» escuchado en la web · 27 diciembre, 2014

Antero Alli recuerda a Robert Anton Wilson

Una de las influencias más importantes para magufoapocalipsis.com ha sido, sin lugar a dudas, el escritor Robert Anton Wilson. Gracias a la labor de Guillermo Mazzuchelli el internauta puede disfrutar de la traducción al castellano de un buen número de sus obras ─inéditas en su mayoría en Iberoamérica─, junto con un montón de artículos afines a la esfera discordiana; todo esto en su inestimable blog La Manzana Dorada (¡Salve Eris!).

Lo que sigue es un compasivo ─en el sentido fuerte de la palabra─ biopic de la mano de Antero Alli, destilado directamente de su relación personal con RAW y su prolongada asistencia a las frecuentes reuniones que éste y su mujer Arlen hospedaban para la cúpula discordiana. Está transcrito directamente desde la colección de audios “RAW remembered”, desde la cual Alli lee a su vez de su libro The Eight-Circuit Brain: Navigational Strategies for the Energetic Body.

Como a muchos, la obra de RAW nos dejó una marca que aún a día de hoy continúa inserta en nuestras mentes. Alli lo describe perfecta y elocuentemente:

[me fascinaba] su estilo literario de rica información altamente compactada (…) era como si cada palabra disparara un químico diferente en mi cerebro. Bob poseía esta forma única de tratar las palabras que afectaba mi circuito oído-cerebro igual que las drogas. Recuerdo pensar para mí mismo: «¡de esto es de lo que va escribir! ¡Escribir va sobre hacer magia!».

Ciertos libros pueden cambiar tu vida, y El Disparador Cósmico ciertamente cambió la mía. Fue el primer libro que difuminó las líneas entre la realidad y la fantasía, y fue el primero en sugerir que estas lineas no existían más allá de mi creencia en dichas líneas. Fue el primer libro en desafiar mis creencias acerca de las creencias. (…) Leer sus libros establecieron una secuencia de explosiones psíquicas en cadena que tendría lugar en los años venideros.

(…) sus juegos iniciaron a sus lectores (…) en un lenguaje einsteniano lo más operativo posible, y lo hacía de la forma más entretenida posible que la imaginación podía conjurar. (…) Y aunque Bob era un maestro en su juego, nunca ví tratar a ninguna persona como a uno de sus personajes o sus juegos. Conocía la diferencia, y se tomaba su tiempo para hacer ver a los otros que de hecho la conocía. En ese sentido, Bob era profundamente emocional. Parecía pertenecer simultáneamente a dos generaciones: los cuidadores de la Segunda Guerra Mundial y los hedónicos [seekers] de los años 60.

Tras frecuentar varios años estos “salones psicodélicos”, sin embargo, Alli acaba por formarse una visión diferente y que entronca con otras críticas contemporáneas que se han hecho de las subculturas psicodélicas nacidas en los 60 como desconectadas del cuerpo y como portadoras de dinámicas descontextualizadoras. Insistimos en el sentido fuerte de lo compasivo de la crítica y animamos a la escucha del audio original para comprender la dimensión emocional de la misma al completo:

(…) lo que veía era un hombre habitando un mundo de su propia creación. Una sofisticado, entretenida y bizantina red de túneles de realidad atravesada por su consciencia constantemente y haciendo referencias cruzadas con asombrosa destreza y humor.

Ya se encontrase sobrio o ebrio, me di cuenta de que cada ocasión en la que Bob se veía cuestionado por alguien, se seguía un silencio consistente. Era como si se encontrase tan abstraído en su laberinto interno que le costaba unos instantes reconstruir su respuesta y hacerla emerger al momento presente. Empecé a preguntarme si Bob había perdido la capacidad para la experiencia directa y la respuesta espontánea viviendo tan profundamente en los múltiples túneles de realidad de su épica mente.

No conocí a Bob antes de que su hija Luna fuese asesinada a mediados de los 70, y por lo tanto no puedo decir cuán profundamente este trauma le pudo haber cambiado. Habiendo perdido una hija yo también, ciertamente puedo comprender cómo este shock externo puede alterar tu consciencia para el resto de tu vida. El cómo esto se desarrolle depende lo abierto emocionalmente que uno se mantenga tras la pérdida y de llegar intacto al otro lado.

Lo curioso acerca de Bob y las emociones es que nunca escuché a Bob decir nada positivo acerca de las emociones, las cuales despreciaba humorísticamente como “señales territoriales”, “políticas de corral” o “payasadas de culebrones”. Si Bob disfrutaba de cierta libertad con respecto a las “señales territoriales”, ciertamente éstas hacían acto de presencia en el momento en que sentía o percibía que sus editores estaban reteniendo sus royalties, o que sus libros no estaban obteniendo el reconocimiento que se merecían. Bob parecía involucrado emocionalmente en su legado literario, y además mostraba fuertes emociones cuando protestaba contra cualquier forma de opresión del estado sobre la gente. Para mí, todas estas protestas revelaban su humanidad.

[Difiero principalmente con Bob en su aproximación al cuerpo. Decidí que Timothy Leary y Bob pasaban por alto el cuerpo (…) Ciertamente escribían acerca del cuerpo, pero su lenguaje se hallaba impregnado por el lenguaje de la mente, explicándolo todo con todo lujo de detalles en términos racionales y científicos pero que, en mi opinión, fallaba en su apelación a los sentidos.

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