecta porque la gente no puede mirarlas de frente. Una de las razones es que están demasiado metidos en un trance hipnótico de negación y de engaño como para ser realmente capaces de hacerles frente. Coge una película como “Terminator 2″, que he visto hace poco. No podía creer el nivel de violencia y gritos que había en ella. Salía una mujer que gritaba: «Joder, maldición, hijo de puta!» a pleno pulmón durante toda la película, ¿sabes? Obviamente, es un reflejo indirecto de Estados Unidos, de cómo se siente aquí la gente. Por supuesto, esto es la pescadilla que se muerde la cola una y otra vez.

[Sin embargo, novelistas, poetas y dramaturgos sí tratan muy directamente los problemas contemporáneos de Estados Unidos]. Pero es una parte muy pequeña de la población la que puede enfrentarse a estos problemas cara a cara, de una forma analítica o crítica. La mayoría de la gente necesita tener un reflejo indirecto de lo que pasa y que esté disfrazado de ficción, y que es [un reflejo tan indirecto que se convierte en un sinsentido]. Aunque es una salida, la verdad. Convierte la realidad en un mito, que es lo que la mayor parte del mundo necesita para mantener los pies en la tierra.

Acerca de la incapacidad que tenemos, personal y culturalmente de mirar directamente al subconsciente, Crumb apunta:

(…) es muy posible silenciar al subconsciente. Muchas veces la gente ni siquiera sabe que lo está silenciando; hacen, simplemente, lo que está de moda o lo que creen que está de moda. Es raro encontrar a alguien que deje aflorar al subconsciente, porque a la gente eso le asusta. (…) Muchas veces se revela de una forma inconsciente. Puedes leer cómics de Marvel y encontrar revelaciones del subconsciente colectivas y reprimidas. No son personales, sino que son declaraciones colectivas. Las formas artísticas de la cultura popular te muestran lo que está pasando realmente bajo la superficie. Te lo muestran hasta los cómics de mierda de Marvel, pero ni los mismos artistas lo saben. No están dejando aflorar realmente a su subconsciente; es él el que se revela de manera indirecta. Básicamente es una locura colectiva. Es lo que hace el comportamiento de la clase media tan fascinante de estudiar. Ahí puedes ver esa locura colectiva. [La cultura popular no la saca a la luz], es una locura de comportamiento colectivo. Ya está en la superficie. Tienes que alejarte para ver lo loco que es. A medida que pasa el tiempo te das cuenta de que era una locura de comportamiento, pero es dificil verlo en tu propia época. Pero los artistas que sí que permiten que su subconsciente tome parte en su obra son poco comunes.

¿Por qué serían poco comunes? Para Crumb, la mayoría de artistas

(…) se mueren por complacer a los demás; por darles lo que quieren o lo que ellos creen que quieren. Lo hacen por dinero o por obtener su aprobación. Puedes tener las ideas políticas más acérrimas del mundo y querer ayudar a la humanidad, pero si tu subconsciente está completamente anulado para conseguir la aprobación de los demás, no vas a ninguna parte. Aunque muchas veces es más por razones de egoísmo, para obtener algún tipo de beneficio. Muchos hacen eso, se convierten en personas muy hábiles y cautivadoras de cojones en su trabajo, y en el fondo no hay nada real ahí, pero eso vende. Satisface el deseo de todos de formar parte del grupo. Crea un sueño de cuento de hadas de cómo debería ser el mundo. [El deseo de formar parte del grupo es un impulso subconsciente del que no se dan cuenta y que quizá sea imposible dominar]. No piensan que lo hacen por formar parte del grupo; solo piensan que es guay, que mola. Aunque con algunos matices también. Muchos artistas que son así tienen algunos elementos de verdad en su trabajo. No es todo blanco o negro.

Un poco más adelante señala que las narrativas autobiográficas pueden emparejarse demasiado fácilmente con el arquetipo del héroe y dar lugar a ficciones distorsionadas:

[La obra autobiográfica] puede arrebatar la capacidad de hacer ficción por completo. Justo después de acabar una obra autobiográfica intensa, es muy dificil cambiar el chip y hacer algo imaginativo. (…) Contar la verdad sobre tus vivencias y hacerlo de forma divertida y entretenida, eso es tener un don. Me atrae mucho todo ese rollo del autodesprecio, de convertirte a ti mismo en un personaje absurdo. Es muy irritante que algunos hagan cosas autobiográficas y se pinten como héroes. Lo han hecho muchos dibujantes, pintarse como súper guays. (…) es como neutralizarte. Todos los demás son unos locos, todo a tu alrededor está loco, pero tú molas. Algo así. Eso es deshonesto, es no ser honesto contigo mismo. Cuando te encuentras con gente que ha hecho esto, es como que tienen la cualidad de la imbecilidad. Se ve que no saben plantarle cara por sí mismos.

Frente a esta cualidad, que identifica con una deriva cristiana y protestante, contrapone el rasgo de carácter judío de autodesprecio cómico (de un modo similar a la contraposición entre héroe trágico y héroe cómico que mencionábamos en nuestro manifiesto gilipollas):

El humor de muchos artistas y humoristas judíos tiene una vena de que han heredado de su cultura. Es como que tienen muy arraigado lo de saber reírse de sí mismos. Esto es muy dificil de hacer para los cristianos, para los protestantes blancos y anglosajones o para los católicos. Para mí, adoptar ese rasgo judío ha sido como un ejercicio de yoga. Como a los cristianos se les enseña desde que nacen a aspirar a la perfección, es muy difícil admitir que no eres perfecto, sobre todo en público. Hay una especie de rigidez en los protestantes o en los católicos que no tienen los judíos. Los judíos son bien capaces de poner de los nervios a los gentiles riéndose de su rigidez sobre la autoperfección. Cuando dirigía la revista Weirdo, lo que me gustaba publicar, por rudimentario o poco profesional que fuera el dibujo, era aquello que destilaba una verdad inconsciente. Era un espécimen raro de encontrar. Normalmente no tenía nada que ver con las aptitudes profesionales de la persona. Algunos de los que lo hacían tenían mucha formación y aptitudes, otros no. Es una peculiaridad que tiene la gente que puede hacerlo.

 

 

» leído en la biblioteca, leído en la web · 28 febrero, 2015

Oscuridad audiovisual

Hace poco la revista digital El Estado Mental publicaba una entrevista de Frank G Rubio a Jesús Palacios, en donde se toca un tema de interés en nuestro contubernio magufoapocalíptico: la de la esfera de la cultura popular y audiovisual como mecanismo hipersticioso y, más concretamente, la del cine como trance extático moderno:

En las películas malditas que analizo en el libro entran muchos otros factores, que las dotan de inquietante atractivo: casualidades, sincronismos, rodajes accidentados, directores, estrellas y personajes carismáticos, sociedades ocultistas, mensajes subliminales, teorías de la imagen y su uso. [Estos] filmes (…) componen una suerte de historia secreta del cinematógrafo, una serie de puntos que al unirse trazan un mapa nuevo, totalmente diferente del que nos hemos acostumbrado a contemplar, del territorio de lo cinematográfico y lo real, de la ficción y la verdad, lo fantástico y lo posible, que desafía la lógica y cuestiona nuestro sentido de la realidad.

Para Palacios, Hollywood llega a conformarse como un ente autónomo, del mismo modo que como veíamos hacen los estados-nación:

En efecto, el Hollywood más siniestro, el que está detrás de las verdaderas maldiciones que acompañan nuestras películas y muchas otras, es una especie de entidad demoníaca que se ha creado en torno a la industria misma del cine estadounidense. Hollywood es mucho más que un nombre, que un lugar geográfico, unos estudios o una serie de empresas cinematográficas. Es un ser vivo, más grande que la vida misma, confeccionado como el monstruo de Frankenstein con fragmentos de todas las artes, que se alimenta como Drácula de la sangre de quienes se dejan atrapar por su poder de fascinación, un Mefistófeles que roba el alma de aquellos a los que promete inmortalizar. Desde luego, como tal, alcanza a veces majestades divinas y alturas celestiales, pero sólo a costa de hacer descender al infierno más profundo a muchos de los que contribuyen a su causa, desde técnicos, artistas y empresarios hasta los propios espectadores. Muchos de los directores que están relacionados con las películas malditas de mi libro sufrieron las consecuencias de este Hollywood/Moloch devorador.

Nuestro único problema frente al análisis de Rubio y Palacios es simplemente formal; el campo simbólico que emplean tiene para nuestro gusto demasiadas reminiscencias estacionadas en el paradigma dominante. Por ejemplo, el ascenso a los cielos y el descenso a los infiernos puede verse como la enésima encarnación del vuelo extático vertical. Del mismo modo, la caracterización como entidad demoníaca, la aparición de Moloch o Mefistóteles nos hace reflexionar acerca de la posibilidad de que la crítica derive a su vez de los tics protestantes de la crítica contracultural estadounidense. Lo mismo con la asociación entre oscuridad y negatividad ─la entrevista la han titulado “La luz oscura de Hollywood”─ tan frecuente en el imaginario Occidental. Frente a lo que interpretamos como cierta inercia simbólica, ofrecemos como contrapunto una cita de Mawa del colectivo Corazón Terrícola:

Sépase que la luz no es más que una chispa en la fertilidad silenciosa del ser, una eyaculación fugaz en la inmensa y oscura matriz del infinito. La oscuridad contiene todas las sabidurías, todas las cumbres y todos los abismos; la oscuridad es fértil y se basta a sí misma, nada busca ni impone, nada obliga o resigna; no le temas, abrígate en ella.

Observaba Terenci Moix en Historia Social del Cómic que muchas veces el sentido apocalíptico empleado por los detractores de la civilización de la imagen «basan sus diatribas más en lo que de alienador ha producido el reciente reinado de [la imagen] que en una consideración detenida de las posibilidades que puede ofrecer en el futuro».

Siendo como somos conscientes de que estar viviendo la disolución del trance alfabético, en magufoapocalipsis.com preferimos de momento instalarnos en la paradoja, la ambigüedad y ─sin llegar a aceptar la indefensión aprendida─ la aceptación de una profunda e impotente ignorancia (aunque esto último lo decimos porque queda muy bien lo de ir de humildes, ojo). Desde luego opinamos que todo parece tomar tintes distópicos, y que la imagen es sin duda uno de los mecanismos hipnóticos más potentes; pero frente al hábito occidental de proyectar un futuro lineal abrazamos la idea del futuro fractal, en el cual nos vamos adentrando, momento a momento, dando cortos pasos.

 

 

» leído en la web · 23 enero, 2015

Reacciones condicionadas ante el terrorismo mediático (una historia corporal de las falsas banderas)

Jason Horsley reflexiona en esta entrada de su blog acerca de los paisajes inconscientes en los que uno se adentra al explorar el territorio de las teorías de la conspiración:

Pienso que lo que estamos observando cuando entramos en la “consciencia paranoica” es la manera en la que todos somos juguetes en manos del inconsciente. Ciertos grupos han aprendido a explotar este conocimiento para hacerse con un poder relativo sobre los demás: una conspiración local (individual) se extiende a un nivel colectivo, global. Desde este punto de vista, las “masas-objeto-de-control” son a su vez simbólicas para el inconsciente de las “élites-que-quieren-el control”, que desean controlar lo que no puede ser controlado, esto es, ¡su propio inconsciente!

Así pues, mientras sigamos buscando el control sobre lo que no puede ser controlado y mientras estemos siendo guiados por el mismo deseo (inconsciente) de intentar controlar a los demás, somos cómplices de un sistema de control que al final no puede controlar nada excepto los cuerpos y las mentes de los demás.

En otro lugar, Horsley detalla esta idea de control social en el contexto de las reacciones viscerales ante sucesos geopolíticos claves (mediatizados) especialmente traumáticos ─interpretados por la subcultura de la teoría de la conspiración como montajes intencionados o “falsas banderas”:

(…) la experiencia dispara las memorias corporales de crecer en un entorno en el cual verdades obvias son encubiertas [y en el que se infunde miedo y coerción] con el objetivo de consentir la falsa narrativa. Opino que los poderes fácticos organizan sus pequeñas piezas de teatro terroristas de forma en que estas formativas tensiones psicológicas (familiares) se reactivan en la psique de las personas. [Esto hace] que el doble vínculo sea revivido, y la fractura de la psique colectiva se hace más profunda ─quizás entre aquellos que escapan a la disonancia cognitiva provocada por el doble vínculo haciendo más profundo su doblepensar versus aquellos que experimentan una disonancia cognitiva incrementada, ya no tanto [por la tensión entre] lo que los medios de comunicación de masas les dicen que está sucediendo y lo que ven con sus propios ojos (…), sino entre la necesidad de sentirse seguros en su grupo social y [la experiencia] de verse cada vez más alienados del mismo.

[En este sentido], el que se esté volviendo imposible incluso señalar la falsedad o inexactitud de las informaciones sin ser etiquetado como un teórico de la conspiración (…) [es] una experiencia bastante similar a la de un niño al que se le dice que calle y que deje de hacer el tonto si lo que quiere es sentarse con los adultos.

 

 

» leído en la web · 14 enero, 2015

La izquierda, la derecha, la teoría de la conspiración y la fusión paranoica (pop)

Le preguntan a Erik Davis por las teorías de la conspiración en esta entrevista en Vice:

Es importante reconocer que “teoría de la conspiración” es un término derogatorio que se usa contra gente que, en ocasiones, señalan conspiraciones muy reales y dañinas. El poder, en esencia, toma la forma de conspiración. Así que ─incluso sin ser un izquierdista zumbado sino uno razonable─ hay mucho de verdadero en concebir nuestra condición actual como resultado de la conspiración.

El hecho de que existan determinados grupos en la sombra no significa necesariamente que tengan las manos puestas sobre los engranajes del control en mayor medida que otros grupos que pululan por ahí fuera ─con sus propias y alocadas agendas. Veo varios grupos manipuladores: las grandes corporaciones, las agencias de inteligencia, los super-ricos, bromistas varios y los tecnólogos transhumanistas. Todos estos grupos se están moviendo hacia el futuro, así que si sales a buscar conspiraciones las vas a encontrar en todas partes.

La izquierda suele reaccionar negativamente ante los discursos que incluyen las teorías de la conspiración ─dice Jeff Wells en su Rigurous Intuition (blog homónimo aquí)─ porque éstas se hallan asociadas «al ridículo y la apariencia de las supersticiones de la derecha reaccionaria contra las que han estado luchando durante toda su vida política».

Jonah Weiner señala sin embargo en este artículo en Slate un extraño giro que se da en la cultura estadounidense y que presumiblemente se estará extendiendo a la cultura globalizada mientras picamos estas líneas:

Hay un fuerte aroma a derecha religiosa en gran parte del discurso del Iluminismo pop (…) Sin embargo, en un giro que evade el sentido común, la paranoia Illuminati no sólo se adhiere a aquellos en la extrema derecha que temen un asalto ateo/negro/gay, sino también al otro extremo del espectro político. En la extrema izquierda ─negra─, los persistentes temores al control y a la asimilación por parte de las estructuras de poder ─blancas─ encuentra su voz en las teorías Illuminati. Michael Kelly usó el término “fusión paranoica” para describir este extraño solapamiento de la izquierda y la derecha.

Además, y atendiendo a este ensayo de Stef Aupers titulado “Trust no one: Modernization, paranoia and conspiracy culture” esta influencia de la derecha religiosa se habría venido diluyendo durante los últimos tiempos:

Las teorías de la conspiración tradicionales, las producidas alrededor de los años 50, típicamente demonizaban a judíos, musulmanes y comunistas como conspiradores —grupos que se asumía amenazaban la sociedad o perturbaban las barreras entre “nosotros” y “ellos”. Esta forma de paranoia sobre un “Otro” exótico, paradójicamente, reafirmó tanto la identidad personal como la nacional y facilitó cierto tipo de catársis cultural.

La teoría de la conspiración contemporánea es diferente: trata menos de señalar como chivo expiatorio a un “Otro” real o imaginario, pero puede caracterizarse como paranoia hacia las instituciones de la misma sociedad moderna creadas por humanos. Este tipo moderno (…) se opone diametralmente al tipo tradicional, dado que sus teorías tratan del “enemigo interno” —las desconocidas y maliciosas fuerzas que operan dentro de la maquinaria de los laboratorios científicos, de las corporaciones modernas, del estado y de la política.

Peter Knight escribe sobre este respecto acerca de una notable transición desde una “paranoia segura” a una “paranoia insegura”: «para la generación posterior a los 60, la paranoia se ha convertido más en una expresión de infatigables sospechas e incertidumbres que en una forma dogmática de alarmismo» y «el conspiracionismo popular ha mutado de una obsesión con un enemigo fijo a una sospecha generalizada sobre fuerzas conspirativas, (…) a una versión más insegura de las ansiedades infundidas por las conspiraciones que lo transporta todo a una regresión infinita de sospecha».

Esta fusión paranoica con la modernidad ─por tanto también con los medios de comunicación de masas, apunta Justin Boland (@brainsturbator, @skilluminati)─, no se verá exenta de la banalización; pero, a la vez, conformará un caldo de cultivo en la cultura popular que está por venir:

La señal siempre se degrada, se distorsiona … y se hace cada vez más popular. Lo estúpido es accesible, y a la gente le gusta lo estúpido. A la gente le gustan los extraterrestres, los malos-de-la-película satanistas y la adquisición de productos que expresen su conocimiento oculto. Es difícil exagerar cuán hueco se ha vuelto el Complejo del Conspientretenimiento en 2010. La teoría de la conspiración se está enseñando en estos momentos a los americanos en pizarras. La Visión Remota ha pasado de ser un proyecto clasificado a una mini-industria de packs de entrenamiento en DVD que compiten entre sí. Incluso Tila Tequila está siguiéndoles el rastro a los Illuminati. Estamos ante una demografía emergente que será extremadamente importante durante la próxima década.

 

 

» leído en la web · 16 noviembre, 2014

Ceci n’est pas un OVNI


Hemos acompañado conscientemente el logotipo de nuestro proyecto web con la imagen de un platillo volante, con la intención de insertar un pequeño mindfuckeo al internauta que se exponga al mismo ─con la esperanza de que además cuente con la curiosidad suficiente como para hacerle clic encima y seguir leyendo esta entrada.

Jerry Mander, ex-publicista y veterano crítico del complejo mediático audiovisual, nos recuerda desde una reciente charla ─transcrita aquí, y a la que hemos llegado gracias al siempre informativo grupo de FB del podcast “C-Realm”─ que:

(…) la imaginería publicitaria, la cual todos tendemos a pensar que es tonta y estúpida (…) es un sistema muy poderoso de proyección a nuestro cerebro. La mayoría de la gente se mofa de la noción de que las imágenes tengan tal poder. Nos gusta pensar que nuestra inteligencia nos protege; pero la publicidad no tiene nada que ver con la inteligencia, es mucho más simple que eso. Consiste en la implantación de imágenes.

Sigue Mander:

Veamos: si ahora digo «el conejito de las pilas Duracell», o [«Tony, el tigre de Kellogg’s»], o [«el león de la Metro»], ¿se ha aparecido una imagen de los mismos en vuestra cabeza? Mi compañero en la industria publicitaria Howard Gossage dijo una vez que «la publicidad guarda un sucio secreto que nadie entiende: que una vez las imágenes están en tu cabeza, ya nunca se van». Son tuyas para siempre. La imagen vive en tu cerebro y realmente se vuelve parte de tí, especialmente si no haces un esfuerzo para estudiar activamente lo que se está diciendo y averiguar lo que realmente piensas de ello. Además, te llega a un ritmo de 200 millones de dólares al año, con el ciudadano medio viendo 4 cuatro horas y media de televisión al día y viéndose expuesto a 30.000 anuncios al año, lo cual explica muchas cosas. El desequilibrio informacional de nuestra sociedad es vasto y trágico. ¿Cómo podemos protegernos de ésto?

En magufoapocalipsis.com experimentamos la misma sensación con respecto los OVNIs ─los cuales, si hablamos con propiedad, son sencillamente Objetos Volantes No identificados. El escritor Robert Anton Wilson bromeaba acerca de esto mismo al señalar:

He visto más OVNIs que la mayoría de personas porque no tengo ningún dogma acerca de ellos, y siempre acabo viendo alguna cosa extraña que en realidad no sé qué es. He visto OVNIs, pero también he visto ONVNIs ─Objetos No Volantes No Identificados. El mundo está lleno de cosas que me confunden, y no estoy seguro ni de lo que son ni de cómo clasificarlas.

Hemos leído bastante literatura ufológica que va más allá de la idea cultivada por parte de la cultura popular de que los OVNIs son platillos volantes de procedencia extraterrestre. Hemos leído a Jacques Vallé, a John Keel, a Freixedo y a Trevor James Constable. Hemos repasado las ideas de Carl Jung y de otros autores como Keith Thompson ─que han contemplado el fenómeno desde el prisma arquetípico o mitológico. Nos hemos pasado por las teorías psicodélicas de Terence McKenna, por la ufología de vanguardia de los magazines The Excluded Middle o El Ojo Crítico. Hemos leído algunos de los exhaustivos libros de Nick Redfern, Mark Piklington y el paisano Manuel Carballal, que enfatizan el componente desinformativo y propagandístico del fenómeno.

Y sin embargo no podemos evitar, al escuchar a alguien pronunciar la palabra “OVNI”, el que se nos venga inmediatamente a la cabeza la imagen de un platillo volante ─sin estar, por otro lado, convencidos de que sea un fenómeno completamente manipulativo en esencia.

Sirva esta entrada pues, para reconocer “la traición de las imágenes” ─como señalaba Magritte─ en la que nosotros mismos participamos al embellecer con nuestras habilidades gráficas el contenido de esta página web.

Parafraseando al pintor francés: si hubiéramos escrito al lado del logotipo «esto es un OVNI», ¡habríamos estado mintiendo!

 

foro twitter Image Map