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» leído en la biblioteca · 11 junio, 2017

[Reseña] Nueva antología de Crowley de Editorial Valdemar


A tenor de la casi omnipresente estética mágica y ocultista que tiñe en la actualidad la cultura popular de inspiración más “multifásica”, no resulta descabellado dar por buena la idea de que ésta se adentra en un “revival de lo arcaico”[1]. La figura de don Aleister Crowley es, en el estudio de este amplio contexto, una parada obligatoria; asistimos desde hace algún tiempo en España a la reedición de algunas de sus obras, a la aparición de publicaciones especializadas sobre su sistema esotérico-religioso, amén de nuevas biografías[2] sobre el personaje. Si añadimos además que desde las bambalinas de la ingeniería social parece haber un interés en la revitalización de la tradición masónica en la evolución inmediata de las sociedades posindustriales[3], podría decirse que nos hallamos en un buen momento para acercarnos a Crowley gracias a esta recopilación de tres de sus obras, editadas por Valdemar y seleccionadas y prologadas ─precisamente con un ensayo sobre la relación de este ocultista con la masonería─ por Frank G. Rubio.

Las dos primeras, El libro de las mentiras y Knox Om Pax son textos que tejen una red de significados en contínua alusión a una cabalística aderezada de múltiples sincretismos, siendo de carácter más lírico y críptico la primera de ellas y cultivando la segunda mayor diversidad de géneros como el ensayo, el cuento infantil ─con una pieza destinada a la hija del autor─, o el teatro.

Si no se tienen más que conocimientos superficiales de cábala ─como le ocurre a quien esto escribe─, uno tiene la sensación de que se está perdiendo el corazón de unos textos que, a la vez y como indicase el propio Crowley, resultan «altamente sugerentes» para el novicio[4]. Una lectura atenta de los pasajes menos esotéricos nos ofrece pinceladas de la filosofía de una figura que sigue siendo objeto de no pocas distorsiones ─muchas veces provenientes, paradójicamente, de sus propios seguidores. El interesado en la práctica esotérica encontrará, además, referencias e hilos sueltos de los que seguir tirando.

El plato fuerte es, sin duda, la tercera obra de esta antología. El equinoccio de los dioses incluye El libro de la Ley ─el célebre y controvertido[5] texto revelado que pondría la piedra angular del movimiento religioso telemita─, así como extractos del diario de Crowley acerca de las circunstancias que rodearon al evento y sus comentarios al respecto.

El formato del libro, en el acostumbrado de la colección Intempestivas de Valdemar. Por decir algo a este nivel,  quizás una maquetación del Libro de la Ley con los comentarios de Crowley justo al lado habría evitado el fárrago de volver a cada línea hacia atrás en el libro. Se entiende, pero, que se haya querido respetar el formato del libro original.

***

[1] Expresión acuñada por el psiconauta Terence McKenna.

[2] De interés para el que esto escribe ha sido la caracterización en la reciente biografía de Gary Lachman de Crowley como un “psíquico natural” de tendencias autistas. Más allá de la etiqueta diagnóstica, el libro incluye algunos pasajes en los que se describen rasgos caracteriales que serán familiares para aquellos que se hayan adentrado mínimamente en la literatura sobre el espectro autista.

[3] Citando desde Changing images of man, libro patrocinado por el que las malas lenguas califican como cónclave de investigación para la militarización de lo paranormal, el Stanford Research Institute: «de especial interés para el mundo occidental es la tradición masónica, la cual jugó un rol muy significativo en el nacimiento de los Estados Unidos de America, como testimonia el simbolismo del Gran Sello. (…) Esto tiene la potencialidad de reactivar los símbolos americanos, de reinterpretar la ética de trabajo, de apoyar los conceptos básicos de las sociedades democráticas de libre empresa y de conferir un nuevo sentido al conglomerados tecnoindustrial».

[4] «Este libro trata de muchos asuntos en todos los planos de la mayor importancia. Es una publicación para Bellezas del Abismo, pero se recomienda incluso a principiantes por ser altamente sugerente». Al respecto de El libro de las mentiras en el nº 10 del volúmen 1 de The Equinox.

[5] En 2015 apareció Liber vel Bogus: The Real Confession of Aleister Crowley, que analiza las inconsistencias en los relatos de la concepción del Libro de la Ley. Puede encontrarse en colinwilsononline.com un resumen de sus argumentos.

 

 

» leído en la biblioteca · 10 diciembre, 2014

Nombres bárbaros de evocación

Turn off your mind de Gary Lachman contiene una interesante discusión acerca de las conexiones entre la obra de Crowley y H.P. Lovecraft. La parte final de la misma solapa con algunas líneas de exploración de este blog, referidas a la subversión del lenguaje o a la faceta hipersticiosa de la cultura popular:

Existe sin embargo una conexión Lovecraft-Crowley que resulta muy sugerente, y cuyo significado se extiende más allá del trabajo del escritor y el mago. Un método para atraer a las entidades sobrenaturales emplea el uso de los “nombres bárbaros de evocación”. La potencia de estos nombres bárbaros radica en el hecho de que son ininteligibles para la mente consciente. El “sinsentido” es una potente herramienta para estimular la aparición de estados alterados de consciencia, como han sabido los magos a lo largo de la historia: desde los antiguos magos de Oriente Próximo, a André Bretón y los surrealistas o los maestros Zen que preguntan sobre el sonido de una sola mano. La no-palabra “abracadabra”, la cual asociamos con la predistigitación y con el “hocus-pocus” (otro ejemplo) son nombres bárbaros que han pasado al uso general. Es probable que la palabra inglesa para designar sinsentidos, “gibberish”, provenga de la obra de un alquimista del siglo VIII, Geber (…)

Pero la potencia de los nombres bárbaros no se limita a los antiguos alquimistas. John Lennon sabía mucho sobre ellos, y los utilizó en varias canciones como en “I am the Walrus” con “goo ga joob” y en “Come together” con “toe jam footbal” o “spinal cracker” (otros exponentes más tardíos fueron Los Ramones con “Gabba Gabba Hey”). Antes de Lennon, escritores beat como Allen Ginsberg y William Burroughs usaron variaciones sobre estos nombres bárbaros para conseguir sus propios y particulares efectos: los largos y jadeantes cánticos de Ginsberg arrullan a la mente crítica y consciente hasta dormirla, mientras que los “cut-ups” de Burroughs son un método exitoso para «exterminar todo pensamiento racional». La palabra medieval para los conjuros mágicos, goetia, significa “aullar” ─igual que el título poema más famoso de Ginsberg.

En [el ritual] “Liber Samekh” (…) Crowley provee de varios ejemplos de algunos de estos nombres bárbaros. “Phalartao”, “Athorebalo”, “Sotou” y “Arogogoruabrao” no están muy lejos de los acuñados por Lovecraft, como Nyarlathotep y Yog-Sothoth. Los nombres bárbaros de Crowley pueden ser efectivos; he conocido “magos” que han llevado a cabo este ritual y dan fe de su potencia, y si el lector tiene alguna duda, puede probar a cantar repetidamente “Arogogoruabrao” en una habitación iluminada por velas y llena de incienso.

Un último pensamiento para ponderar, y siguiendo esta misma línea: ¿podría haber contribuído al proceso de hipnosis global por parte de la cultura popular anglosajona el hecho de que la gran mayoría de los hipnotizados no entendiese el significado de un idioma extranjero, viéndose por tanto sumidas sus mentes en una especie de esfera mántrica de estribillos pegadizos?

 

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