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» visto en la web · 12 noviembre, 2015

Revisando memes “chamánicos”

Nos ha resultado harto interesante esta conferencia impartida recientemente por Jerónimo Mazarrasa en la Breaking Convention y extraemos y adaptamos aquí algunas de las ideas principales, que van en la dirección de la de-glamourización de las ideas de corte exótico-etnocéntrico acerca del chamanismo en nuestra cultura:

Considerad a Wolfgang Schäuble, el ministro alemán de economía: en Grecia se le considera un gran villano que ha contribuido a la destrucción del país. Sin embargo, para mucha gente en Alemania es un héroe: alguien que ha defendido a la cultura y a la población germanas Cuando me acerqué al chamanismo tenía la idea en mi cabeza de que los chamanes eran similares al Dalai Lama: gente anciana, sabia, viviendo en la montaña; amables, gentiles y trabajando por una humanidad mejor. Pero lo que descubrí mientras viví con grupos indígenas reales es que se parecen más a Schäuble. En sus aldeas se les considera hombres sabios, pero fuera de la misma se les ve más bien como villanos. Ambas cosas suceden al mismo tiempo: es una posición muy ambigua y es por esto que tradicionalmente no mucha gente quisiese ser un chamán, especialmente en lugares donde la enfermedad se concibe como consecuencia de la magia, y por lo tanto cada vez que alguien cae enfermo la gente va a buscar al responsable. Y a menudo se va a por el chamán, porque es él quien tiene la habilidad de hacerlo. Es por esto por lo que los chamanes a menudo no vivían vidas largas y por lo que no tenían un trabajo exactamente popular.

Otro meme deconstruido por Mazarrasa ─creemos que convenientemente, dada la creciente proliferación del mismo en diversas subculturas, muchas de ellas virtuales─  es el de “comunidad” o “tribu”:

Muchas veces, en occidente, personas de mentalidad similar se reúnen y se llaman a sí mismos “tribu”, o “familia”, e imitan costumbres de las comunidades indígenas. En lo que se equivocan es en que las comunidades indígenas son lo contrario a un grupo de personas de mentalidad similar que se reúne voluntariamente. La definición de comunidad para la antropología es la de un grupo de personas con la que no has elegido estar y con la que tienes que vivir. Y eso es una tribu: más que a un grupo de amigos una tribu se asemeja más a una familia. Eliges a los amigos, pero no a la familia: por eso las relaciones con ésta última son más difíciles. Así que todos los rituales y danzas de las tribus que celebran la comunidad son en realidad más parecidas a una herramienta necesaria para personas que se ven forzadas a convivir obligatoriamente las unas con las otras.

Dejando de lado que quizás “la naturaleza” siga siendo una idea propia de occidentales, establece a continuación una comparación entre las diferentes formas de relacionarse con la misma entre culturas tradicionales y modernas:

La idea que tenemos desde nuestras culturas hipertecnológicas es que la naturaleza está en peligro, que la estamos destruyendo. Así que tenemos que cuidar a la naturaleza, tener más contacto con ella, etcétera. Pero las comunidades indígenas nunca han tenido el poder para destruir la naturaleza, así que para ellas la ecuación se revierte: la gente está preocupada porque la naturaleza puede destruirles a ellos. Así que muchas veces las ofrendas y los pagos que se hacen a la naturaleza tienen un carácter más cercano al «te doy esto para que no me devores». No se trata de ser humanos preocupados por el bosque, sino de tener consciencia de que se es frágil y que si algo va mal en el bosque se puede perecer.

Concluye Jerónimo con una observación crítica de las consecuencias que estas proyecciones pueden tener en el tejido sociocultural de las sociedades tradicionales:

Así cuando nos aproximamos a este tipo de conocimiento teniendo nociones incorrectas de lo que supone el chamanismo, la comunidad o la naturaleza lo que hacemos es crear cierta demanda que cumpla nuestras expectativas ─unas expectativas sobre cosas que realmente no existen del modo en que queremos que existan. Pero lo seguimos queriendo, así que creamos ese espacio, y con este espacio creamos una oportunidad, una demanda de cierto tipo de curandero, de cierto tipo de experiencia con ayahuasca. Y si se crea la oportunidad vas a tener oportunistas: así que en vez de las personas que normalmente se convierten en chamanes lo que vas a tener es una nueva estirpe de personas que tradicionalmente no se habrían convertido en chamanes.


 

 

» leído en la biblioteca, leído en la web, visto en la web · 31 marzo, 2015

Sexo en Babilonia


Hablábamos en la primera parte de este escrito de cómo la cultura popular estadounidense está generando una nueva ─y boyante─ religiosidad centrada en, denominémoslo así, la “brujería”. Podría pensarse que estamos ante una reacción ante el patriarcado, como así señalan numerosas lecturas que importamos de allá. El punto de vista de de William Burroughs ─quien describiera la sociedad estadounidense como un matriarcado maligno, conformista y prosaico─ era, sin embargo, diferente:

La situación ha cambiado radicalmente, digamos desde los años 20 en los que yo era un niño; podrías describir aquella época como un matriarcado de núcleo duro. Ahora, la situación se ha complicado con la píldora y la revolución de la liberación de la mujer, que presuntamente estaría debilitando dicho matriarcado. Esto es al menos lo que dicen que están haciendo, que quieren que las mujeres sean tratadas como todo el mundo y que no quieren disfrutar de prerrogativas especiales simplemente por el hecho de ser mujeres. No sabría exactamente como describir esta situación. Ciertamente, no se trata de una sociedad patriarcal ─hablo de la América contemporánea─ pero tampoco creo que puedas describirla como un matriarcado arquetípico o uniforme ─quizás con la excepción del sur de los Estados Unidos.

Para una reexaminación de la falsa dicotomía entre “norte democrático” y “sur esclavista” puede consultarse Edad Oscura Americana: La Fase Final Del Imperio de Morris Berman, y quizás puedan entenderse desde ahí piezas de la cultura popular de dignificación de la “américa profunda” de corte conservador como “Los Soprano” ─con el rechazo de la excéntrica hermana hippie del protagonista─ e incluso “True detective” ─con la insufrible pedantería del detective intelectual/existencialista y la parsimonia de su paleto compañero. Sin embargo, siguen siendo las sitcoms con personajes urbanos las que más éxito tienen a nivel global ─dándose a veces situaciones espeluznantemente paradójicas como la señalada por el mismo Berman en esta entrevista:

(…) recuerdo haber leído hace tiempo que la serie de TV más popular en la franja de Gaza era la comedia de situación americana “Friends”. ¿Puede creerlo? Ahí tiene gente que es asesinada con regularidad por misiles “Made in USA”, que detestan profundamente los EEUU, y que adoran esta comedia sobre la vida norteamericana (es decir, lo que ellos creen que es la vida norteamericana). En términos de propaganda, tiene que reconocerle un gran mérito a los EEUU.

Frank G. Rubio y Enrique Freire señalaron en Protocolos para un apocalipsis que esta asimilación por parte de Occidente tiene objetivos geopolíticos claros ante lo que se prevee una lucha cada vez más competitiva por los recursos naturales en Oriente Medio en el contexto de una disminución de la producción petrolífera. En magufoapocalipsis.com tendemos a pensar que, además del factor propagandístico ─que existe sin lugar a dudas─ también se da algo de una inercia inconsciente, una deriva hipersticiosa mezclada con el entretenimiento y la dinámica succionadora de la imagen.

Por descontado, a las mujeres de Gaza les resulta más agradable una serie en la que hombres y mujeres conviven prácticamente sin conflictos en contraposición con el machismo en Palestina de su vida diaria. Y esto no sucede sólo allá. A principios de 2015 aparecía en la revista Interviú un posado de una Arantxa Bustos ─participante de un popular “reality show” inspirado en un formato norteamericano─ ataviada con aderezos a su vez también provenientes de la cultura popular estadounidense. En la entrevista que acompaña a las fotografías, vemos repetirse el mismo patrón de Gaza: «antes mi novio me prohibía muchas cosas. Ahora hago lo que quiero, por ejemplo la portada de Interviú», cuenta Bustos.

Pero esto lleva sucediendo desde hace mucho tiempo. Por ejemplo, David. F. Noble detalla en su A world without women cómo es la huída de las mujeres de sus entornos opresivos la que impulsa el nacimiento de nuevas formas culturales de gran influencia a la hora de conformar el cristianismo primitivo. Puede resultarnos chocante, pero parece que así sucedió: los monasterios mixtos ─regidos por sacerdote y sacerdotisa─ fueron una constante durante la Edad Media en la periferia de la religión ortodoxa.

Hablando de otras sacerdotisas anteriores, David Graber cuenta en En deuda cómo se relaciona el nacimiento del patriarcado con las mismas:

el “patriarcado” se originó, ante todo en un rechazo a las grandes civilizaciones urbanas en nombre de la pureza; en una reafirmación del control paterno contra grandes ciudades como Uruk, Lagash y Babilonia, a las que se veía como lugares de burócratas, mercaderes y prostitutas. (…) Los orígenes de la prostitución comercial parecen enmarañados en una peculiar mezcla de práctica sagrada (o antaño sagrada), comercio, esclavitud y deuda.

(…) se consideraba a algunas sacerdotisas, por ejemplo, casadas o dedicadas de alguna otra manera a los dioses. Lo que esto significara en la práctica parece que varió de manera considerable. De manera similar a las posteriores devadasis, o «bailarinas del templo» de la India hindú, algunas permanecían célibes; a otras se les permitía casarse pero no tener hijos; de otras se esperaba que encontraran ricos mecenas, convirtiéndose en realidad en cortesanas para la élite. Otras vivían en los templos y tenían la responsabilidad de estar sexualmente disponibles para los fieles en ciertas ocasiones rituales. Algo que todos los textos resaltan es que a todas estas mujeres se las consideraba extraordinariamente importantes. En un sentido muy real, eran la encarnación definitiva de la civilización. Al fin y al cabo, toda la maquinaria de la economía sumeria existía para mantener los templos, considerados la morada de los dioses. Como tales, representaban el refinamiento definitivo en todo: de la música a la danza y al arte, la cocina y la gracia de vivir. Las sacerdotisas y esposas de los dioses, en los templos, eran las más elevadas encarnaciones de esta vida perfecta.

Entendiendo pues las civilizaciones agrícolas como una deriva de las dinámicas económicas de la esfera de recolección regida primordialmente por las mujeres ─en conflicto con los instintos cazadores ahora sedentarios y, por tanto, estancados─ podemos concebir entonces los estados modernos como entidades con una idiosincrasia, en el fondo, femenina. Este no es ciertamente un discurso que goce de popularidad en la mayoría de sectores afines a la revuelta. Cabría señalar, sin embargo, que lo mismo afirmó en su día Wilhelm Reich, a quien citan en este blog:

Reich aseguró que la dominación comienza en los primeros años de vida del individuo con la represión de los instintos sexuales del niño y adolescente, aplicando la prohibición, los castigos y el remordimiento. Se trata de una técnica muy eficaz porque «la inhibición sexual es el medio de ligar al individuo con la familia». El objetivo de esa unión sería convertir «el lazo biológico del niño con su madre y el de la madre con los niños en una fijación sexual indisoluble y en una falta de aptitud para contraer otros vínculos. El vínculo del niño con su madre es el núcleo de la unión familiar». Una vez pasa el tiempo y los niños se convierten en adultos, esa unión con la familia se traslada al Estado, ya que «las representaciones de patria y de nación son, en su núcleo subjetivo emocional, representaciones de la madre y de la familia».

Cantaban los Everclear en su tema “Volvo Driver Soccer Mom”: «¿dónde van las estrellas del porno cuando se apagan las luces? / creo que se han mudado a los suburbios / [y ahora son rubias] e insulsas esposas republicanas de clase media». No es de extrañar pues que desde estratos desfavorecidos de la sociedad exista una creciente animadversión hacia cualquier cosa que tenga que ver con el feminismo ─el tan traído y llevado “feminazismo”. Un texto esclarecedor en este sentido ─en el cual ciertamente se puede palpar agriedad y dolor, en paralelo a la situación en Mesopotamia citada un poco más arriba─ es “La burbuja de la misandria” (enlace):

Efectivamente hay una tiranía izquierdista que opera desde las sombras dentro de las fronteras del país pero completamente fuera de la Constitución, la cual puede someter a un hombre a horrores propios de una tiranía como Corea del Norte, (…) cualquier hombre desprevenido puede ser arrastrado por este Estado en la sombra.

Podría pensarse en un estallido ctónico de sexualidad que opera desde el centro mismo del capitalismo gracias a los avances en materia de anticoncepción y en una progresiva toma de posiciones por parte del sector femenino en las instituciones ante una mente y una líbido masculina diezmadas y aturdidas pornografía mediante. Sí, hay un factor de reintroducción al primitivismo, que puede derivar en un “revival arcaico”. Hay, sin duda, espacio y posibilidades para la experimentación. Pero también hay un retorno de lo reprimido, así que no habría que entender todo esto de forma ingenua: una madre hiperdominante con legiones de esclavos cibernéticos en colmenas cada vez más digitalizadas ciertamente suena a distopía de ciencia ficción.

Insistiremos al lector/a que se esté rasgando las vestiduras y profiriendo maldiciones ─epítetos políticamente correctos mediante─, de que nos es imposible posicionarnos a favor o en contra de todo esto. Estamos hablando de una fuerza ctónica; del mismo modo que frente a un huracán o un tsunami, resultaría estúpido y absurdo hacerlo. Intentamos, simplemente, dejar atrás nuestra ingenuidad.


 

 

» leído en la biblioteca, leído en la web, visto en la web · 27 marzo, 2015

La magia monetaria de la Nueva Era

La cultura magufoalternativa anglosajona lleva pergeñándose bastante tiempo, y con la llegada de  Internet todo el caudal de su discurso está inundando las mentes de la población online con situaciones que se nos aparecen estrafalarias, como esta discusión de los vericuetos de la “brujería capitalista” en un medio digital no precisamente marginal. Aprovecharemos las intervenciones de Mitch Horowitz en la misma para dar salida a algunos temas que nos inquietan.

Así pues, ante el fenómeno de la Nueva Era, Horowitz no se muestra reacio a la hora de admitir ambigüedades y paradojas en este popular movimiento:

Tenemos una vasta cultura de la Nueva Era en este país, de raíces muy profundas y que es para millones de personas un lugar de auténtica expresión religiosa. (…) Hay una larga tradición de gente en este país involucrada ─a veces comercialmente─ en la realización de conjuros y otras [técnicas ocultistas]. Y, para muchos americanos, se trata de un compromiso.

Las congregaciones religiosas de muchas personas se hallan exclusivamente en Internet. (…) La gente monta iglesias online, o se une a comunidades religiosas online. La red se ha convertido en un gran eje de [dinámicas de adoración], que probablemente rebase en número a las comunidades físicas de este tipo. (…) Estamos hablando de decenas de millones. [En cuanto al dinero que se mueve], nadie lo sabe a ciencia cierta; pero se están haciendo contribuciones enormes [a este tipo de organizaciones].

El que el impulso religioso se haya trasladado a la esfera virtual y el hecho de que se muevan grandes sumas de capital da para especulaciones ya no parapolíticas, sino metapolíticas. Pero esto nos lo vamos a ahorrar por el momento, añadiendo simplemente que al aplicar la revelación de Sturgeon habría entre estas especulaciones un 10% que no descartaríamos como chaladuras. Volviendo a Horowitz y el tema monetario:

El dinero y la religión nunca se han acabado de llevar bien, incluso desde la antigüedad, y siempre ha existido esta incomodidad al respecto, que puede por ejemplo encontrarse en los evangelios, con Cristo lanzando las monedas de los comerciantes en el templo. Pero el hecho es que la luz tiene que encenderse, tienen que pagarse las facturas, comprar la comida, y la gente que está involucrada en prácticas religiosas va a cobrar por sus servicios. Esto ha sido así durante siglos.

Existe un lugar bastante común en la Nueva Era que identifica el dinero como una “energía”, en nuestra opinión como un intento de explicar intuitivamente todo un conjunto de imperativos de carácter ctónico ─y por lo tanto, en último término, no racionalizables─ como supervivencia, reproducción, abundancia o escasez y la asociación de los mismos a la esfera cultural en forma de creencias y sistemas de valores.

La contradicción la encontramos en que la Nueva Era se identifica ─superficialmente─ con tradiciones preindustriales. Sin embargo, como ha señalado el historiador e orientalista Paul Unschuld en su ensayo “Traditional Chinese Medical Theory and Real Nosological Units: The Case of Hansen’s Disease” la energía «es un concepto central de las sociedades industriales» y que «como sucede a menudo en la historia, un concepto económico primordial se aplica [a otras esferas como] la riqueza nacional o la salud personal» haciéndonos pensar sobre las mismas «en términos de energía y recursos». Lo ctónico/primordial pasado por el proceso de industrialización, en definitiva. ¿Otro caso de primitivismo naif?

Si además añadimos pastiches con ideas de corte einsteniano ─«la materia y la energía son formas distintas de la misma cosa y la materia se puede transformar en energía y la energía en materia»─ que se asemejan conceptos de estas culturas preindustriales como el de Qi o Prana, se pasa a equipar el constructo “energía” con éstos y se acaban por usar de forma intercambiable, como si fueran equivalentes. Añadiendo además a esta inercia de proyección etnocéntrica toda la maquinaria de propaganda audiovisual de nuestra propia cultura ─recientemente publican en El Estado Mental un ácido y divertidísimo retrato de la misma de la mano de Antonio Ferrer─ lo lógico es que en estas zonas intermedias acabe reinando la confusión. Esto, precisamente, es lo que defiende Horowitz:

Internet es como un gran test de Rorsasch, y la gente va a ver en él lo que quiera ver. Hay gente que se indignará y dirá: «mira lo que hacen estos, dedicándose a tangar a todos estos locos que compran esos servicios». Otros, entre los que me incluyo, dicen: «Mira, este es el mercado de la fe; es grande, es caótico, lioso, creativo, y en algunos casos es maravilloso calificarse a uno mismo como uno desee y formar las asociaciones que quiera. Es la mejor parte de la Internet. Y francamente, en cuanto al sablazo ─te lo digo como un historiador dedicado a las religiones desde hace mucho tiempo y sabiendo que esto va a sorprender a mucha gente─ en la Nueva Era veo mucha sinceridad y mucha ingenuidad. Puedes decir que son ovejas perdidas que no saben lo que hacen. Creo ─y sé que mucha gente se opondrá a esto─ que la mayoría de las veces a la gente no se la estafa, si definimos estafa como ser engañado por una cantidad ruinosa de dinero. Un intercambio monetario menor como 25 dólares por un hechizo o algo así es en el fondo un sistema de creencias. No creo que necesariamente debamos estar controlando este tipo de cosas.

En otras palabras: lo que puede ser visto como un acto malintencionado podría ser simplemente el resultado de un carácter ingenuo ─sin olvidar que las exigencias de la superviencia no dejan espacio para el pensamiento reflexivo─ lo cual no quita que el necio sea más peligroso que el malo o que el camino al infierno esté empedrado de buenas intenciones. En magufoapocalipsis.com tendemos a entender los habituales discursos en los que un interiorizado y arquetipico Jesucristo expulsa a los mercaderes de la Nueva Era del Templo (de Jerusalén) más como una admonición de inercia catecúmena que otra cosa. Retrataba esta tesitura Kiko Amat en el número 5 del fanzine “La Escuela Moderna”:

Este juicio moral sobre como se ganan la vida los demás, este medir el compromiso del vecino, esta actitud de “holier-than-thou” (soy más puro que tú, más vegano, más lanza-adoquines, más amigo-del obrero, etc) es, en nuestra opinión, el talón de Aquiles de la izquierda (…) Cuando el hambre aprieta (metafóricamente; digamos la hipoteca o el alquiler) uno necesariamente se ve obligado a coger empleos remunerados (…) Sólo los pijos y la gente demencialmente acaudalada puede permitirse pasar por la vida sin hacer concesiones de ningún tipo; e incluso así, parten del dudoso derecho de herencia. El resto del mundo hacemos lo que podemos, cómo podemos, cuando nos dejan.

El filósofo Antonio Escohotado viene defendiendo desde hace años que este popular mito sirve en el fondo a los intereses de las sociedades cristianas militaristas ─y téngase en cuenta de que gran parte del entramado tecnocientífico proviene directamente de este sustrato, como detalló exhaustivamente David F. Noble en A world without women o La religión de la tecnología. El mito en sí estaría limitando la movilidad social que implica el comercio. No diremos que comprendemos con profundidad la obra de Escohotado, básicamente porque no hemos leído ninguno de los tomos de Los enemigos del comercio. Tampoco presumimos de tener unos conocimientos acerca de “ciencias” políticas o económicas como para tirar cohetes, pero vamos, que si uno desea ponerse en contacto con este discurso existe un blog que recopila muchas de las entrevistas que se le han hecho a Escohotado al respecto. Como contra-narrativa ante una secularización del cristianismo en forma de marxismo ya nos vale.

Cualquiera que haya comparado la experiencia de ofrecer sus servicios de forma gratuita con la de hacerlo cobrando aunque sea algo simbólico apreciará este tipo de pensamiento. Con esto no queremos decir que descartemos potlatchs inmediatistas à la Hakim Bey (PDF), pero a este respecto aceptamos que es un terreno que, dada su relación con la ambigüedad ctónica que comentábamos antes ─y recordemos que el constructo occidental que hemos venido a llamar chamanismo se basa en ideas que marginan esta dimensión─ se presta a la paradoja y a la contradicción. Sin ir más lejos, Hakim Bey ha podido mantenerse a sí mismo y generar su obra durante toda su vida gracias a una cuantiosa herencia familiar.

Y es que dejando de lado mantos románticos, pareciera que el aceptar esta dimensión de incertidumbre tiene realmente efectos “mágicos” ─en el sentido de que suceden cosas─ y que por lo tanto las lecturas naif de la Nueva Era del dinero como “energía” no pueden descartarse tan fácilmente. La pionera ayahuasquera Marlene Dobkin de Ríos The Psychedelic Journey of Marlene Dobkin de Rios relata algo similar:

[Cuando empecé a leer las cartas en Perú] no se me ocurría pedir remuneración alguna. Después de todo, esa gente era muy pobre. ¿Cómo iba yo a añadir mayor carga a sus espaldas? [Volví a Nueva York] y me recomendaron cobrar por cada lectura, incluso si era una pequeña cantidad, porque éstas eran las normas de los lectores de cartas. (…) Cuando volví a Iquitos me convertí en una “curiosa” capacitada, una especialista que podía adivinar el futuro. De repente mi práctica se incrementó diez veces y la gente prácticamente hacía cola para que les leyese la fortuna.

Nuestra intuición es que influyendo esta ambigüedad se encuentra la tensión entre formas socioeconómicas agrícolas y nómadas; en la idiosincrasia estadounidense se encuentra una expresión religiosa ─una vuelta a un primitivismo mediado por el protestantismo─ que se añade a un territorio de vasta extensión, de una abundancia material superlativa y que por tanto permite formas de organización sociales y territoriales más descentralizadas que subvierten la tendencia concéntrica y vertical de la sociedades del Viejo Mundo. Es desde este movimiento de cualidad excéntrica desde el que seguimos leyendo a Horowitz:

[La etiqueta de bruja] es algo que se adopta a título personal. No hay dogmas, ni seminarios en los que uno se gradúa. Pero en cierto sentido esto es lo que es maravilloso de nuestra cultura religiosa: este caos creativo que podemos ensamblar libremente, en el que libremente podemos adoptar las etiquetas que queramos. Si quieres llevar a cabo una ceremonia de matrimonio para tus amigos, te puedes investir pastor en unos cuantos clicks de ratón. Y mucha gente rueda los ojos hacia un lado ante esto ─y es verdad que se dan abusos en estas situaciones─ pero creo que tampoco queremos una situación con centinelas que deciden con qué etiquetas podemos y no podemos definirnos a nosotros mismos. Y esta es, en cierto modo, una característica, muy buena de la cultura religiosa americana.

Sin querer ejercer de videntes, está claro que el colapso energético al que parece que el cénit del petróleo nos aboca ─en ausencia por el momento de un milagro tecnológico deus ex machina─ acabaría con la cultura de autopistas y urbanizaciones aisladas del paraje urbanístico estadounidense que posibilita esta descentralización. Por otra parte, tampoco se nos escapa el que esta libertad para autodefinirse tenga un reverso quizás contraproducente relacionado con la deriva lingüística ─«definir ha llegado a significar casi lo mismo que comprender» que decía Alan Watts, o también: «intentar definirse uno mismo es como intentar morderse uno sus propios dientes».

Pero de momento la cosa sigue en marcha e influyendo a la mente colectiva, como veremos en una segunda parte de este escrito.


 

 

» leído en la web, visto en la web · 2 marzo, 2015

La adicción a las narrativas lineales

«La gente cree que la clave es el sexo, el humor o los animales, pero lo que hemos descubierto es que la base de un gran anuncio es si cuenta una historia o no». Es lo que concluye Keith A. Quesenberry tras conducir un estudio en el que

las personas calificaron anuncios con tramas dramáticas ─los mismos arcos narrativos favorecidos por clasicistas como William Shakespeare─ de forma significativamente más alta que aquellos sin un planteamiento claro, desarrollo, nudo, clímax y desenlace.

En la siempre interesante revista digital Aeon hay colgado un vídeo de Paul Zak en el que se analiza cómo esta estructura del arco dramático ─descrita por Gustav Freytag hace 150 años─ «cambia nuestro comportamiento cambiando nuestra química cerebral», mediante una poderosa reacción que involucra hormonas del estrés y de la empatía: cortisol y oxitocina, respectivamente. No se registraron cambios significativos cuando los sujetos del experimento de Zak se vieron expuestos a narrativas que no incluyesen un clímax dramático.

No es un tema baladí; si tanto la industria publicitaria como DARPA ─según este artículo en Pijamasurf─ están investigando acerca de este tema no es descabellado albergar al respecto sospechas relacionadas con el control mental aplicado a la cultura audiovisual. «Diría que hay ciertas historias que pueden ser adictivas ─comenta el coronel William Casebeer─ y, neurobiológicamente hablando, no tan distintas a inhalar algo de cocaína».

¿Adictos al arco dramático? Usando el popular modelo de lateralidad hemisférica cerebral ─del que ciertamente se hacen demasiadas interpretaciones de tono naif─ el psiquiatra Dan Siegel señala que

(…) el hemisferio izquierdo del cerebro se ve impulsado a la construcción de narrativas que usan secuencias de eventos lineales, con un lenguaje muy literal del tipo “pasó esto, luego esto otro y luego esto de más allá”. (…) En el hemisferio derecho, por otra parte, reside la conexión al cuerpo; así que son los sentimientos en los músculos, en el corazón y en los músculos los que modelan una experiencia. (…) las emociones de tristeza, ira, pertenencia, frustración o decepción se experimentan de una forma muy poderosa en el hemisferio derecho del cerebro. (…) El hemisferio derecho contiene nuestras vivencias, pero el hemisferio izquierdo quiere contar una historia lineal.

Siegel sugiere que la narrativa del hemisferio izquierdo es de hecho autopacificadora, y tiene entonces sentido leer esta adicción a las narrativas lineales como un ejercicio de huída del cuerpo, del silencio. También puede leerse esta tendencia autopacificadora como un mecanismo de defensa ante la actual disolución del trance alfabético.


 

 

» visto en la web · 29 enero, 2015

Diga: natura vexata

Una observación de Jeremy Narby desde esta conferencia, que encajamos en nuestra archivo de sutilezas lingüísticas que podrían estar configurando de forma inconsciente nuestra percepción de la realidad:

“Naturaleza” es un concepto delicado. Los diccionarios lo definen como los fenómenos del mundo material ─incluyendo plantas y animales─ que excluyen a humanos y a sus creaciones: la Naturaleza es todo lo que no es humano. Y como varios antropólogos han señalado, éste es un concepto propio de la cultura occidental. Si vas por ejemplo al Amazonas y le preguntas a la gente de allí por su palabra para la naturaleza, para todo lo que no es humano, te dirán: «¿Qué? No tenemos un concepto así. De hecho para nosotros es al revés: para nosotros todo es humano». No establecen ninguna diferencia entre los seres humanos y el resto de especies.

En la cultura occidental tendemos a dicotomizarlo todo, a construir conceptos que se definen oponiéndose entre sí: naturaleza/cultura, cuerpo/mente, bien/mal, sujeto/objeto. Las dicotomías son herramientas poderosas para obtener conocimiento, pero también pueden distorsionar el entendimiento de aquellos que las usan ─introduciendo las separaciones que contienen. Al utilizar lenguajes occidentales usamos dicotomías continuamente sin darnos cuenta.

Así que, amigos de la Naturaleza: dáos cuenta de que la misma palabra “naturaleza” introduce una separación entre nosotros y el resto de especies.


 

 

» leído en la web, visto en la web · 9 diciembre, 2014

Hiperstición

Aprovechamos que Francisco Jota-Pérez cuelga en Youtube su charla en la MIRcon de 2014 sobre la hiperstición para recuperar un párrafo sobre este concepto que se tradujo para el fanzine Le Mutant Diplomatique (puede descargarse aquí), y que da cuenta de una serie de temas que por aquí nos fascinan: la porosidad entre la realidad y la ficción, el arte como conjuro, la guerrilla ontólogica o la vida más allá del posmodernismo. El pasaje en cuestión (descarga) se extrae del libro Retaking The Universe: William S. Burroughs in the Age of Globalization:

La ecuación entre realidad y ficción ha sido aceptada más en su aspecto negativo —una variedad de un escepticismo ontológico posmoderno— que en el positivo, como una investigación de los poderes mágicos del conjuro y la manifestación: la eficacia de lo virtual (…) La asimilación de la [hiperstición] por parte del posmodernismo textualista constituye un acto de “sabotaje interpretativo” dirigido a restar funcionalidad [a estos textos] convirtiéndolos en ejercicios estéticos de estilo. Lejos de constituir una subversión del realismo representativo, la celebración posmoderna del texto sin un referente meramente consuma un proceso que el realismo representativo había iniciado. El realismo representativo despoja a la escritura de cualquier función activa, sometiéndolo al rol de la reflexión —y no la intervención— sobre el mundo. Es un camino rápido hacia una dimensión de textualidad prístina, en la que se niega la existencia de un mundo independiente del discurso. (…)

Para los posmodernos, la distinción entre lo real y lo irreal o no es sustantiva o no se trae a colación, mientras que para los adeptos a la hiperstición la diferenciación entre “grados de comprensión” es crucial. La escritura opera no como una representación pasiva, sino como un agente de transformación a partir del cual ciertas entidades pueden emerger. (…) Pero estas operaciones no ocurren en territorio neutral (…) todas las condiciones de la existencia [son] resultado de conflictos cósmicos entre agencias de inteligencia enfrentadas entre sí.  En el proceso de hacerse reales, las entidades deben también manufacturar realidades para sí mismas: realidades cuya potencia a menudo depende de la estupefacción, subyugación y esclavización de las poblaciones y cuya existencia se halla en conflicto con otros “programas de realidad”. (…)

Mientras que el realismo meramente reproduce el programa de realidad dominante desde dentro, sin identificar nunca dicho programa, [las narrativas activas] buscan salirse de los códigos de control para desmantelarlos y cambiarlos de lugar. Cada acto de escritura es una operación de hechicería, una acción de la resistencia en una guerra en la que multitud de hechos objetivos son guiados por los poderes de la ilusión. Incluso el realismo representativo es partícipe —aunque sin ser conscientede ello— en esta guerra mágica, colaborando con el sistema de control dominante al apoyar implícitamente sus afirmaciones acerca de ser la única realidad posible».

En el blog de Jota-Pérez una lista con más referencias al respecto.


 

 

» visto en la web · 8 diciembre, 2014

Suerte, chamanismo, brujería

Tenemos en esta conferencia de título “Guerrilla Psychonautics” otra interesante pieza en nuestro proceso de deconstrucción del (neo)chamanismo. En esta ocasión, Neil Kramer nos informa acerca del orígen de un vocablo ampliamente utilizado en la literatura anglosajona al respecto: “sorcery” o “sorcerer”:

En el túnel de realidad consensual, [sorcery] puede sugerir poderes sobrenaturales negativos, magia negra o malas intenciones. La palabra [sorcery] viene del latín “sors”, que significa destino u oráculo, o las palabras de un oráculo. El complejo de memes asociados con las prácticas de [sorcery] son un resíduo del exterminio masivo de los practicantes de la espiritualidad indígena en Europa por parte de la Iglesia Católica durante los siglos XV a XVII.

Quizás el hecho de que no dispongamos en castellano de una palabra asociada a dicho significado pueda deberse a dicha influencia del catolicismo. Y, si bien no presuponemos una interpretación ingénua del término, reconocemos a la vez que la imaginería cultural a la que va asociada opera inconscientemente sobre nosotros y puede tener más fuerza de la que pensamos.

No hemos traducido “sorcery” como “brujería” o “hechicería” ─como se hace habitualmente─, para no incurrir pues de nuevo en esta deformación semántica. Al parecer, “sorcerer” deriva del latín vulgar “sortiarius”: «alguien que influye en el destino o en la fortuna». Palabras derivadas de “sors” en castellano incluyen “suerte” o “sortilegio” ─esta última, literalmente, “lectura de la suerte”. En este sentido, Kramer continúa refiriéndose a las tendencias proyectivas y exotistas de buena parte del movimiento neochamánico:

Cuando decimos “chamanismo” quizás imaginamos personas en Perú, en Siberia o en contextos de los indígenas americanos, y esto no es necesariamente así: esto es una interpretación popular moderna. Yo diría que el “chamanismo” es indígena de cada país, de cada continente, y ese impulso chamánico ocurre naturalmente en todos nosotros.

“Sorcery” aparece entonces como concepto cosmológico y filosófico, como una vía hacia la fusión con el propio destino, como pudiera buscarse también ─dentro del marco cultural oriental─ en el taoísmo o, sin ir más lejos, en el epicureísmo de la época helenística.


 

 

» visto en la web · 24 noviembre, 2014

Colapso y etnocentrismo

Esto que apunta Carlos Taibo en este vídeo es ampliamente sabido, aunque también lo olvidamos de forma recurrente:

El concepto de “colapso” (…) incorpora cierta dimensión etnocéntrica. Nosotros hablamos del colapso como algo que se va a producir dentro de 15, de 20 o 40 años.  Pero la mayoría de los habitantes de los países del sur no tienen esta percepción: consideran que viven en el colapso desde siempre.

Añade Taibo:

Cada vez estoy más convencido de que el término crisis es un término nuestro, del mundo opulento (…) porque se vincula con una visión cíclica de los hechos que nos aconseja concluir que hoy estamos en una etapa de crisis y de recesión, pero que pasado mañana llegará otra de bonanza, y más allá otra de crisis, y otra de bonanza; los habitantes de los países del sur no experimentan estos altibajos: (…) [viven] en una situación de bancarrota estable, [en la que no existen] estos conceptos espasmódicos de “crisis” o “colapso”.


 

 

» escuchado en la web, visto en la web · 14 noviembre, 2014

Bolas de cristal / Ficciones profilácticas

En el episodio 435 del podcast “C-Realm” se cita a Karl Schraeder reflexionando acerca del hecho de quedarse estancando cuando se anticipan acontecimientos futuros, y del verdadero papel de la CiFi en dicha empresa:

No creo que debamos ─incluso si éste es el más plausible─ imaginar tan sólo un único futuro. (…) La ciencia ficción no va de predecir el futuro, sino de minimizar las sorpresas. Y si crees en un futuro en particular, lo que interpreto personalmente es que ése es el único futuro que no va a sorprenderte.

La postura de Schraeder está íntimamente relacionada con la noción de “túneles de realidad” acuñada por Timothy Leary y popularizada por Robert Anton Wilson, quien, desde el documental “Maybe Logic”, nos ilustra acerca del concepto:

Todos tenemos nuestro propio túnel de realidad, y desde nuestro túnel de realidad elegimos algunas cosas e ignoramos otras. Tenemos 10 mil millones de células en nuestro cerebro recibiendo cientos y cientos de millones de señales en todo momento. Y elegimos las que se adaptan a los moldes de nuestro cerebro, a los túneles de realidad que han sido grabados por la experiencia pasada: todos tenemos nuestro sistema de creencias, y las señales que encajan en nuestro sistema de creencias. Ignoramos las señales que no encajan en nuestro sistema de creencias, y en caso de que insistan en volver repetidamente, acudimos al psiquiatra para espantarlas.

En este sentido, Schraeder tiene la lección aprendida cuando por ejemplo afirma ─en este otro vídeo─ que su objetivo no es hacer predicciones exactas, sino «proveer a la gente de una serie de herramientas para pensar sobre el futuro».


 

 

» visto en la web · 4 noviembre, 2014

Meditación, psicología transpersonal

Un par de subrayados de este breve video en donde se entrevista a Manuel Almendro, advirtiéndonos del uso abusivo y equivocado del vocablo “meditación”. Comienza señalando en primer lugar que:

la meditación como relajación es un chiste. La meditación al principio produce una relajación pero después va abriendo ese mundo interior del cual cada persona debe saber qué hacer con él.

para luego matizar el de “psicología transpersonal”:

La psicología transpersonal hoy en día está en entredicho. Bien por el abuso que se está haciendo de la palabra, el abuso que se está haciendo en [el contexto del] mundo de la propia psicología, la filosofía, etcétera … también por la ingenuidad, y también por el infantilismo.

¿De nuevo amarrados a la deriva lingüística de la que hablaba Feyerabend?


 

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