» leído en la web · 1 noviembre, 2014

Orígen y reapropiación del término “teoría de la conspiración”

Desde esta entrada del blog de Jim Marrs, Shawn Hamilton invita a la reflexión del significado de la palabra “conspiración”:

El término “teórico de la conspiración” y “conspiranoico” se usan frecuentemente para desacreditar a alguien percibido como un adversario usando recursos emocionales, más que lógicos. Es importante pues definir el término “conspiración” y usarlo apropiadamente, y no como un ataque ad-hominem sobre alguien cuyo punto de vista no compartimos.

Según [mi] diccionario, la palabra “conspiración” deriva del latín “conspirar”, el cual significa literalmente “respirar juntos” en el sentido de estar de acuerdo con un crimen. La definición primaria sería «planear y actuar juntos de forma secreta, especialmente con propósitos dañinos o ilegales, tales como asesinato o traición».

Fue en este sentido en el que Mark Twain observó astutamente que «una conspiración no es sino un acuerdo secreto de un número determinado de hombres para la prosecución de políticas que no se atreven a admitir en público». Las conspiraciones son comunes. Si no lo fueran, los departamentos de policía no necesitarían de unidades conspirando para perseguir crímenes tales como la “conspiración de la importación de la cocaína” o de cualquier colusión por parte de dos o más personas para romper la ley.

Se cita al propio Marrs arrojando algo de luz sobre el orígen del término:

El término “teoría de la conspiración” fue presentado intencionalmente a activos de la CIA en un documento de 1960 con el fin de contrarrestar información factual echa pública continuamente en relación al asesinato de Kennedy. Partiendo de esto, estos activos, incluyendo personalidades de los medios, comentaristas, académicos y oficiales del gobierno expandieron el término hasta convertirlo en un peyorativo ante cualquier afirmación divergente de la línea constitucional.

Y concluye Marrs señalando un problema de reiteración lingüística que, en cierto sentido puede recordar a una observación similar de Paul Feyerabend:

Sin embargo, la sobreutilización del término (…) ha disminuido el impacto del término.

Hamilton hace pues un llamamiento a una nueva generación de conspiranoicos “empoderada” intelectualmente:

Las conspiraciones existen. Siempre han existido, y no querer que existan no invalida su existencia. Pienso que es hora de rechazar la apropiación del término “conspiración” por parte de fuerzas que intentan manipular la opinión pública, y restaurarlo a su significado propio y original. Siempre que nos cuidemos de usar la lógica y la razón, no existirá ninguna clase de deshonor intelectual en la contemplación y discusión de conspiraciones; de hecho es imperativo si queremos mantener nuestra libertad.

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