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daniel c noel

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» leído en la biblioteca, leído en la web · 17 diciembre, 2014

Mircea Eliade y la construcción ficticia del chamanismo

Otra figura muy influyente para la corriente del neochamanismo en occidente ha sido, sin lugar a dudas, Mircea Eliade. Sin embargo, desde que escribiese su seminal obra Chamanismo: técnicas arcaicas del éxtasis en 1951 ha llovido mucho. Si bien en el prefacio a la nueva edición de 2004 su discípula Wendy Doniger descarta tajantemente las acusaciones que se le hicieron ─relacionándolo con el antisemitismo o el fascismo─, sí reconoce un exceso de universalismo en la obra del académico rumano.

Volvemos de nuevo pues a The soul of shamanism de Daniel C Noel, en donde repasa algunas de las críticas formuladas por parte de la antropología más contemporánea. Nos habla, por ejemplo, del libro de Jonathan Z. Smith titulado To Take Place en el cual

se cuestiona la forma que Eliade tiene de tratar con la noción del “centro” en las tradiciones religiosas, un concepto que se vuelve importante en sus ulteriores interpretaciones del chamanismo. Smith también criticó la lectura incorrecta del mito aborígen australiano del “polo sagrado” al que la figura del ancestro supuestamente escalaba para desaparecer en el cielo. Al contrario, Smith observa que «el patrón típico australiano no es uno de retirada celestial», como implica la lectura de Eliade, «sino uno de transformación terrestre y presencia contínua».

Noel continúa analizando el simbolismo de las novelas de Eliade que precedieron a su texto sobre el chamanismo ─El bosque prohibido y Sambo─, argumentando que en ellas se gesta la simbología de ascenso que más tarde repercutiría en la interpretación y en la propia construcción de este -ismo:

la insistente imaginería de ascenso en particular (…) [en las novelas de Eliade demuestra] sus preocupaciones espaciales y temporales (…) El escape de la historia (…) es un escape hacia arriba que estaría reviertiendo “la caída” a la misma. (…) Los símbolos cristianos de ascensión son dignos de atención (…) [y estos espacios sagrados] prometen el acceso al [tiempo sagrado]. (…) Y así como el escape se busca siempre (…) hacia arriba, de igual modo el “éxtasis” como experiencia definitoria chamánica parece llevar a estas figuras hacia arriba, no hacia abajo. (…) Chamanismo: técnicas arcaicas del éxtasis(…) está modelado para exagerar los viajes del chamán a los mundos superiores y para ignorar ─o demonizar─ los igualmente definitorios viajes al inframundo.

Noel justifica esta demonización del inframundo cuando observa que Eliade

emplea el término “infernal” casi de forma intercambiable con “inframundo”. Esta terminología inevitablemente proyecta un aura de maldad sobre los viajes de descenso, y cierto es que lo que encontramos en los infiernos chamánicos de Eliade son “demonios”, en contraste con los “espíritus” más benignos de los viajes celestiales. Además, los viajes descendentes que se describen son tratados como preludios a la experiencia de ascensión, y no como una experiencia válida por sí misma.

Por lo tanto:

un ancestro chamánico primordial de tiempos míticos, que puede estar involucrado en narrativas de comunicación sencilla con los reinos superiores se toma como modelo definitorio de los practicantes que le siguen. Estos chamanes más tardíos, a menudo menos orientados a lo celeste, son infravalorados a la hora de establecer qué es un chamán y qué es lo que hace.

Para Noel, pues, «fue (…) la ficción imaginativa y no (…) los hechos sólidos la que moldeó nuestro chamanismo a través de su sensibilidad». Pero, lejos de querer señalar esta circunstancia simplemente como un error, Noel reconoce el potencial de estas ficciones imaginativas ─en este blog nos referimos a ellas genéricamente como hiperstición─ como «el secreto para la recuperación occidental de los poderes chamánicos».

Para acabar de afianzar esta línea de pensamiento se refiere al ensayo de Michael Taussig “Shamanic flight: the magic of narrative”, en donde el antropólogo

ve el viaje del chamán y el del contador de historias entrelazados. Pero siente que la estructura narrativa de las historias convencionales de introducción, nudo y desenlace puede ser una forma de magia perniciosa, pues transmite la idea injusta de un proceso chamánico completado exitosamente (una rara excepción, desde su punto de vista), como una especie de “regla de ficción”. (…) [Lo] que llamamos chamanismo (…) ─una etiqueta que descarta como «una categoría moderna occidental inventada»─ no se comportan de forma ordenada como sugiere el modelo de Eliade, [sino que implica] una incertidumbre que carece de la resolución catárquica de un vuelo mágico (…) en donde el practicante se ve reafirmado por el patrón de retorno heróico con el bálsamo curativo.

Para Taussig, las experiencias chamánicas se asemejan a la ficción experimental moderna o posmoderna,

en donde las partes están tan sólo conectadas las unas a las otras, sin una fuerza catártica que las centralice, y en donde se presentan una serie de técnicas de distanciamiento que invitan al lector o espectador a involucrarse y desinvolucrarse sucesivamente, desmantelando ─potencialmente al menos─ cualquier noción fija o fijadora de identidad.

 

 

» leído en la biblioteca · 4 diciembre, 2014

Microagresiones onirófobas

O algo así. Otro extracto desde The soul of shamanism, de Daniel C. Noel:

Al acordarnos de un sueño solemos decir: «anoche tuve un sueño». Y así, con una inocente frase reducimos y tomamos posesión de algo que nos tuvo a nosotros. Pues sabemos que cuando soñamos estamos en el sueño, que nos rodea, y no al contrario. ¿Es entonces esta forma de hablar ya una resistencia, una defensa inicial ante la realidad del sueño? ¿Es el equivalente verbal a la cafeína con la que, cada mañana, pulverizamos las imágenes del sueño en preparación para un día de trabajo en el mundo compartido de Occidente, que no quiere tener nada que ver con el otro mundo, el inframundo, en el que los sueños suceden?

 

 

» leído en la biblioteca · 3 diciembre, 2014

Neochamanismo y descontextualización

The soul of shamanism de Daniel C. Noel es un fenomenal texto de 1997 que ayuda a poner en perspectiva mucho de lo que se oye estos días acerca del fenómeno del (neo)chamanismo. Con la intención de citar más adelante y de forma más amplia algunos de sus pasajes, extraeremos hoy de él algunos párrafos que hablan de la confluencia del movimiento de la Nueva Era con dicho fenómeno:

Aunque muchas de las personas atraídas al neochamanismo no piensen acerca de sí mismos como “new agers”, ciertamente el neochamanismo fue vendido como parte del movimiento de la Nueva Era que reemplazó a la contracultura en los años 70 y 80. Esta asociación del neochamanismo con la Nueva Era fue sugerida además por Marilyn Ferguson, cuyo libro de 1980 La conspiración de Acuario sobre «transformación social y personal» es el documento principal anunciando ─y por lo tanto vendiendo─ los principios de la subcultura de la Nueva Era.

Noel, influido por el pensamiento post-junguiano, se muestra crítico con la muy extendida idea “pensamiento holístico”:

Una visión holística del individuo generalmente incluye “cuerpo, mente y espíritu”, particularmente en contextos de la Nueva Era (…) pero (…) cuando se contempla desde un punto de vista post-junguiano no parece lo suficientemente completo, sino parcial: pues, ¿dónde se encuentra su alma?

Desde esta perspectiva, el alma es distinta del espíritu, el cual parece acercarse más al reino de la mente. El espíritu, como la mente, favorece las abstracciones desapegadas, la pureza y la unidad ─características que transcienden tanto la tierra como el cuerpo y su imaginería sensual. El alma, por otra parte, se desarrolla muy bien en los apegos y las imaginaciones, en lo concreto y lo sensual, en el significado inmanente más que en el trascendente, con un énfasis en la multiplicidad y las imperfecciones que se aferran al cuerpo y la tierra. (…)

Así, nos hemos movido a través de varias décadas de psicologías “humanistas” o “transpersonales” y terapias de la Nueva Era en lo que parece un holismo desalmado. (…) [que] carece de la imaginación poética para “dotar” de alma a nuestras vidas en el mundo.

El alma, sin embargo

elude una definición reduccionista; se expresa en el misterio de la vida humana; conecta religión y psicología, amor, muerte y destino [y] sugiere profundidad.

Noel argumenta ─mientras rememora su participación en un taller práctico impartido por Michael Harner─ que, a pesar de la insistencia desde el mismo seno del neochamanismo en la necesidad de dejar a un lado las abstracciones académicas para centrarse en los aspectos más experienciales, lo cierto es que sigue subyaciendo la idea central de que

diferentes culturas tienen diferentes versiones de las prácticas básicas. Pero de esto se sigue entonces que existen «práticas básicas», [de las que pueden sustraerse] «muchas cosas específicas de cada cultura». Las comparaciones son fenómenos indispensables e iluminadores que puede que no revelen todas sus facetas únicamente en sus contextos locales. Lo peligroso es que cuando se descontextualizan en exceso pasan a convertirse en el mínimo común denominador, en una abstracción que acaba guardando escaso parecido con cualquier realidad que pudieran tener en situaciones específicas.

En este mismo sentido se expresa también David Abram desde The Spell of the Sensuous (editado en castellano como La magia de los sentidos), donde advierte de que

hoy en día, en nuestro “mundo desarrollado”, muchas personas que buscan un autoconocimiento espiritual se inscriben en talleres y cursos sobre métodos “chamánicos” de descubrimiento personal y revelación. Mientras tanto, los psicoterapeutas y algunos médicos han empezado a especializarse en “técnicas de curación chamánicas”. El “chamanismo”, pues, ha pasado a denotar una forma alternativa de terapia; entre estos nuevos practicantes de chamanismo popular el énfasis se hace sobre la curación y la comprensión personal. Éstas son metas nobles, sin duda alguna, pero en mi opinión son secundarias y derivan del rol primario del chamán indígena, un rol que no puede realizarse sin una exposición prolongada y sostenida a la naturaleza salvaje, a sus patrones y sus vicisitudes. Imitar los métodos curativos del —o la— chamán sin conocimiento de su relación más amplia con la comunidad natural no podrá, si estoy en lo cierto, más que cambiar ciertos síntomas por otros o mover el foco de la enfermedad de un lugar a otro dentro de la comunidad humana.

 

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