» leído en la biblioteca · 23 enero, 2015

La paradoja animista del protestantismo

Seguimos con el tema de la influencia protestante de la contracultura norteamericana. En esta ocasión citaremos a Steven Taylor (Gyrus) desde su North: The rise and fall of the polar cosmology (sitio web). En este pasaje comienza poniendo en un contexto más amplio el problema de la ruptura entre cuerpo y mente, de modo similar a como veíamos hacía también Morris Berman ─cuya influencia reconoce Gyrus en la obra:

Bajo la administración de la ciencia, la cosmología [del giro copernicano] comenzó a ofrecer garantías de una estabilidad basadas en la percepción de que la naturaleza se comportaba racional y consistentemente.

Pero, si bien estas leyes de la naturaleza eran universalistas en términos científicos, sus garantías no fueron bien recibidas universalmente. Dejando aparte su poder explicativo puro y duro, la resonancia social de las leyes del movimiento planetario de Kepler y la ley de la gravedad de Newton eran más atractivas para aquellos más cercanos al centro del orden social concéntrico y que se beneficiaban en mayor medida de esta estabilización. Stephen Toulmin muestra que el marco newtoniano encontró un apoyo entusiasta «entre los escritores y predicadores respetables de Londres y París». Fue, sin embargo, peor recibido entre las crecientes clases bajas iletradas excluídas del poder y la influencia dado su estatus social, su no conformidad religiosa o simplemente la distancia con respecto a las capitales urbanas. Crucial en esta discrepancia fue el famoso dualismo de Descartes entre cuerpo y mente, adoptado por la visión newtoniana. Esta visión se aferró a la concepción trascendente de Dios a pesar de la estridente desespiritualización de la naturaleza. Este dualismo se intensificó e hizo absoluto un movimiento de separación del animismo que siempre había acechado a las culturas agrarias, y que finalmente redujo el mundo externo a un mundo de materia inerte: la naturaleza parecía comportarse más racionalmente cuando estaba muerta.

(…) Esta muerte se apareció como un asalto terminal a las clases bajas. Identificada con una naturaleza “inferior”, esta visión negaba completamente su agencia. Entre los no conformistas existió una notable resistencia filosófica a la doctrina cartesiana-newtoniana de que la materia se movía «sólo si es puesta en marcha por una agencia superior». Para muchos, esto hablaba de un mayor dominio absoluto por parte de “arriba” ─no de Dios, sino de los directores de la cosmópolis racional.

Las fisuras psíquicas y sociales que se proyectaron hacia afuera una vez el nomadismo y la búsqueda de alimento desaparecieron (…) acumularon un complejo de asociaciones relacionadas con la jerarquía y el poder (…) y [se reincorporaron] dentro del humano. La mente, completamente desmaterializada del mismo modo que la divinidad había sido desconectada del cosmos visible, se transformó en Dios despótico o monarca del yo microcósmico del ser humano.

Es entonces, cuenta Gyrus, cuando el protestantismo mimetiza con este estado de las cosas:

En su mayoría, la resistencia protestante a la autoridad de la Iglesia Católica siguió esta tendencia, cambiando la autoridad de-arriba-a-abajo por la del autocontrol de-arriba-a-abajo. Una equivalencia entre ambas formas puede remontarse hasta Platón, quien veía en el autocontrol como el noble intelecto dominando a las bajas pasiones. «En el individuo», comenta Bruce Lincoln, «podemos referirnos a este estado como control del ego; en la sociedad, como dominación de clase».

Para Platón, y para la tradición indoeuropea que él ejemplifica, estas dos formas de control van cogidas de la mano: el autocontrol del rey permite ejercer su dominio apropiadamente sobre la gente, siendo su propio cuerpo un microcosmos del cuerpo social. Hubo en el protestantismo cierto esfuerzo en reemplazar una forma de control por la otra. Algunos académicos creen que «la insistencia puritana en la disciplina interna es impensable en un contexto de ausencia de maestros». Su objetivo era encontrar a un nuevo maestro en sí mismos, un rígido autocontrol modelando una nueva personalidad».

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