» etiqueta:

dinero

en 3 entrada(s)

 

» leído en la biblioteca, leído en la web, visto en la web · 31 marzo, 2015

Sexo en Babilonia


Hablábamos en la primera parte de este escrito de cómo la cultura popular estadounidense está generando una nueva ─y boyante─ religiosidad centrada en, denominémoslo así, la “brujería”. Podría pensarse que estamos ante una reacción ante el patriarcado, como así señalan numerosas lecturas que importamos de allá. El punto de vista de de William Burroughs ─quien describiera la sociedad estadounidense como un matriarcado maligno, conformista y prosaico─ era, sin embargo, diferente:

La situación ha cambiado radicalmente, digamos desde los años 20 en los que yo era un niño; podrías describir aquella época como un matriarcado de núcleo duro. Ahora, la situación se ha complicado con la píldora y la revolución de la liberación de la mujer, que presuntamente estaría debilitando dicho matriarcado. Esto es al menos lo que dicen que están haciendo, que quieren que las mujeres sean tratadas como todo el mundo y que no quieren disfrutar de prerrogativas especiales simplemente por el hecho de ser mujeres. No sabría exactamente como describir esta situación. Ciertamente, no se trata de una sociedad patriarcal ─hablo de la América contemporánea─ pero tampoco creo que puedas describirla como un matriarcado arquetípico o uniforme ─quizás con la excepción del sur de los Estados Unidos.

Para una reexaminación de la falsa dicotomía entre “norte democrático” y “sur esclavista” puede consultarse Edad Oscura Americana: La Fase Final Del Imperio de Morris Berman, y quizás puedan entenderse desde ahí piezas de la cultura popular de dignificación de la “américa profunda” de corte conservador como “Los Soprano” ─con el rechazo de la excéntrica hermana hippie del protagonista─ e incluso “True detective” ─con la insufrible pedantería del detective intelectual/existencialista y la parsimonia de su paleto compañero. Sin embargo, siguen siendo las sitcoms con personajes urbanos las que más éxito tienen a nivel global ─dándose a veces situaciones espeluznantemente paradójicas como la señalada por el mismo Berman en esta entrevista:

(…) recuerdo haber leído hace tiempo que la serie de TV más popular en la franja de Gaza era la comedia de situación americana “Friends”. ¿Puede creerlo? Ahí tiene gente que es asesinada con regularidad por misiles “Made in USA”, que detestan profundamente los EEUU, y que adoran esta comedia sobre la vida norteamericana (es decir, lo que ellos creen que es la vida norteamericana). En términos de propaganda, tiene que reconocerle un gran mérito a los EEUU.

Frank G. Rubio y Enrique Freire señalaron en Protocolos para un apocalipsis que esta asimilación por parte de Occidente tiene objetivos geopolíticos claros ante lo que se prevee una lucha cada vez más competitiva por los recursos naturales en Oriente Medio en el contexto de una disminución de la producción petrolífera. En magufoapocalipsis.com tendemos a pensar que, además del factor propagandístico ─que existe sin lugar a dudas─ también se da algo de una inercia inconsciente, una deriva hipersticiosa mezclada con el entretenimiento y la dinámica succionadora de la imagen.

Por descontado, a las mujeres de Gaza les resulta más agradable una serie en la que hombres y mujeres conviven prácticamente sin conflictos en contraposición con el machismo en Palestina de su vida diaria. Y esto no sucede sólo allá. A principios de 2015 aparecía en la revista Interviú un posado de una Arantxa Bustos ─participante de un popular “reality show” inspirado en un formato norteamericano─ ataviada con aderezos a su vez también provenientes de la cultura popular estadounidense. En la entrevista que acompaña a las fotografías, vemos repetirse el mismo patrón de Gaza: «antes mi novio me prohibía muchas cosas. Ahora hago lo que quiero, por ejemplo la portada de Interviú», cuenta Bustos.

Pero esto lleva sucediendo desde hace mucho tiempo. Por ejemplo, David. F. Noble detalla en su A world without women cómo es la huída de las mujeres de sus entornos opresivos la que impulsa el nacimiento de nuevas formas culturales de gran influencia a la hora de conformar el cristianismo primitivo. Puede resultarnos chocante, pero parece que así sucedió: los monasterios mixtos ─regidos por sacerdote y sacerdotisa─ fueron una constante durante la Edad Media en la periferia de la religión ortodoxa.

Hablando de otras sacerdotisas anteriores, David Graber cuenta en En deuda cómo se relaciona el nacimiento del patriarcado con las mismas:

el “patriarcado” se originó, ante todo en un rechazo a las grandes civilizaciones urbanas en nombre de la pureza; en una reafirmación del control paterno contra grandes ciudades como Uruk, Lagash y Babilonia, a las que se veía como lugares de burócratas, mercaderes y prostitutas. (…) Los orígenes de la prostitución comercial parecen enmarañados en una peculiar mezcla de práctica sagrada (o antaño sagrada), comercio, esclavitud y deuda.

(…) se consideraba a algunas sacerdotisas, por ejemplo, casadas o dedicadas de alguna otra manera a los dioses. Lo que esto significara en la práctica parece que varió de manera considerable. De manera similar a las posteriores devadasis, o «bailarinas del templo» de la India hindú, algunas permanecían célibes; a otras se les permitía casarse pero no tener hijos; de otras se esperaba que encontraran ricos mecenas, convirtiéndose en realidad en cortesanas para la élite. Otras vivían en los templos y tenían la responsabilidad de estar sexualmente disponibles para los fieles en ciertas ocasiones rituales. Algo que todos los textos resaltan es que a todas estas mujeres se las consideraba extraordinariamente importantes. En un sentido muy real, eran la encarnación definitiva de la civilización. Al fin y al cabo, toda la maquinaria de la economía sumeria existía para mantener los templos, considerados la morada de los dioses. Como tales, representaban el refinamiento definitivo en todo: de la música a la danza y al arte, la cocina y la gracia de vivir. Las sacerdotisas y esposas de los dioses, en los templos, eran las más elevadas encarnaciones de esta vida perfecta.

Entendiendo pues las civilizaciones agrícolas como una deriva de las dinámicas económicas de la esfera de recolección regida primordialmente por las mujeres ─en conflicto con los instintos cazadores ahora sedentarios y, por tanto, estancados─ podemos concebir entonces los estados modernos como entidades con una idiosincrasia, en el fondo, femenina. Este no es ciertamente un discurso que goce de popularidad en la mayoría de sectores afines a la revuelta. Cabría señalar, sin embargo, que lo mismo afirmó en su día Wilhelm Reich, a quien citan en este blog:

Reich aseguró que la dominación comienza en los primeros años de vida del individuo con la represión de los instintos sexuales del niño y adolescente, aplicando la prohibición, los castigos y el remordimiento. Se trata de una técnica muy eficaz porque «la inhibición sexual es el medio de ligar al individuo con la familia». El objetivo de esa unión sería convertir «el lazo biológico del niño con su madre y el de la madre con los niños en una fijación sexual indisoluble y en una falta de aptitud para contraer otros vínculos. El vínculo del niño con su madre es el núcleo de la unión familiar». Una vez pasa el tiempo y los niños se convierten en adultos, esa unión con la familia se traslada al Estado, ya que «las representaciones de patria y de nación son, en su núcleo subjetivo emocional, representaciones de la madre y de la familia».

Cantaban los Everclear en su tema “Volvo Driver Soccer Mom”: «¿dónde van las estrellas del porno cuando se apagan las luces? / creo que se han mudado a los suburbios / [y ahora son rubias] e insulsas esposas republicanas de clase media». No es de extrañar pues que desde estratos desfavorecidos de la sociedad exista una creciente animadversión hacia cualquier cosa que tenga que ver con el feminismo ─el tan traído y llevado “feminazismo”. Un texto esclarecedor en este sentido ─en el cual ciertamente se puede palpar agriedad y dolor, en paralelo a la situación en Mesopotamia citada un poco más arriba─ es “La burbuja de la misandria” (enlace):

Efectivamente hay una tiranía izquierdista que opera desde las sombras dentro de las fronteras del país pero completamente fuera de la Constitución, la cual puede someter a un hombre a horrores propios de una tiranía como Corea del Norte, (…) cualquier hombre desprevenido puede ser arrastrado por este Estado en la sombra.

Podría pensarse en un estallido ctónico de sexualidad que opera desde el centro mismo del capitalismo gracias a los avances en materia de anticoncepción y en una progresiva toma de posiciones por parte del sector femenino en las instituciones ante una mente y una líbido masculina diezmadas y aturdidas pornografía mediante. Sí, hay un factor de reintroducción al primitivismo, que puede derivar en un “revival arcaico”. Hay, sin duda, espacio y posibilidades para la experimentación. Pero también hay un retorno de lo reprimido, así que no habría que entender todo esto de forma ingenua: una madre hiperdominante con legiones de esclavos cibernéticos en colmenas cada vez más digitalizadas ciertamente suena a distopía de ciencia ficción.

Insistiremos al lector/a que se esté rasgando las vestiduras y profiriendo maldiciones ─epítetos políticamente correctos mediante─, de que nos es imposible posicionarnos a favor o en contra de todo esto. Estamos hablando de una fuerza ctónica; del mismo modo que frente a un huracán o un tsunami, resultaría estúpido y absurdo hacerlo. Intentamos, simplemente, dejar atrás nuestra ingenuidad.

 

 

» leído en la biblioteca, leído en la web, visto en la web · 27 marzo, 2015

La magia monetaria de la Nueva Era

La cultura magufoalternativa anglosajona lleva pergeñándose bastante tiempo, y con la llegada de  Internet todo el caudal de su discurso está inundando las mentes de la población online con situaciones que se nos aparecen estrafalarias, como esta discusión de los vericuetos de la “brujería capitalista” en un medio digital no precisamente marginal. Aprovecharemos las intervenciones de Mitch Horowitz en la misma para dar salida a algunos temas que nos inquietan.

Así pues, ante el fenómeno de la Nueva Era, Horowitz no se muestra reacio a la hora de admitir ambigüedades y paradojas en este popular movimiento:

Tenemos una vasta cultura de la Nueva Era en este país, de raíces muy profundas y que es para millones de personas un lugar de auténtica expresión religiosa. (…) Hay una larga tradición de gente en este país involucrada ─a veces comercialmente─ en la realización de conjuros y otras [técnicas ocultistas]. Y, para muchos americanos, se trata de un compromiso.

Las congregaciones religiosas de muchas personas se hallan exclusivamente en Internet. (…) La gente monta iglesias online, o se une a comunidades religiosas online. La red se ha convertido en un gran eje de [dinámicas de adoración], que probablemente rebase en número a las comunidades físicas de este tipo. (…) Estamos hablando de decenas de millones. [En cuanto al dinero que se mueve], nadie lo sabe a ciencia cierta; pero se están haciendo contribuciones enormes [a este tipo de organizaciones].

El que el impulso religioso se haya trasladado a la esfera virtual y el hecho de que se muevan grandes sumas de capital da para especulaciones ya no parapolíticas, sino metapolíticas. Pero esto nos lo vamos a ahorrar por el momento, añadiendo simplemente que al aplicar la revelación de Sturgeon habría entre estas especulaciones un 10% que no descartaríamos como chaladuras. Volviendo a Horowitz y el tema monetario:

El dinero y la religión nunca se han acabado de llevar bien, incluso desde la antigüedad, y siempre ha existido esta incomodidad al respecto, que puede por ejemplo encontrarse en los evangelios, con Cristo lanzando las monedas de los comerciantes en el templo. Pero el hecho es que la luz tiene que encenderse, tienen que pagarse las facturas, comprar la comida, y la gente que está involucrada en prácticas religiosas va a cobrar por sus servicios. Esto ha sido así durante siglos.

Existe un lugar bastante común en la Nueva Era que identifica el dinero como una “energía”, en nuestra opinión como un intento de explicar intuitivamente todo un conjunto de imperativos de carácter ctónico ─y por lo tanto, en último término, no racionalizables─ como supervivencia, reproducción, abundancia o escasez y la asociación de los mismos a la esfera cultural en forma de creencias y sistemas de valores.

La contradicción la encontramos en que la Nueva Era se identifica ─superficialmente─ con tradiciones preindustriales. Sin embargo, como ha señalado el historiador e orientalista Paul Unschuld en su ensayo “Traditional Chinese Medical Theory and Real Nosological Units: The Case of Hansen’s Disease” la energía «es un concepto central de las sociedades industriales» y que «como sucede a menudo en la historia, un concepto económico primordial se aplica [a otras esferas como] la riqueza nacional o la salud personal» haciéndonos pensar sobre las mismas «en términos de energía y recursos». Lo ctónico/primordial pasado por el proceso de industrialización, en definitiva. ¿Otro caso de primitivismo naif?

Si además añadimos pastiches con ideas de corte einsteniano ─«la materia y la energía son formas distintas de la misma cosa y la materia se puede transformar en energía y la energía en materia»─ que se asemejan conceptos de estas culturas preindustriales como el de Qi o Prana, se pasa a equipar el constructo “energía” con éstos y se acaban por usar de forma intercambiable, como si fueran equivalentes. Añadiendo además a esta inercia de proyección etnocéntrica toda la maquinaria de propaganda audiovisual de nuestra propia cultura ─recientemente publican en El Estado Mental un ácido y divertidísimo retrato de la misma de la mano de Antonio Ferrer─ lo lógico es que en estas zonas intermedias acabe reinando la confusión. Esto, precisamente, es lo que defiende Horowitz:

Internet es como un gran test de Rorsasch, y la gente va a ver en él lo que quiera ver. Hay gente que se indignará y dirá: «mira lo que hacen estos, dedicándose a tangar a todos estos locos que compran esos servicios». Otros, entre los que me incluyo, dicen: «Mira, este es el mercado de la fe; es grande, es caótico, lioso, creativo, y en algunos casos es maravilloso calificarse a uno mismo como uno desee y formar las asociaciones que quiera. Es la mejor parte de la Internet. Y francamente, en cuanto al sablazo ─te lo digo como un historiador dedicado a las religiones desde hace mucho tiempo y sabiendo que esto va a sorprender a mucha gente─ en la Nueva Era veo mucha sinceridad y mucha ingenuidad. Puedes decir que son ovejas perdidas que no saben lo que hacen. Creo ─y sé que mucha gente se opondrá a esto─ que la mayoría de las veces a la gente no se la estafa, si definimos estafa como ser engañado por una cantidad ruinosa de dinero. Un intercambio monetario menor como 25 dólares por un hechizo o algo así es en el fondo un sistema de creencias. No creo que necesariamente debamos estar controlando este tipo de cosas.

En otras palabras: lo que puede ser visto como un acto malintencionado podría ser simplemente el resultado de un carácter ingenuo ─sin olvidar que las exigencias de la superviencia no dejan espacio para el pensamiento reflexivo─ lo cual no quita que el necio sea más peligroso que el malo o que el camino al infierno esté empedrado de buenas intenciones. En magufoapocalipsis.com tendemos a entender los habituales discursos en los que un interiorizado y arquetipico Jesucristo expulsa a los mercaderes de la Nueva Era del Templo (de Jerusalén) más como una admonición de inercia catecúmena que otra cosa. Retrataba esta tesitura Kiko Amat en el número 5 del fanzine “La Escuela Moderna”:

Este juicio moral sobre como se ganan la vida los demás, este medir el compromiso del vecino, esta actitud de “holier-than-thou” (soy más puro que tú, más vegano, más lanza-adoquines, más amigo-del obrero, etc) es, en nuestra opinión, el talón de Aquiles de la izquierda (…) Cuando el hambre aprieta (metafóricamente; digamos la hipoteca o el alquiler) uno necesariamente se ve obligado a coger empleos remunerados (…) Sólo los pijos y la gente demencialmente acaudalada puede permitirse pasar por la vida sin hacer concesiones de ningún tipo; e incluso así, parten del dudoso derecho de herencia. El resto del mundo hacemos lo que podemos, cómo podemos, cuando nos dejan.

El filósofo Antonio Escohotado viene defendiendo desde hace años que este popular mito sirve en el fondo a los intereses de las sociedades cristianas militaristas ─y téngase en cuenta de que gran parte del entramado tecnocientífico proviene directamente de este sustrato, como detalló exhaustivamente David F. Noble en A world without women o La religión de la tecnología. El mito en sí estaría limitando la movilidad social que implica el comercio. No diremos que comprendemos con profundidad la obra de Escohotado, básicamente porque no hemos leído ninguno de los tomos de Los enemigos del comercio. Tampoco presumimos de tener unos conocimientos acerca de “ciencias” políticas o económicas como para tirar cohetes, pero vamos, que si uno desea ponerse en contacto con este discurso existe un blog que recopila muchas de las entrevistas que se le han hecho a Escohotado al respecto. Como contra-narrativa ante una secularización del cristianismo en forma de marxismo ya nos vale.

Cualquiera que haya comparado la experiencia de ofrecer sus servicios de forma gratuita con la de hacerlo cobrando aunque sea algo simbólico apreciará este tipo de pensamiento. Con esto no queremos decir que descartemos potlatchs inmediatistas à la Hakim Bey (PDF), pero a este respecto aceptamos que es un terreno que, dada su relación con la ambigüedad ctónica que comentábamos antes ─y recordemos que el constructo occidental que hemos venido a llamar chamanismo se basa en ideas que marginan esta dimensión─ se presta a la paradoja y a la contradicción. Sin ir más lejos, Hakim Bey ha podido mantenerse a sí mismo y generar su obra durante toda su vida gracias a una cuantiosa herencia familiar.

Y es que dejando de lado mantos románticos, pareciera que el aceptar esta dimensión de incertidumbre tiene realmente efectos “mágicos” ─en el sentido de que suceden cosas─ y que por lo tanto las lecturas naif de la Nueva Era del dinero como “energía” no pueden descartarse tan fácilmente. La pionera ayahuasquera Marlene Dobkin de Ríos The Psychedelic Journey of Marlene Dobkin de Rios relata algo similar:

[Cuando empecé a leer las cartas en Perú] no se me ocurría pedir remuneración alguna. Después de todo, esa gente era muy pobre. ¿Cómo iba yo a añadir mayor carga a sus espaldas? [Volví a Nueva York] y me recomendaron cobrar por cada lectura, incluso si era una pequeña cantidad, porque éstas eran las normas de los lectores de cartas. (…) Cuando volví a Iquitos me convertí en una “curiosa” capacitada, una especialista que podía adivinar el futuro. De repente mi práctica se incrementó diez veces y la gente prácticamente hacía cola para que les leyese la fortuna.

Nuestra intuición es que influyendo esta ambigüedad se encuentra la tensión entre formas socioeconómicas agrícolas y nómadas; en la idiosincrasia estadounidense se encuentra una expresión religiosa ─una vuelta a un primitivismo mediado por el protestantismo─ que se añade a un territorio de vasta extensión, de una abundancia material superlativa y que por tanto permite formas de organización sociales y territoriales más descentralizadas que subvierten la tendencia concéntrica y vertical de la sociedades del Viejo Mundo. Es desde este movimiento de cualidad excéntrica desde el que seguimos leyendo a Horowitz:

[La etiqueta de bruja] es algo que se adopta a título personal. No hay dogmas, ni seminarios en los que uno se gradúa. Pero en cierto sentido esto es lo que es maravilloso de nuestra cultura religiosa: este caos creativo que podemos ensamblar libremente, en el que libremente podemos adoptar las etiquetas que queramos. Si quieres llevar a cabo una ceremonia de matrimonio para tus amigos, te puedes investir pastor en unos cuantos clicks de ratón. Y mucha gente rueda los ojos hacia un lado ante esto ─y es verdad que se dan abusos en estas situaciones─ pero creo que tampoco queremos una situación con centinelas que deciden con qué etiquetas podemos y no podemos definirnos a nosotros mismos. Y esta es, en cierto modo, una característica, muy buena de la cultura religiosa americana.

Sin querer ejercer de videntes, está claro que el colapso energético al que parece que el cénit del petróleo nos aboca ─en ausencia por el momento de un milagro tecnológico deus ex machina─ acabaría con la cultura de autopistas y urbanizaciones aisladas del paraje urbanístico estadounidense que posibilita esta descentralización. Por otra parte, tampoco se nos escapa el que esta libertad para autodefinirse tenga un reverso quizás contraproducente relacionado con la deriva lingüística ─«definir ha llegado a significar casi lo mismo que comprender» que decía Alan Watts, o también: «intentar definirse uno mismo es como intentar morderse uno sus propios dientes».

Pero de momento la cosa sigue en marcha e influyendo a la mente colectiva, como veremos en una segunda parte de este escrito.

 

 

» leído en la biblioteca, leído en la web · 10 marzo, 2015

El heróico turista romántico

Carlos Suárez Álvarez da cuenta en su novela testimonial Ayahuasca, amor y mezquindad de las exóticas proyecciones que efectúa la mente “occidental” en su contacto con el mundo “chamánico” contemporáneo:

«Queremos hacer un episodio donde una o dos parejas pueda encontrarse con una tribu más auténtica». Ahí ya la jodió Stefan; hasta el momento me había agradado su tono pero lo de la “tribu más auténtica” … era de esperar. «Una tribu que viva de la caza y de otros tesoros en el bosque y todavía mantenga sus tradiciones, rituales, chamanismo de una forma más real, no para turistas». (…) Mi respuesta fue contundente, y te la voy a resumir. Primero: que lo sentía mucho pero que el taparrabos estaba pasado de moda, y que si querían taparrabos e indios con plumas que yo les podía llevar a pueblos en los que los indígenas se vestían a la antigua cuando oían el motor de una embarcación turística, que de esos había muchos. Segundo: que si querían colaborar con las comunidades indígenas tendrían que pagar porque allí ya estaban bien al tanto de lo que eran los programas de televisión y el dinero que generaban. Tercero: que tenían la cabeza llena de esterotipos y que si querían que les mostrara la vida indígena tal y como era, con sus objetos de plástico, sus ropas “occidentales” y sus necesidades monetarias, yo se la podía enseñar con mucho gusto, y le advertía de que así la experiencia resultaría mucho más enriquecedora que los brillantes clichés de los cuchés coloreados.

La mención final de los cuchés coloreados adquiere una dimensión adicional si se analiza, como veíamos previamente, desde la dinámica succionadora de las tecnologías de la imagen. Volvemos también al texto Historia social del comic, en donde Terenci Moix hace una lectura de corte marxista de los orígenes culturales de la figura del héroe romántico que subyace al fragmento que acabamos de citar:

[El héroe romántico nace] en una especie de preconización de retorno a la pureza inicial del hombre, que entronca con la idea del salvaje ideal de Rousseau y cuyo signo externo sería la desnudez y el contacto con la naturaleza. [Los postrománticos] que intuyeron las alienaciones del mundo moderno (…) se lanzaron a huir de ellas a caballo de otra alienación particular [transmisora] de otros mitos de rebelión individualista que entroncan con la idea (…) del posterior titanismo en el cómic Norteamericano.

[El héroe romántico es] el resultado de una dialéctica permanente de rebelión contra la ideología burguesa partiendo, sin embargo, de una sujeción a la misma y acabando siempre por hacerle el juego. (…) Que todo romántico sea en esencia un precursor de turista (en la acepción moderna del término) justifica (…) la mentalidad de huida que (…) éste [fomenta] en el consumidor moderno, cuya idealización de la selva como sustitutivo permanente del sueño provisional que representan quince días en [algún destino turístico tropical] es digno de tener en cuenta. [El héroe romántico] no puede representar en absoluto una totalidad de ensueño para el individuo medio, cuyo proceso de evasión siempre provisional, un reflejo condicionado a la idea, también moderna, de las vacaciones.

No podemos evitar pensar en el sesgo ideológico de esta lectura, y contemplamos la posibilidad de que además existan otros elementos presentes en esta figura ─como por ejemplo la filtración de cierto tipo de deriva animista en una cultura popular que se aleja por momentos del trance alfabético, o una reacción del “holismo marxista” ante la autonomía individual de las sociedades pre-agrícolas. (¿Podría leerse la dialéctica hegeliana desde la adicción a las narrativas lineales?). Con todo, este binomio entre romanticismo y turismo que señala Moix está a la orden del día en el creciente fenómeno del “turismo chamánico”. En palabras de antropóloga Evgenia Fotiou desde su artículo “El turismo chamánico y la comercialización de la ayahuasca”:

(…) la mayor parte de estos occidentales (…) piensan que esta forma de chamanismo ha sido practicada por miles de años sin ser alterada. Pasan por alto el contexto histórico y cultural del chamanismo, como por ejemplo la cosmología amazónica que no tiene cabida en occidente. También ignoran aspectos ambiguos del chamanismo, como la hechicería, tema de creciente interés para los académicos. Adicionalmente, los turistas tienen percepciones irreales acerca de los indígenas y la población local. Los idealizan románticamente solo para desilusionarse días después. Algunos conceptos extranjeros son adoptados por los chamanes para poder ajustarse a las expectativas y necesidades de los turistas. Notablemente, un chamán con el que trabajé se refería constantemente a los chakras del cuerpo, o puntos de energía, un concepto tomado de la espiritualidad oriental.

Finalizamos con Hakim Bey y su ensayo “Superar el turismo” ─existe un fragmento traducido en decondicionamiento.org desde el original en hermetic.com─ que explora la psicología alienada del turista:

El turista busca Cultura porque en nuestro mundo, la cultura ha desaparecido en el estómago de la cultura del Espectáculo, ha sido derribada y sustituida con el Centro Comercial y el show televisivo. Porque nuestra educación sólo es una preparación para una vida de trabajo y consumo, porque nosotros mismos hemos dejado de crear. A pesar de que los turistas parezcan estar físicamente presentes en la Naturaleza o la Cultura, uno podría considerarles fantasmas encantando ruinas, carentes de toda presencia física. No están realmente ahí, sino que se mueven a través de un paisaje mental, una abstracción (“Naturaleza”, “Cultura”), coleccionando imágenes en lugar de experiencia. Demasiado frecuentemente sus vacaciones suceden entre la miseria de otras personas e incluso se añaden a esta.

 

foro twitter Image Map