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» escuchado en la web, leído en la biblioteca · 10 enero, 2016

Volviendo a Robert Anton Wilson …

Todo lo que sea revisitar la obra de Robert Anton Wilson nos interesa en estos lares; es por ello que transcribimos/adaptamos este fragmento de una reciente conversación entre Gordon White y Ian “Cat” Vincent:

Creo que Robert Anton Wilson merece que se haga con él lo mismo que con Crowley: que se le vuelva a tratar como a un ser humano. (…) Porque es algo que aún no ha sucedido, y hay que decirlo: fue un producto de su tiempo y sí, tenía sus defectos. Se merece el que seamos capaces de decirlo, porque a) él estaría de acuerdo y b) corremos el riesgo de quedarnos atrapados en la superficie. Por ejemplo, el modelo de los 8 circuitos de Wilson ─que de todas formas copió de [de su amigo MK-Ultra] Leary─ tiene más de 40 años y [está complemente desfasado]. Y ahí no es donde radica el valor de [su obra]. Creo que sucede lo mismo con su comprensión de la geopolítica y de la cultura: es un producto de su tiempo, y creo que la gente se centra más en sus conclusiones que en lo realmente importante, que es su método [de agnosticismo remodelante: la idea de que cualquier estructura que utilices para describir la realidad va a estar incompleta en último término, por lo que vas a estar constantemente volviendo a ella, revisando los detalles, podando lo que no funciona en un proceso contínuo].

Y con esto no quiero decir que [su obra] no tenga relevancia: la tiene, y con una aproximación correcta es muy capaz de cambiar la cultura. Lo que me preocupa es que la gente que la esté usando correctamente sea tan sólo una minoría, y que acabemos dando vueltas hasta el infinito en esta especie de mundo hagiográfico en el que al final realmente no podemos saber nada acerca de nada, de ninguna conspiración, etcétera. Sin embargo creo que el mundo actual sí podemos saber ciertas cosas (…) Creo que hay una tendencia [entre muchos de sus seguidores] a quedarse atrapados en [conceptos superficiales] semánticos, y no creo que a él le hubiese gustado esto.

[Por ejemplo y relacionado con el discordianismo], es políticamente inerte y carente de valor lo de: «eh, tu puedes ser tu propio papa», porque las dinámicas de poder y de creación de sentido han abandonado la Iglesia desde hace décadas. (…) Viendo que la construcción del poder se hace ahora desde líneas tecnocrático-materialistas, [es interesante analizar] la diríase cuasi definitiva influencia que tuvo Wilson en Silicon Valley; no hay más que ver quien anda promoviendo las ideas de SMI2LE: Google, Elon Musk y DARPA. [Desde una perspectiva amplia de la obra de RAW, todo eso son detalles menores sacados de contexto].

BONUS─Al respecto de críticas anteriores de la desconexión de RAW con la esfera corporal, nos ha parecido interesante su comentario sobre las artes marciales en una entrevista incluida en An insider’s guide to Robert Anton Wilson:

─[Sugieres en un par de libros que la práctica de artes marciales] puede reimprimir el primer circuito [más rápido incluso que con asanas de yoga]. Siento curiosidad acerca de tu experiencia al respecto.

─No tengo experiencia alguna con las artes marciales. Bueno, un poco: condenadamente poco. Pero mi hija Cristina es cinturón negro tanto en kung-fú como en kárate y, viendo los cambios en su personalidad mientras completaba el entrenamiento, podría decir que es la persona con menos ansiedad que conozco. Creo que reimprimido por completo el primer circuito, y creo que en ese aspecto fue de más ayuda el kung-fú que el kárate.


 

 

» escuchado en la web, leído en la web · 7 diciembre, 2015

Contra la naturaleza

Mencionábamos con anterioridad, aunque de pasada, la noción de que el concepto de “naturaleza” es propio de la cultura occidental. Ampliamos en esta entrada el discurso bajo la guía de Erik Davis, quien desde esta entrevista en realitysandwich.com nos introduce a esta problemática:

Por un lado, tenemos lo salvaje ─lo que representa ser salvaje, o lo que supone encontrarte con lo salvaje en tu vida. Hablamos de lo desconocido, del misterio, el caos: una suerte de encuentro dionisíaco, de una intensidad tal que le lleva a uno más allá de la razón, ya se experimente en un entorno natural, en la propia cabeza o en la ciudad. Hay algo profundo que liga lo salvaje y lo humano. Tiene mucho que ver con lo que la gente busca cuando se hacen [seekers] espirituales, cuando se hacen religiosos, cuando sondean las profundidades. Cuando la gente cuestiona las demandas imperiales de razón se hace a menudo a través de alguna forma de lo salvaje ─ya sea en su forma sagrada, arcaica o no-humana.

Al mismo tiempo, puede argumentarse que toda esta idea de lo salvaje, de la naturaleza salvaje, es un constructo. Es parte de la imaginación Europea y esa imaginación está llegando a su fin: no está haciendo ya ningún bien. Algunos ambientalistas serios argumentan que las ideas de “salvaje” o incluso de “naturaleza” realmente son un obstáculo. El argumento es que las ideas religiosas o espirituales sobre la naturaleza que tan importantes  fueron para el ecologismo del siglo XX se interponen de hecho en el proceso de introducción de estos factores no-humanos en el sistema ─de una forma en que fuercen verdaderamente al sistema a reconocerlos y negociar con ellos, más que simular de forma abstracta e insidiosa que no existen. Y la verdad, no sé qué hacer con esta tensión entre estas dos formas de “lo salvaje”. Sólo sé que resulta increíblemente vital el mantener una puerta abierta a lo salvaje.

Davis entrevista a su vez a uno de estos filósofos ambientalistas serios, Timothy Morton (@the_eco_thought) en este episodio de “Expanding mind”. Extraemos un fragmento en donde se glosa la idiosincrasia del concepto, introduciendo la noción de la tensión entre formas cognitivas agrícolas/no-agrícolas:

“Naturaleza” es un concepto que se desarrolla en la era agrícola, sea llamado así o no. Es la idea de un área que está ahí ─sales por las puertas de la ciudad, caminas siguiendo el arroyo y de repente te encuentras enmedio de la naturaleza─ e incluso puede estar dentro de mí: está en mi ADN, corre por debajo de mí mismo; estoy yo pero de alguna manera hay algo subyacente a mí que es “natural”. Pero nunca está directamente: siempre está ahí, o subyacente.

Si lo piensas bien es una forma de pensar bastante agrícola: aquí estoy yo en la ciudad y todo lo que se sale de ella es “la naturaleza”; y puede serme hostil y cuando me afecta lo voy a llamar “hierba” o “plaga” y voy a intentar eliminarla. O, la versión inversa de esta idea: voy a hacer de la naturaleza algo romántico, voy a idealizarla.

Así que la “naturaleza” no va de, pongamos, el coral. No es que no crea en el coral. Es que creo en el coral. Creo que el coral es algo real: que es algo trenzado, retorcido, en oposición a las cosas “naturales”, que son rectas, regulares. Todo esto es, pienso, un síntoma de la modernidad. Es como luchar contra un virus inoculando otro virus, y así vamos gritando “naturaleza, naturaleza”. Y no está funcionando. Quizás debamos deshacernos del mismo concepto de naturaleza, que obstaculiza nuestra relación con las entidades no-humanas.

Pensémoslo de otro modo: las entidades no-humanas se encuentran ya en el espacio social. Es algo obvio: estas bacterias que están en mi nariz, que he depositado en una servilleta que a su vez he depositado en la mesa, ya están en el espacio social. Esto significa que el espacio social nunca fue completamente humano, y que realmente no hay una barrera entre el entorno en el que estoy viviendo y el entorno en el que otras criaturas viven. La idea que se sigue es que “la naturaleza” no es una cosa que está ahí: sea lo que sea, está en mi cara. O mejor: es mi cara. A partir de ahí, no tienes siquiera que usar la palabra, pues si está en todas partes y me afecta íntimamente, no existe ya distinción. Y, de modo contrario, la palabra “naturaleza” funciona de un modo normativo: se usa para distinguir entre algo que es auténtico y algo que es inauténtico; entre cosas que son buenas y cosas que son malas. Pero si todo es “naturaleza” el concepto pierde su poder. Y así el espacio social ─y también el espacio cognitivo y el espacio filosófico─ están ya habitados por entidades no-humanas.

Sigue un poco más adelante Morton definiendo el espacio cognitivo hacia el que conduce esta ruptura de barreras, relacionándolo con un concepto de animismo que intentaría deshacerse de inercias románticas e ingenuas:

En este espacio no se puede hacer una distinción rígida entre lo que está vivo y lo que no lo está. Es un espacio en el que la diferencia entre un cadáver y algo que está vivo ─o algo que es sólo química, o algo que es biológico─ se rompe. Un ejemplo de esto sería la ciencia moderna: lo que la biología contemporánea está diciendo básicamente es que las cosas vivas están hechas de cosas que no están vivas, así que no puede hacerse una distinción rígida. Y así uno debe confrontar una densa región habitada por toda clase de anomalías extrañas, de criaturas no-muertas. Y es esto lo que pienso del animismo: no es una distinción fuerte entre lo vivo y lo muerto. El animismo trata de aceptar que las cosas tienen esta asombrosa y extraña cualidad, que es inductora de paranoia y a la vez divertida y tonta. Una cualidad que confunde las categorizaciones, los límites. Está la vida y está la muerte: las cosas viven y mueren, pero no puedes hacer distinciones rígidas al respecto. Del mismo modo, no hay una distinción clara entre aparentar y ser, pero hay a la vez una diferencia entre aparentar y ser.

Así pues encontramos todas estas asombrosas y extrañas entidades y de hecho es así como creo que [las sociedades indígenas originales] experimentan el mundo: como una suerte de paranoia ontológica de la que hemos intentado deshacernos durante eras, pero que quizás contenga algo verdadero e interesante.

Esta ontología paranoica puede, además, constituir una herramienta útil ante la poliédrica crisis actual, como remarca Davis al final de la entrevista con la que hemos abierto la presente entrada:

Sea cual sea el tumulto que se encuentre ante nosotros, cualesquiera que sea la forma del caos que confrontemos ─ya sea una sociedad hipertecnológica que consiga mantener las cosas funcionado, ya sea una sociedad forzada a reorganizarse debido a un traspiés mayor o un colapso─ cuanto más capaces seamos de manejar lo salvaje, el caos, lo desconocido, el misterio, los otros, los susurros en los bordes de nuestros puntos de vista, más capaces seremos de navegar la situación tanto a nivel individual como cultural.


 

 

» escuchado en la web · 27 diciembre, 2014

Antero Alli recuerda a Robert Anton Wilson

Una de las influencias más importantes para magufoapocalipsis.com ha sido, sin lugar a dudas, el escritor Robert Anton Wilson. Gracias a la labor de Guillermo Mazzuchelli el internauta puede disfrutar de la traducción al castellano de un buen número de sus obras ─inéditas en su mayoría en Iberoamérica─, junto con un montón de artículos afines a la esfera discordiana; todo esto en su inestimable blog La Manzana Dorada (¡Salve Eris!).

Lo que sigue es un compasivo ─en el sentido fuerte de la palabra─ biopic de la mano de Antero Alli, destilado directamente de su relación personal con RAW y su prolongada asistencia a las frecuentes reuniones que éste y su mujer Arlen hospedaban para la cúpula discordiana. Está transcrito directamente desde la colección de audios “RAW remembered”, desde la cual Alli lee a su vez de su libro The Eight-Circuit Brain: Navigational Strategies for the Energetic Body.

Como a muchos, la obra de RAW nos dejó una marca que aún a día de hoy continúa inserta en nuestras mentes. Alli lo describe perfecta y elocuentemente:

[me fascinaba] su estilo literario de rica información altamente compactada (…) era como si cada palabra disparara un químico diferente en mi cerebro. Bob poseía esta forma única de tratar las palabras que afectaba mi circuito oído-cerebro igual que las drogas. Recuerdo pensar para mí mismo: «¡de esto es de lo que va escribir! ¡Escribir va sobre hacer magia!».

Ciertos libros pueden cambiar tu vida, y El Disparador Cósmico ciertamente cambió la mía. Fue el primer libro que difuminó las líneas entre la realidad y la fantasía, y fue el primero en sugerir que estas lineas no existían más allá de mi creencia en dichas líneas. Fue el primer libro en desafiar mis creencias acerca de las creencias. (…) Leer sus libros establecieron una secuencia de explosiones psíquicas en cadena que tendría lugar en los años venideros.

(…) sus juegos iniciaron a sus lectores (…) en un lenguaje einsteniano lo más operativo posible, y lo hacía de la forma más entretenida posible que la imaginación podía conjurar. (…) Y aunque Bob era un maestro en su juego, nunca ví tratar a ninguna persona como a uno de sus personajes o sus juegos. Conocía la diferencia, y se tomaba su tiempo para hacer ver a los otros que de hecho la conocía. En ese sentido, Bob era profundamente emocional. Parecía pertenecer simultáneamente a dos generaciones: los cuidadores de la Segunda Guerra Mundial y los hedónicos [seekers] de los años 60.

Tras frecuentar varios años estos “salones psicodélicos”, sin embargo, Alli acaba por formarse una visión diferente y que entronca con otras críticas contemporáneas que se han hecho de las subculturas psicodélicas nacidas en los 60 como desconectadas del cuerpo y como portadoras de dinámicas descontextualizadoras. Insistimos en el sentido fuerte de lo compasivo de la crítica y animamos a la escucha del audio original para comprender la dimensión emocional de la misma al completo:

(…) lo que veía era un hombre habitando un mundo de su propia creación. Una sofisticado, entretenida y bizantina red de túneles de realidad atravesada por su consciencia constantemente y haciendo referencias cruzadas con asombrosa destreza y humor.

Ya se encontrase sobrio o ebrio, me di cuenta de que cada ocasión en la que Bob se veía cuestionado por alguien, se seguía un silencio consistente. Era como si se encontrase tan abstraído en su laberinto interno que le costaba unos instantes reconstruir su respuesta y hacerla emerger al momento presente. Empecé a preguntarme si Bob había perdido la capacidad para la experiencia directa y la respuesta espontánea viviendo tan profundamente en los múltiples túneles de realidad de su épica mente.

No conocí a Bob antes de que su hija Luna fuese asesinada a mediados de los 70, y por lo tanto no puedo decir cuán profundamente este trauma le pudo haber cambiado. Habiendo perdido una hija yo también, ciertamente puedo comprender cómo este shock externo puede alterar tu consciencia para el resto de tu vida. El cómo esto se desarrolle depende lo abierto emocionalmente que uno se mantenga tras la pérdida y de llegar intacto al otro lado.

Lo curioso acerca de Bob y las emociones es que nunca escuché a Bob decir nada positivo acerca de las emociones, las cuales despreciaba humorísticamente como “señales territoriales”, “políticas de corral” o “payasadas de culebrones”. Si Bob disfrutaba de cierta libertad con respecto a las “señales territoriales”, ciertamente éstas hacían acto de presencia en el momento en que sentía o percibía que sus editores estaban reteniendo sus royalties, o que sus libros no estaban obteniendo el reconocimiento que se merecían. Bob parecía involucrado emocionalmente en su legado literario, y además mostraba fuertes emociones cuando protestaba contra cualquier forma de opresión del estado sobre la gente. Para mí, todas estas protestas revelaban su humanidad.

[Difiero principalmente con Bob en su aproximación al cuerpo. Decidí que Timothy Leary y Bob pasaban por alto el cuerpo (…) Ciertamente escribían acerca del cuerpo, pero su lenguaje se hallaba impregnado por el lenguaje de la mente, explicándolo todo con todo lujo de detalles en términos racionales y científicos pero que, en mi opinión, fallaba en su apelación a los sentidos.


 

 

» escuchado en la web, leído en la web · 26 noviembre, 2014

Críticas a Stanislav Grof / respiración holotrópica

Desde este episodio del podcast “Rewild Yourself”, Nora Gedgaugas pone en tela de juicio el uso de la técnica conocida como “respiración holotrópica”, introducida por el conocido psiquiatra ─y fundador de la psicología transpersonal─ Stanislav Grof:

La respiración holotrópica funciona induciendo un estado agudo de hipocapnia (…) y cuando tienes alguien que se encuentra en [este estado] (…) el cerebro se ve deprivado de oxígeno. Incluso una hipocapnia moderada puede derivar en un 40% de oxígeno menos en el cerebro. [Y éste es] un estado de emergencia, que te va a lanzar a una reacción de lucha o huída. Estás literalmente provocándote una pequeña asfixia. Entiendo que la gente tenga experiencias compensen la respiración holotrópica, pero desde el punto de vista de una entusiasta de la función cerebral no soy precisamente una partidaria de la misma. (…) Y aunque puedas usar cosas como el piracetam para proteger el cerebro en estados de hipoxemia, no creo que sea el camino más seguro a seguir.

Gedgaugas es consciente de estar «dando patadas a una vaca sagrada», y reconoce que el respeto y el reconocimiento hacia Grof son legítimos. Sin embargo, apunta, el uso de esta técnica surge de la necesidad de encontrar una alternativa a la LSD ─sustancia con la cual Grof inicia originalmente sus investigaciones─ tras la ilegalización de la misma.

Sin embargo, esta legitimidad se cuestiona en este amplio e interesante ensayo del filósofo Morten Tolbell, quien opina que las “emergencias espirituales” provocadas por estas técnicas se suelen considerar acríticamente como poseedoras de un potencial sanador y transformativo porque

las ideas de Grof se basan teorías erróneas de catarsis, que se basan a su vez en la noción de que la expresión de las emociones libera al sujeto de sus problemas personales. (…) [Se confunden] las experiencias místicas auténticas ─a las que sigue una comprensión─ con las experiencias no-ordinarias, en las que esta comprensión no tiene lugar. (…)  De este modo, la práctica espiritual incide en la forma de la consciencia (la comprensión) y no en sus contenidos (experiencia).

Tolbell continúa citando al filósofo independiente Kevin Shepard, para quien:

las prácticas de las que la respiración holotrópica dice inspirarse sólo pueden comprenderse correctamente en el contexto de sus culturas originales. [Son cuestionables también] los motivos de los facilitadores (…) en un contexto comercial.

También se hace referencia a Kate Thomas, quien critica a Grof por

alardear de poder ser capaz de convertir a un rabino judío en un monje Zen usando sus dosis de LSD, [sin tener en realidad] idea alguna de cómo un monje Zen vive o piensa, siendo incapaz de realizar el ideal tradicional.

¿Estamos ante críticas justificadas? ¿O quizás ante reacciones tradicionalistas?


 

 

» escuchado en la web · 18 noviembre, 2014

Meditación y discernimiento

Desde este episodio del podcast “Expanding Mind” Erik Davis hace una observación que nos invita al reconocimiento de que muchas de las técnicas que importamos desde otras culturas son de naturaleza más paradójica y compleja de lo que solemos pensar. En esta ocasión, se refiere a la contemplación de la práctica meditativa más allá de tópicos y lugares comunes, como cuando se la entiende simplemente como una forma de “relajación”:

(…) creo que existe evidencia muy buena que apoya la idea de que el discernimiento, de que el hecho de ser puntillosos y selectivos con detalles particulares no es necesariamente anti-meditación. La gente tiene la sensación de que en la meditación la finalidad es fundirse con el todo, el darse cuenta ─lo más rápido posible─ de que todo es uno, de que todo sucede a la vez; pero hay otra faceta de la misma que tiene más que ver con el desarrollo de la capacidad de discernimiento, de aislar cosas concretas para caminar hacia una participación con el entorno más rica, de mayor multidimensionalidad.

¿Una concepción, quizás, con más alma?


 

 

» escuchado en la web, visto en la web · 14 noviembre, 2014

Bolas de cristal / Ficciones profilácticas

En el episodio 435 del podcast “C-Realm” se cita a Karl Schraeder reflexionando acerca del hecho de quedarse estancando cuando se anticipan acontecimientos futuros, y del verdadero papel de la CiFi en dicha empresa:

No creo que debamos ─incluso si éste es el más plausible─ imaginar tan sólo un único futuro. (…) La ciencia ficción no va de predecir el futuro, sino de minimizar las sorpresas. Y si crees en un futuro en particular, lo que interpreto personalmente es que ése es el único futuro que no va a sorprenderte.

La postura de Schraeder está íntimamente relacionada con la noción de “túneles de realidad” acuñada por Timothy Leary y popularizada por Robert Anton Wilson, quien, desde el documental “Maybe Logic”, nos ilustra acerca del concepto:

Todos tenemos nuestro propio túnel de realidad, y desde nuestro túnel de realidad elegimos algunas cosas e ignoramos otras. Tenemos 10 mil millones de células en nuestro cerebro recibiendo cientos y cientos de millones de señales en todo momento. Y elegimos las que se adaptan a los moldes de nuestro cerebro, a los túneles de realidad que han sido grabados por la experiencia pasada: todos tenemos nuestro sistema de creencias, y las señales que encajan en nuestro sistema de creencias. Ignoramos las señales que no encajan en nuestro sistema de creencias, y en caso de que insistan en volver repetidamente, acudimos al psiquiatra para espantarlas.

En este sentido, Schraeder tiene la lección aprendida cuando por ejemplo afirma ─en este otro vídeo─ que su objetivo no es hacer predicciones exactas, sino «proveer a la gente de una serie de herramientas para pensar sobre el futuro».


 

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